Hay viajes que comienzan mucho antes de llegar al aeropuerto. El mío comenzó, en realidad, mucho antes de saber que algún día viajaría a China. Comenzó en Cuba, en los años en que estudiaba y empezaba a imaginarme una vida ligada al periodismo. En aquel momento, viajar al otro lado del mundo parecía una posibilidad demasiado lejana, casi perteneciente a esas cosas que uno coloca en una lista de sueños sin saber si alguna vez tendrá la oportunidad de tacharlas.
Llegaré a la República Popular China como parte del programa China International Press Communication Center (CIPCC) impulsado por la Asociación de Diplomacia Pública de China (CPDA), una experiencia que me permitirá durante cuatro meses acercarme a un país que, hasta ahora, había conocido principalmente a través de referencias, experiencias de amigos, y pantallas.
Hay algo particularmente extraño en preparar un viaje así cuando la propia vida también ha sido un viaje. Hace apenas un año que estoy en Uruguay y este tiempo he tenido que aprender una ciudad, acostumbrarme a otras formas de hacer las cosas, construir vínculos y, sobre todo, volver a encontrar mi lugar profesional.
Llegar a Montevideo significó abrir una etapa nueva, pero también cargar con todo lo aprendido antes. Cuba forma parte de esa historia y allí estudié, allí comencé a formarme y allí nació mi interés por contar historias. Y sí, Uruguay es el lugar desde el que ahora las cuento. Y China será, durante los próximos meses, el escenario desde el que intentaré mirar el mundo con otros ojos. Por supuesto de la mano de Diario La R, un equipo que confió y abrazó a esta cubana a pocos días de llegar al país rioplatense.

La noticia de mi selección para el CIPCC llegó como llegan algunas oportunidades, de manera inesperada y con una mezcla de entusiasmo-vértigo y después aparecieron las preguntas. ¿Qué ocurre cuando aquello que durante años has observado desde lejos se convierte en una experiencia? ¿Cómo se cuenta un país cuando uno sabe que apenas está comenzando a conocerlo?. Probablemente no encuentre respuesta inmediata, por eso quiero llegar al gigante asiático con una maleta cargada de preguntas y como periodista, esa diferencia importa.
CIPCC
China suele aparecer en las noticias asociada a grandes cifras, avances tecnológicos, crecimiento económico, infraestructura, comercio internacional, inteligencia artificial o su creciente peso en la política mundial. Todo eso forma parte del país que voy a conocer. Pero hay otra China que no aparece necesariamente en los grandes titulares, y me refiero a lo cotidiano, a sus calles, costumbres, su gente y la construcción del día a día. Es esa parte la que también quiero encontrar.
El CIPCC ofrece precisamente la posibilidad de acercarse a China desde distintos ángulos. El programa reúne a periodistas de diferentes países y permite conocer instituciones, medios de comunicación, universidades, empresas, espacios culturales y lugares que forman parte de la historia y del presente chino.
Diario La R ha estado presente en varias ediciones reportando cada experiencia. Los periodistas que han formado parte de este programa participaron en conmemoraciones de momentos cumbre de la historia china como el desfile conmemorativo por los 80 años de la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa en la Plaza Tiananmen. Además de apreciar a la segunda economía mundial desde varios litorales. Y es esa una de las viabilidades del programa, pues nos dará la posibilidad de visitar varias de sus provincias y poder conocer de primera mano por qué China ya “vive en el futuro”.
Voy a China desde Uruguay, y aun escribiendo estas líneas prefiero llamarle “sueño”. Me encontraré con un destino único donde conviven templos milenarios, naturaleza y una cultura totalmente diferente. Viajar desde Uruguay implica ir hacia el otro lado del planeta para adentrarme en un país que funciona a otro ritmo, donde cada rincón ofrece algo por descubrir.

La expectativa será enorme porque sé que me enfrentaré a ese viaje que promete cambiar por completo mi forma de ver el mundo. Además de poder compartir con otros colegas que al igual que yo dibujaran su ¡así es China! desde sus medios y lograr esa retroalimentación.
Eso es lo interesante de una crónica de viaje, uno parte creyendo que sabe qué va a contar y termina descubriendo que el viaje decide buena parte de la historia. No obstante, antes de llegar, tengo algunas certezas. Sé que recorreré miles de kilómetros, sé que habrá momentos de adaptación y que probablemente algunas cosas me resultarán difíciles de comprender al principio.
Un país de sus dimensiones, con más de mil millones de habitantes y una historia que atraviesa miles de años, necesariamente tiene muchas capas. Y quiero acercarme a ellas sin la pretensión de tener respuestas antes de hacer las preguntas. También me permitirá comprender el lugar que China ocupa hoy en el mundo.
Pues su transformación económica de las últimas décadas modificó no solo su realidad interna, sino también la manera en que se relaciona con otros países. Su presencia en el comercio internacional, sus inversiones en infraestructura, el desarrollo de tecnologías propias y su apuesta por sectores como la inteligencia artificial, las energías renovables y los vehículos eléctricos son parte de un proceso que ha convertido al país en uno de los principales actores de la economía global.
Uruguay-China
Para Uruguay y para América Latina, China se ha convertido en un socio comercial de gran importancia para la región y un mercado que ha adquirido un peso que crece cada vez más en materia de innovación, tecnología, educación y relaciones bilaterales. Esa dimensión también me interesa observar desde China y entender cómo se mira a América Latina desde allí, qué oportunidades existen y cómo se construyen vínculos.
Hay intercambios culturales, científicos y humanos que ayudan a construir una imagen más completa. Durante estos cuatro meses tendré la oportunidad de conocer diferentes realidades dentro de un mismo país. Las provincias, las ciudades, las universidades, las empresas, los medios y los espacios culturales mostrarán probablemente versiones diferentes de China. Y en esa diversidad estará buena parte del aprendizaje.
También llevaré conmigo la mirada de Uruguay porque si hay algo que aprendí es que cambiar de lugar también cambia la manera en que uno observa el mundo. Llegar a China desde Montevideo significa hacerlo desde una sociedad pequeña, ubicada geográficamente muy lejos del gigante asiático, pero cada vez más vinculados a través de la cooperación Sur-Sur. La cual se consolidó formalmente bajo el estatus de Asociación Estratégica Integral, el máximo nivel de vinculación diplomática entre ambas naciones.
El viaje está por comenzar, más de 19 mil kilómetros y horas de vuelo, el primer paisaje detrás de la ventanilla, las primeras palabras en otro idioma y ese instante inevitable en que todo aquello que hasta ahora ha sido expectativa se convierte en realidad.

