Uruguay convierte al cannabis en una nueva apuesta exportadora

Más de 45 toneladas de productos derivados salieron del país en 2025 y la industria busca ampliar mercados, atraer inversiones y avanzar hacia productos medicinales de mayor valor agregado.

En 2025 Uruguay exportó 45,06 toneladas de productos derivados del cannabis.

Uruguay intenta consolidar una industria que hace poco más de una década parecía imposible: la producción y exportación regulada de cannabis y sus derivados. El país, pionero en la regulación integral del cannabis desde 2013, está procurando transformar aquella decisión política en una cadena productiva capaz de generar exportaciones, empleo, investigación y nuevas inversiones.

Los números muestran que el sector ya dejó de ser una actividad marginal. Según el último informe sectorial de Uruguay XXI, en 2025 Uruguay exportó 45,06 toneladas de productos derivados del cannabis por aproximadamente US$ 2,62 millones. El volumen casi triplicó las 17,37 toneladas exportadas en 2024 y prácticamente duplicó el registro de 2023.

Sin embargo, el crecimiento del volumen no estuvo acompañado por un aumento equivalente del valor exportado. Esto revela uno de los principales desafíos de la industria: Uruguay necesita avanzar desde la exportación de materias primas hacia productos con mayor valor agregado.

En 2025 la producción de cannabis medicinal alcanzó 28,2 toneladas.

Una industria que se diversifica

El ecosistema nacional comprende actualmente alrededor de un centenar de iniciativas y genera unos 700 puestos de trabajo directos, según Uruguay XXI. Un 66% de esos trabajadores desarrolla sus actividades en el interior del país, un dato relevante para una industria que puede contribuir a la descentralización productiva.     La cadena incluye investigación, producción de semillas, cultivo, industrialización, elaboración de extractos, aceites, aislados, flores y productos medicinales.

En 2025 la producción de cannabis medicinal alcanzó 28,2 toneladas, de las cuales 24,3 toneladas corresponden a cannabis no psicoactivo y 3,9 toneladas a cannabis psicoactivo.

El mapa exportador también demuestra que Uruguay está ingresando en mercados exigentes. Las flores de bajo THC concentraron la mayor parte de los envíos en términos de valor, con Suiza y República Checa como destinos principales. Las flores de alto THC tuvieron como principales mercados a Alemania y Portugal. Mientras tanto, los medicamentos e ingredientes derivados representaron cerca del 17% del valor exportado, con Brasil como principal destino. Las semillas de bajo THC fueron, en cambio, el principal producto por volumen, con más de 34 toneladas exportadas, fundamentalmente hacia Argentina.

Brasil aparece como mercado estratégico

El desarrollo de medicamentos e ingredientes derivados del cannabis puede representar el salto cualitativo que necesita la industria. Brasil constituye uno de los mercados con mayor potencial debido a la dimensión de su población y al desarrollo de la regulación vinculada al cannabis medicinal. Uruguay XXI ha impulsado en 2026 acciones de promoción para mostrar en Brasil las capacidades nacionales en materia de producción medicinal.

El objetivo ya no es solamente vender flores. La apuesta consiste en avanzar hacia ingredientes farmacéuticos, medicamentos, investigación y soluciones de mayor sofisticación tecnológica.

De la regulación a la industria

La historia comenzó en 2013, cuando Uruguay aprobó la regulación integral del mercado de cannabis. Aquella decisión convirtió al país en un caso singular a nivel internacional. Pero la legalización no significó automáticamente la creación de una industria exportadora. Durante los años siguientes fue necesario construir un complejo entramado de licencias, controles sanitarios, trazabilidad, autorizaciones de exportación y exigencias internacionales. La propia experiencia del sector demostró que la burocracia podía convertirse en una limitación para la competitividad. Hoy el desafío es diferente: hacer crecer la industria sin perder el estricto control regulatorio que permite a Uruguay ofrecer garantías a los mercados internacionales.

Las flores de bajo THC concentraron la mayor parte de los envíos en términos de valor, con Suiza y República Checa como destinos principales.

El problema del valor agregado

El dato de 2025 deja una señal que merece atención. Uruguay exportó 45 toneladas, pero obtuvo alrededor de US$ 2,6 millones. El crecimiento físico fue muy superior al crecimiento monetario. Esto significa que buena parte de la expansión se está produciendo en productos cuyo valor unitario es relativamente bajo. La oportunidad está en cambiar la composición de la canasta. Una industria basada fundamentalmente en semillas, biomasa o flores tiene un límite. Una industria capaz de desarrollar medicamentos, principios activos, extractos estandarizados, productos farmacéuticos y tecnologías asociadas puede multiplicar el valor generado. Por eso, la discusión sobre cannabis en Uruguay debería dejar de concentrarse exclusivamente en la producción agrícola. El verdadero debate es industrial.

El país también comienza a construir capacidades científicas alrededor del sector. Uruguay XXI registra actualmente 14 licencias de investigación otorgadas por el IRCCA, ocho correspondientes a empresas privadas y seis a centros públicos de investigación. Además, el Instituto Nacional de Semillas cuenta con más de 40 cultivares nacionales registrados, frente a 11 identificados un año antes. Estos datos muestran que existe una oportunidad para vincular cannabis con universidades, biotecnología, farmacología y desarrollo de nuevos productos. La industria puede convertirse así en un laboratorio para una economía basada en el conocimiento.

Uruguay posee varias ventajas: estabilidad institucional, regulación específica, experiencia exportadora, trazabilidad, conocimiento acumulado y una imagen internacional asociada a la innovación regulatoria. Pero también enfrenta problemas.

El mercado internacional es altamente competitivo. Los requisitos sanitarios son elevados, los costos logísticos pueden afectar la competitividad y las regulaciones de cada país comprador cambian con rapidez. Además, Uruguay compite con productores de mayor escala y con países que están desarrollando rápidamente sus propios mercados medicinales. La industria nacional necesita, por lo tanto, una estrategia de largo plazo.

El Gobierno tiene ante sí la posibilidad de convertir al cannabis en una política de desarrollo productivo y tecnológico. Eso implica coordinar al IRCCA, MSP, MGAP, MIEM, Uruguay XXI, INASE, ANII, Aduanas, universidades y empresas privadas. La meta debería ser pasar de una industria que exporta productos derivados a una plataforma capaz de atraer inversión extranjera, desarrollar propiedad intelectual, generar investigación y vender productos farmacéuticos y biotecnológicos. También existe una dimensión territorial. Si el 66% de los trabajadores del sector ya desarrolla su actividad en el interior, el cannabis puede integrarse a una estrategia más amplia de descentralización económica.

Una apuesta que necesita escala

El cannabis todavía representa una cifra pequeña dentro de las exportaciones totales de Uruguay. Pero medir su importancia únicamente por los dólares actuales sería un error. El verdadero valor está en su potencial. Uruguay ya demostró que puede construir una regulación pionera. Ahora debe demostrar que puede construir una industria competitiva internacionalmente. El desafío será pasar de ser reconocido por haber sido el primer país en regular el cannabis a ser reconocido por producir conocimiento, medicamentos, tecnología y productos de alto valor agregado vinculados a esta industria. El cannabis puede convertirse en una nueva plataforma de exportación uruguaya.Pero para conseguirlo no alcanza con cultivar. Hay que investigar, industrializar, certificar, innovar y conquistar mercados.

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