IA en el MAPI

Andrei Golubei creó la IA que permite “conversar” con las máscaras del MAPI desde una aplicación

El desarrollador explicó cómo nació una herramienta que identifica piezas de la colección y amplía la experiencia del visitante. Para Claudio Rama, la solución permite documentar un acervo de más de 950 obras, mientras que Facundo de Almeida destacó la innovación como una vía para acercar el patrimonio al público.

Andrei Golubei, responsable de la integración de inteligencia artificial del MAPI

La incorporación de nuevas tecnologías en los espacios culturales dejó de ser una tendencia para convertirse en una herramienta capaz de transformar la forma en que las personas interactúan con el patrimonio. En ese escenario, el Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) vuelve a marcar un camino en Uruguay con el lanzamiento de una nueva funcionalidad basada en inteligencia artificial que reconoce automáticamente las máscaras de su colección y acerca información al visitante en segundos.

La innovación —financiada por la Fundación de Máscaras Latinoamericanas y la Fundación del MAPI—, forma parte de la aplicación oficial del museo y permite identificar cualquiera de las más de 500 máscaras de la colección de Claudio Rama exhibidas, simplemente enfocándolas con la cámara del teléfono celular.

A partir de ese reconocimiento, el usuario accede a información sobre cada pieza, su procedencia y su contexto cultural, sin necesidad de recurrir a cartelería tradicional.

La aplicación incorpora, además, una propuesta interactiva que compara el rostro del visitante con la máscara que presenta mayor similitud, generando una experiencia lúdica orientada especialmente a niños y familias.

Detrás de ese desarrollo se encuentra Andrei Golubei, ingeniero en sistemas egresado de la ORT que, en diálogo con Diario La R, explicó que el proyecto representa mucho más que una aplicación tecnológica: es una nueva forma de acercar la cultura al público.

La nueva funcionalidad del MAPI permite reconocer las máscaras de la colección mediante la cámara del celular y acceder a información sobre cada pieza.

Un problema con una solución innovadora

El desafío que planteó el MAPI era cómo ofrecer información detallada de una colección integrada por más de 500 máscaras sin invadir las salas con cientos de carteles.

Golubei contó que existían alternativas mucho más simples, como utilizar códigos QR, pero el museo optó por desarrollar una herramienta que integrara inteligencia artificial y reconocimiento de imágenes para enriquecer la experiencia del visitante.

“El museo apostó por la innovación. Venía trabajando desde hace tiempo con proyectos de realidad virtual y otras tecnologías, así que esta iniciativa seguía esa misma línea”, señaló.

Para el desarrollador, el gran desafío de los museos “es dialogar con un visitante que cada vez es más digital, pero sin dejar de poner en el centro a la pieza física”. Para Golubei, este proyecto logra el equilibrio buscado y, además, “demuestra una apuesta muy importante del MAPI en un contexto donde los recursos destinados a la cultura suelen ser limitados”.

Desarrollo y entrenamiento de la IA

Aunque para el visitante la experiencia se reduce a tomar una fotografía con el celular, el desarrollo demandó un largo proceso de documentación y entrenamiento del sistema.

El equipo debió fotografiar cientos de máscaras desde diferentes perspectivas, catalogarlas y construir una base de datos que permitiera enseñar al modelo a reconocer cada pieza aun cuando cambiara la iluminación, la distancia o el ángulo desde el cual fuera capturada.

En esa etapa resultó clave el trabajo conjunto con el MAPI y Claudio Rama, impulsor de la colección, quien colaboró en la organización del material y en la documentación de cada una de las obras. Solo la preparación del inventario digital demandó cientos de horas de trabajo.

Por otro lado, Golubei explicó que el sistema no compara imágenes de forma tradicional, sino que transforma cada fotografía en una representación matemática que funciona como una “huella digital”. A partir de esa información, el modelo identifica cuál es la máscara que presenta mayor similitud con la imagen tomada por el usuario.

Además, aclaró que la aplicación fue diseñada para seguir mejorando con el tiempo. Cuando el reconocimiento no resulta preciso, los visitantes pueden reportarlo y esa información permite volver a entrenar el modelo incorporando nuevas imágenes.

La aplicación del MAPI utiliza inteligencia artificial para identificar máscaras y ampliar la información disponible durante la visita al museo.

“La protagonista tiene que seguir siendo la máscara”

Uno de los aspectos que destaca Golubei es que la herramienta fue concebida para enriquecer la visita al museo, pero nunca para reemplazar el contacto directo con las obras ni el trabajo de los guías.

