La democracia uruguaya mantiene niveles de respaldo particularmente altos en comparación con otros países de la región, pero detrás de esa fortaleza institucional comienzan a aparecer algunas señales de alerta. Una de ellas es la distancia entre la valoración del sistema democrático y la satisfacción con sus resultados. Otra es el creciente desencanto con la política y con las instituciones de representación.
En ese escenario trabaja desde hace poco más de dos años +Uruguay, una organización dedicada a la formación y fortalecimiento de liderazgos públicos de todos los partidos políticos, departamentos y generaciones. Su directora ejecutiva, Belén Irigoin, entiende que fortalecer la democracia requiere actuar tanto sobre quienes ejercen responsabilidades públicas como sobre una ciudadanía que debe recuperar su involucramiento.
“Una buena democracia tiene dos cosas: buenos líderes y buenos ciudadanos”, sostiene durante la entrevista con Diario La R. La frase resume buena parte de la filosofía de una organización que nació dentro de la institución Ceres y que posteriormente adquirió independencia jurídica y operativa.
Irigoin es socióloga y está próxima a defender una maestría en políticas públicas. Tiene experiencia en investigación académica y trabajos vinculados a políticas públicas, entre ellos investigaciones realizadas junto a la Universidad Católica, Unicef y otras organizaciones sobre el vínculo de niños y adolescentes con internet.
Hace poco más de un año asumió como directora ejecutiva de +Uruguay, después de haber comenzado allí como coordinadora general.
Una incubadora para todos los partidos
+Uruguay se define como una incubadora de liderazgo público. Su propósito es formar dirigentes políticos de todos los partidos, de todos los departamentos y en diferentes momentos de sus trayectorias: desde liderazgos emergentes hasta candidatos y personas que ya ocupan cargos electivos. La organización surgió a partir de una iniciativa de Seres, que identificó la necesidad de generar un espacio específico para la formación de liderazgos. Con el crecimiento del proyecto se produjo la separación institucional. “Somos una organización independiente, con personalidad jurídica propia y estructura propia. El vínculo con Seres viene por el lado de la incubación de la organización”, explica Irigoin.
El objetivo es trabajar sobre distintas dimensiones del liderazgo. Los programas combinan formación técnica con habilidades consideradas esenciales para el ejercicio de responsabilidades públicas. Allí aparecen el conocimiento institucional, histórico y legal, la formulación y evaluación de políticas públicas, la comunicación y las herramientas vinculadas específicamente al liderazgo.
La propuesta se adapta al momento del ciclo político. Ya hubo programas destinados a candidatos departamentales y municipales, alcaldes, concejales, ediles, diputados y liderazgos emergentes.
El formato también busca generar un elemento que Irigoin considera fundamental: la convivencia entre personas de distintas procedencias políticas y territoriales. Los participantes comienzan con un fin de semana presencial, continúan durante dos o tres meses con clases virtuales dos veces por semana y culminan con otro encuentro presencial.
“Tenemos participantes de todos los partidos políticos y de todos los departamentos del país. Es muy importante esa convivencia para romper la barrera ideológica y territorial y darnos cuenta de que podemos interactuar de persona a persona”, señala. La intención no es eliminar las diferencias políticas, sino generar vínculos que permitan trabajar sobre ellas desde una perspectiva humana.

El desencanto como señal de alerta
La creación de +Uruguay responde también a una preocupación más amplia sobre el estado de las democracias contemporáneas. Irigoin advierte que el mundo atraviesa un proceso de creciente polarización y de debilitamiento de algunas democracias representativas. Uruguay aparece como una excepción positiva por la fortaleza de sus instituciones y de su sistema de partidos, pero eso no significa que esté completamente al margen de esas tendencias. Según datos del Latinobarómetro que menciona la socióloga, ocho de cada diez uruguayos consideran que la democracia es el mejor sistema de gobierno, pero solamente seis de cada diez están satisfechos con sus resultados.
“Esa brecha de 20 puntos es un caldo de cultivo para que empecemos a mirar con buenos ojos otros regímenes”, advierte. También señala que cuatro de cada diez uruguayos apoyarían un sistema de gobierno no democrático si este produjera buenos resultados. A eso se suma que seis de cada diez dicen no sentirse representados por el Parlamento y una proporción similar considera que el sistema político gobierna en función de sus propios intereses. Para Irigoin, esos datos deberían funcionar como señales de advertencia. “Somos la democracia más plena de la región, somos un país de renta alta, con instituciones estables y un sistema de partidos fuertísimo. Todo parece ir bien, pero hay algunas señales de alerta”, sostiene.
La respuesta, a su entender, no pasa solamente por reclamar mejores resultados de los gobiernos, sino también por mejorar la capacidad de los dirigentes para generar resultados y recuperar el vínculo con la ciudadanía.
Para Irigoin, el liderazgo no es únicamente una condición innata. Si bien reconoce que existen personas que tienen naturalmente determinadas habilidades, sostiene que muchas de las capacidades necesarias para ejercer un buen liderazgo pueden desarrollarse. “Creo que el liderazgo se trabaja”, afirma.
Entre las herramientas que pueden fortalecerse mediante formación menciona la capacidad de escucha, la manera de dirigirse a los demás y las competencias técnicas necesarias para comprender los problemas públicos. Eso no significa que un líder tenga que saber de todo. Al contrario, entiende que una de las capacidades centrales de quien ejerce una responsabilidad pública es saber rodearse de las personas adecuadas.
