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Diego Forlán vuelve a la Celeste: la emoción, Suárez y el desafío de reconstruir la selección

La Asociación Uruguaya de Fútbol presentó a Diego Forlán como nuevo entrenador de la selección Sub 20 y técnico interino de la selección absoluta.

 El exgoleador celeste asumirá la conducción de la mayor hasta marzo de 2027, mientras que estará al frente de la Sub 20 durante el proceso del Sudamericano de enero y, en caso de clasificación, del Mundial de la categoría.

La presentación, realizada en el Estadio Centenario, tuvo un fuerte componente emotivo. No fue solamente la llegada de un nuevo entrenador: significó el regreso a la estructura de la selección de uno de los futbolistas más representativos de la historia reciente de Uruguay.

Forlán, de 47 años, llega para ocupar el lugar dejado por Marcelo Bielsa tras la eliminación de Uruguay en la fase de grupos del Mundial 2026. Su designación abre una etapa de transición, aunque sus primeras declaraciones dejaron entrever que no pretende limitarse a administrar el período que desembocará en las elecciones de la AUF previstas para marzo de 2027.

“Es un privilegio enorme”, afirmó Forlán, visiblemente emocionado. “No es la selección, es tu país”. El exdelantero recordó sus primeros pasos con la Celeste y el regreso al Complejo Celeste, donde volvió a encontrarse con funcionarios y trabajadores que ya estaban allí cuando fue convocado por primera vez, en 1999.

La decisión de aceptar el cargo, según explicó, fue inmediata. “En otras circunstancias era un ‘dejame pensarlo’ y en esta ocasión ni lo dudé”, señaló.

La escena familiar también tuvo un peso especial. Pablo Forlán, padre de Diego y una figura histórica del fútbol uruguayo, estuvo presente durante la presentación. Cuando el presidente de la AUF, Ignacio Alonso, entregó a Diego una camiseta con su nombre, Pablo intentó ayudar a sostenerla para la fotografía. “Es tuya, papá”, respondió Diego.

La imagen sintetizó una historia familiar que atraviesa generaciones. Pablo Forlán fue futbolista de la selección y su abuelo, Juan Carlos “Nino” Corazo, también estuvo vinculado a la Celeste como entrenador y fue dos veces campeón de América.

Suárez, una puerta que no está cerrada

Uno de los temas centrales de la conferencia fue la posibilidad de que Luis Suárez vuelva a vestir la camiseta de Uruguay.

El delantero, actualmente en Inter Miami y con 39 años, había dejado abierta esa posibilidad al declarar que jamás le diría que no a la selección si recibiera una convocatoria.

 

“Tengo un cariño enorme con Luis y tenemos mucha confianza”, expresó. Y agregó que el delantero “es seleccionable” y que continúa demostrando su capacidad goleadora.

“¿Por qué no?”, respondió ante la posibilidad de una convocatoria.

La relación entre ambos no es circunstancial. Forlán y Suárez compartieron 58 partidos con Uruguay, incluyendo el Mundial de Sudáfrica 2010 y la Copa América 2011, torneo en el que la Celeste terminó consagrándose campeona.

La eventual vuelta de Suárez, sin embargo, dependerá del proyecto deportivo y de las decisiones que tome el cuerpo técnico en los próximos meses. Por ahora, Forlán dejó claro que la experiencia del máximo goleador histórico de Uruguay sigue siendo un activo que merece ser considerado.

Tabárez como referencia

Otra de las definiciones que marcaron su presentación fue la comparación entre dos modelos de conducción: el de Óscar Washington Tabárez y el de Marcelo Bielsa.

Forlán reconoció sentirse más identificado con el estilo del “Maestro”, especialmente por su forma de relacionarse con los futbolistas y con quienes integran el entorno de la selección.

“Me siento identificado con el maestro, su forma de ser, su don de gente y tratar de poder tener con la gente que trabaja en la selección un buen relacionamiento”, explicó.

La declaración adquiere especial relevancia después de un ciclo de Bielsa que terminó rodeado de cuestionamientos por las dificultades en la relación entre el entrenador argentino y distintos integrantes del plantel.

Forlán parece plantear otra prioridad: recuperar vínculos, generar confianza y reconstruir una identidad colectiva.

No significa necesariamente renunciar a las exigencias deportivas. Pero sí colocar la relación humana en un lugar central.

Valverde, Araujo y los nuevos nombres

El nuevo entrenador también respaldó públicamente a dos referentes de la actual generación: Federico Valverde y Ronald Araujo.

Más allá del rendimiento irregular de Valverde durante el Mundial y de la lesión que impidió a Araujo tener participación en la Copa del Mundo, Forlán considera que ambos continúan siendo piezas importantes para el futuro de la Celeste.

También apareció un nombre propio que el entrenador mencionó espontáneamente: Rodrigo Zalazar.

El volante ofensivo, que desarrolla su carrera en Portugal, fue señalado por Forlán como uno de los futbolistas que merece atención. Su ausencia de minutos durante el Mundial bajo la conducción de Bielsa había generado interrogantes entre los aficionados.

La referencia de Forlán puede ser una señal de que habrá espacio para observar nuevamente a futbolistas que no tuvieron protagonismo en el ciclo anterior.

Dos selecciones, un mismo desafío

El nuevo entrenador tendrá una doble tarea.

Mientras comienza a preparar a la selección absoluta para los amistosos de las próximas fechas FIFA, deberá trabajar con una Sub 20 que tendrá por delante el Sudamericano de enero y la posibilidad de clasificarse al Mundial de la categoría.

La combinación de ambas responsabilidades puede convertirse, al mismo tiempo, en una oportunidad.

Forlán tendrá la posibilidad de observar de cerca a una nueva generación de futbolistas y establecer un puente entre juveniles y mayores. La renovación de la selección no depende solamente de encontrar nombres nuevos, sino de construir una continuidad entre las diferentes categorías.

El desafío será especialmente importante después de un Mundial que terminó antes de lo esperado para Uruguay.

Forlán sabe que su condición de interino limita su horizonte institucional. “Pensar más allá de marzo es difícil. Hay muchas cosas que no dependen de uno”, reconoció.

Pero el fútbol tiene una particularidad: incluso los ciclos concebidos como transitorios pueden adquirir una dinámica propia.

Forlán llega con un enorme capital simbólico. Fue goleador, referente, capitán y protagonista de una de las etapas más exitosas de la Celeste en las últimas décadas. Ahora deberá demostrar que puede trasladar ese liderazgo desde el campo de juego al banco de suplentes.

La nostalgia no alcanza.

El desafío será construir una selección competitiva, recuperar confianza, integrar a las nuevas generaciones y definir qué jugadores representan mejor el futuro de Uruguay.

La era Forlán comenzó con emoción, memoria y una puerta abierta para Suárez.

Ahora comienza la parte más difícil: convertir esa ilusión en fútbol.

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