“La protagonista tiene que seguir siendo la máscara. La tecnología tiene que estar al servicio del arte y no al revés”, sostuvo. Y agregó que “es una herramienta que complementa la experiencia de quienes visitan el museo por su cuenta”.

En ese sentido, aclaró que la aplicación es completamente gratuita, no requiere crear una cuenta ni recopila datos personales de los usuarios.

El desarrollo, además, ya fue concebido con una mirada internacional. La información está disponible en tres idiomas, contemplando el importante flujo de turistas extranjeros que recibe el museo durante todo el año.

Entre las funcionalidades que más llaman la atención aparece una propuesta lúdica que invita a los visitantes a tomarse una fotografía para descubrir con cuál de las máscaras de la colección comparten mayor parecido.

 

Uruguay a la vanguardia

En los últimos años, diferentes museos alrededor del mundo han decidido incorporar inteligencia artificial, realidad aumentada y experiencias inmersivas para poder ampliar las posibilidades de interacción con el público y sus colecciones.

Para Golubei, este proceso ya se encuentra en nuestro país y “el MAPI está a la vanguardia de esta nueva evolución”. Para el ingeniero,  el camino ya comenzó y ahora “hay que seguir recorriéndolo”. A su vez consideró que “no solo los museos tienen que avanzar hacia la digitalización; todo el ámbito cultural debería hacerlo”.

Sin embargo, advierte que uno de los riesgos mas frecuentes cuando se habla de inteligencia artificial es aplicarla únicamente por seguir una tendencia: “No hay que poner inteligencia artificial para todo”, afirmó. “Primero tiene que existir un problema y después encontrar cuál es la herramienta que mejor lo resuelve. La inteligencia artificial es una posibilidad más, no un fin en sí mismo”.

Con esta visión, Golubei adelantó que ya trabaja junto al museo en nuevas funcionalidades dirigidas a fortalecer el trabajo de los guías, aunque prefirió no brindar mayores detalles hasta que el proyecto sea presentado oficialmente.

La Colección de Máscaras Latinoamericanas del MAPI reúne cientos de piezas de distintas culturas y ahora incorpora una experiencia digital para acercar su historia al público.

Una colección de 950 máscaras

La incorporación de esta nueva herramienta tecnológica surgió de un desafío que el MAPI analizaba desde la creación de la Sala Permanente de la Colección de Máscaras Latinoamericanas: cómo brindar información sobre cientos de piezas sin transformar el espacio expositivo en una sucesión de carteles.

El director del museo, Facundo de Almeida, explicó que la incorporación de tecnología responde a una decisión institucional de utilizarla cuando permite resolver una necesidad concreta. “En el MAPI ponemos la tecnología al servicio del museo y no a la inversa. Aplicamos soluciones tecnológicas cuando no podemos resolverlo de otra manera”, afirmó.

En este caso, la dificultad estaba vinculada al volumen de la colección. “Sería materialmente imposible poner 500 epígrafes y mucho menos hacerlo en varios idiomas. De esta forma, a través de la App del MAPI se accede a información de cada una de las piezas”, señaló De Almeida.

El proyecto fue financiado conjuntamente por la Fundación de Máscaras Latinoamericanas y la Fundación MAPI. Para el director del museo, el objetivo final es ampliar el acceso al patrimonio: “Nuestro propósito es innovar para hacer cada vez más accesible la cultura a través de la tecnología”.

Claudio Rama, impulsor de la colección, recordó que la búsqueda de una solución comenzó mucho antes. Desde la instalación de la Sala Permanente se evaluaron distintas alternativas, entre ellas sistemas de audio y códigos QR, aunque estos últimos implicaban incorporar cientos de elementos físicos dentro de la exposición.

“Esta solución permitirá agregar cuanta información y comentarios se quiera, haciendo a la muestra más documentada en una lógica híbrida: presencial y virtual a la vez”, explicó Rama.

Además, señaló que el sistema permitirá acompañar la dinámica de una colección que está en permanente movimiento. Si bien la Sala Permanente reúne unas 500 piezas, el repositorio total supera las 950 máscaras que se rotan y participan en distintas exposiciones. “La idea es que este sistema permita ir agregando o cambiando piezas”, sostuvo.

Para De Almeida, la nueva funcionalidad también suma una dimensión educativa y lúdica. “Además de generar una instancia de juego, permite crear una situación de conocimiento sobre las máscaras y de empatía con otras culturas”, concluyó.

 

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