“Un presidente no tiene que saber de todo, pero sí tiene que tener una noción general para poder elegir a los mejores de cada área”, explica. Pero la formación técnica es apenas una parte del liderazgo democrático. Para Irigoin, las características personales tienen una importancia decisiva.
Las cualidades de un buen líder democrático
Irigoin distingue claramente entre liderazgo y liderazgo democrático. Los autoritarismos también pueden construir liderazgos capaces de movilizar personas, pero no responden al modelo que busca promover +Uruguay.
“Nosotros estamos interesados particularmente en el liderazgo democrático”, enfatiza. La democracia, según su mirada, no consiste simplemente en que la mayoría imponga su voluntad. Es, fundamentalmente, una forma de gestionar desacuerdos. “Es gestionar los desacuerdos entre las mayorías, pero integrando siempre a la minoría”, sostiene.
Por eso considera necesarias habilidades de negociación, escucha y construcción de acuerdos. Pero también la capacidad de marcar un rumbo. “Tenemos que tener líderes capaces de marcar rumbo y decir: yo creo que hay que llegar acá; y para llegar acá hay que hacer A, B, C y D, sin perder de vista nunca lo importante por atender lo urgente”, explica.
Otro de los conceptos que atraviesan su visión del liderazgo es la autenticidad. Para Irigoin, una persona no puede sostener en el tiempo un liderazgo basado únicamente en promesas o en decirle a cada ciudadano aquello que quiere escuchar. “Estoy convencida de que la forma para que sea sostenible es hacerlo desde la autenticidad, desde el propósito, decir lo que realmente pienso, ser honesto”, señala.
Eso incluye reconocer los límites de la gestión pública. Un dirigente puede escuchar una demanda y comprometerse a intentar resolverla, pero no necesariamente prometer que podrá hacerlo.
“Hay que escuchar a la gente, pero no decirle ‘te voy a resolver esto’ cuando no puedo”, afirma. A su entender, esa honestidad puede resultar menos atractiva en el corto plazo que el discurso populista, pero termina siendo más sostenible. La cercanía también aparece como una característica histórica del liderazgo uruguayo. Irigoin considera que, más allá de sus diferencias ideológicas, los grandes líderes que tuvo el país compartieron una relación cercana con la ciudadanía.
Una selección plural
Los programas de +Uruguay son gratuitos para los participantes y se financian mediante aportes privados y fondos de organizaciones filantrópicas. La organización funciona como una asociación civil sin fines de lucro. La selección de participantes busca garantizar pluralidad política, territorial, etaria y de género. Además, se evalúa la compatibilidad con los valores democráticos que promueve la organización y el potencial de los postulantes para ejercer responsabilidades públicas. “No queremos admitir una persona que sea antidemocrática”, explica Irigoin. Eso no significa establecer barreras por pertenencia partidaria o ideológica. +Uruguay ha formado personas vinculadas a distintas corrientes políticas, porque el criterio central es la vocación democrática.
El impacto que la organización ha alcanzado hasta ahora es significativo: el 78% de sus graduados ocupa actualmente cargos de liderazgo. Irigoin aclara que algunos ya estaban en cargos electivos cuando participaron de los programas, por lo que la cifra no debe interpretarse como una relación directa entre la formación y la elección electoral.
El objetivo, sostiene, es ampliar el “embudo” de personas capacitadas para asumir responsabilidades públicas.

Las redes no sustituyen la cercanía
Las nuevas tecnologías plantean otro desafío para la construcción de liderazgos. Irigoin, que además investiga académicamente sobre redes y tecnología, considera que las redes sociales pueden ser una herramienta positiva. “No las veo como algo malo en el ámbito del liderazgo; más bien todo lo contrario, creo que son una herramienta de cercanía”, afirma.
Pero advierte que las redes no producen cambios por sí solas. Según la literatura que estudia, tienden a acentuar desigualdades y beneficios que ya existen en el mundo real. También identifica un riesgo asociado al anonimato, que puede facilitar insultos y agresiones. Para la socióloga, las redes deben complementar, y no sustituir, el contacto directo con la ciudadanía.
Formar dirigentes, pero también ciudadanos
A futuro, +Uruguay pretende consolidar los programas existentes, ampliar su alcance y comenzar a trabajar también con la ciudadanía.
Uno de los focos estará puesto en los jóvenes y en la educación cívica. Irigoin considera que existe desconocimiento sobre aspectos básicos del funcionamiento electoral y de las instituciones. “No es decirle a nadie a qué partido tiene que votar”, aclara. Se trata de explicar cómo funciona el sistema, qué se elige en cada instancia y cuál es el papel de las distintas instituciones. Para la directora ejecutiva, esa tarea es tan importante como formar dirigentes. Porque si una democracia necesita buenos líderes, también requiere ciudadanos informados, comprometidos y dispuestos a participar. +Uruguay cuenta actualmente con un equipo estable de cuatro personas, además de docentes y colaboradores externos. El desafío es crecer sin perder la calidad de la propuesta.
“No creo que seamos la receta mágica”, reconoce Irigoin. La formación es solamente una pieza de una ecuación mucho más amplia, que incluye la trayectoria, la militancia, el activismo social y la experiencia de quienes deciden dedicarse al servicio público. Pero entiende que frente al desencanto democrático hay una decisión básica que no puede postergarse: hacer algo en lugar de limitarse a observar el problema. “Detectamos una necesidad y creemos que es mejor hacer algo que quedarse de brazos cruzados quejándose”, resume.

