El telescopio Nancy Grace Roman, diseñado para escanear el cosmos mil veces más rápido que el Hubble, tiene como objetivo identificar hasta 100.000 nuevos exoplanetas y ofrecer nuevas perspectivas sobre los misterios del universo. Conversamos con Alejandro Rivera, ingeniero aeroespacial con una extensa trayectoria en la NASA, quien ha estado involucrado en este ambicioso proyecto, así como en el Telescopio Espacial James Webb. Nacido en Gijón, España, Alejandro fue influenciado desde joven por su padre ingeniero, quien le inculcó una profunda curiosidad por entender el funcionamiento del mundo. Desde niño, Alejandro mostró un interés particular por la ciencia y la tecnología, lo que llevó a su familia a apoyarlo en su deseo de estudiar ingeniería. Esta pasión lo llevó a la NASA, donde ha trabajado durante más de 26 años. A lo largo de su carrera, ha sido reconocido con prestigiosos premios, como el «Robert H. Goddard Honor Award» y la «Exceptional Engineering Achievement Medal», que destacan su dedicación y contribuciones significativas a la exploración espacial.
El Telescopio Roman: Un proyecto innovador
El telescopio Nancy Grace Roman, anteriormente conocido como WFIRST, representa un logro tecnológico complejo. Rivera describe este proyecto como uno de los más ambiciosos en la historia de la NASA, con un diseño que incluye múltiples estructuras desplegables. Estas estructuras son fundamentales para el funcionamiento del telescopio, que necesita desplegarse en el espacio para comenzar sus observaciones. La responsabilidad principal de Rivera fue asegurar que estas estructuras funcionaran a la perfección en el espacio.
La precisión es crítica en cualquier misión espacial; un fallo, incluso de un grado, podría comprometer la misión por completo. Las estructuras desplegables, como los paneles solares y el parasol, son las que permiten al telescopio operar correctamente. Rivera explica que estas estructuras son a menudo la causa principal de fallos prematuros, lo que hace que su análisis y pruebas sean esenciales. Su trabajo incluyó análisis dinámicos y la realización de pruebas en condiciones de vacío para simular el entorno espacial.
Uno de los momentos más desafiantes de su carrera fue durante la misión del Telescopio Espacial James Webb. Este telescopio, que ha sido descrito como el sucesor del Hubble, fue concebido para explorar las primeras etapas del universo, así como para estudiar la formación de estrellas y planetas. Rivera se enfrentó a numerosos problemas técnicos, desde el análisis de mecanismos de despliegue hasta la resolución de emergencias en tiempo real.
Durante el lanzamiento del Webb, Rivera tuvo que lidiar con un problema crítico relacionado con los sensores de referencia que se utilizan para orientar el telescopio. En cada maniobra de corrección de trayectoria, estos sensores perdían de vista las estrellas, lo que ponía al telescopio en un modo de emergencia. La presión era alta, ya que cada retraso podría resultar en la pérdida de la misión. Rivera utilizó su experiencia y conocimientos para analizar el problema y desarrollar una solución que permitió que el telescopio restableciera su orientación y siguiera funcionando.

Actualmente, Rivera trabaja en GeoXO, un satélite meteorológico que proporcionará observaciones en tiempo real del clima y mejorará las predicciones meteorológicas. Este satélite es parte de la próxima generación de vigilancia geoestacionaria y sustituirá a los actuales satélites GOES. GeoXO permitirá un monitoreo constante del hemisferio occidental, proporcionando imágenes en tiempo real de fenómenos meteorológicos como tormentas y huracanes.
Rivera reconoce que cada avance en la observación espacial tiene un impacto directo en la protección de vidas, especialmente en situaciones climáticas extremas. La meteorología es un campo complejo, y la capacidad de predecir el tiempo con precisión puede marcar la diferencia en la preparación y respuesta ante desastres naturales. La atmósfera es un sistema caótico, donde pequeñas variaciones pueden tener grandes repercusiones. Por eso, mejoras en la observación desde el espacio se traducen en pronósticos más fiables y en una mejor planificación para la mitigación de desastres.

Un legado de colaboración
A lo largo de su carrera, Rivera ha tenido el privilegio de colaborar con personas brillantes y apasionadas. Resalta que el trabajo en equipo es esencial en la ingeniería aeroespacial, donde cada contribución cuenta. La NASA es conocida por su cultura de colaboración, donde ingenieros, científicos y técnicos trabajan juntos para resolver problemas complejos. Rivera menciona que ha aprendido de todos los que lo rodean, desde técnicos hasta premios Nobel de Física, lo que le ha permitido crecer profesionalmente. Aunque su papel puede parecer pequeño en el vasto universo de la astronomía, su dedicación y esfuerzo lo llenan de orgullo. Cada misión en la que ha participado ha sido un esfuerzo colectivo, y aunque los premios y reconocimientos pueden llevar su nombre, el mérito pertenece a todo el equipo. Esta perspectiva de humildad y gratitud es fundamental para Rivera, quien ve su trabajo como una contribución a algo mucho más grande que él mismo. El viaje de Alejandro Rivera a la NASA es un testimonio del poder de la curiosidad y la colaboración en la ciencia. Su trabajo no solo ayuda a desvelar los secretos del universo, sino que también impacta la vida cotidiana de las personas a través de avances en la predicción meteorológica. Con cada misión, la exploración espacial se convierte en un campo más emocionante y lleno de posibilidades.
La pasión de Rivera por la ingeniería y la ciencia sigue siendo una fuente de inspiración. Su historia es un recordatorio de que, aunque el camino puede estar lleno de desafíos, la dedicación y el trabajo en equipo pueden llevar a logros extraordinarios. En un mundo donde la ciencia y la tecnología están en constante evolución, la contribución de ingenieros como Alejandro Rivera será vital para enfrentar los desafíos del futuro y seguir explorando las maravillas del cosmos.


«Pasión por la ingeniería». Sí, claro. Realmente apasionante plantear modelos (físico matemáticos, por supuesto) para resolver un problema práctico, crear prototipos, recoger datos, procesarlos numéricamente y repetir iterativamente hasta lograr algo que funcione para resolver el problema. Realmente apasionante.
¿La teoría? Es demasiado para los «umpa lumpa» de la ciencia, como diría Sheldon Cooper.
Me alegra que Rivera haga telescopios. Podrá ver lo lejos que está todo. Y lo largo que es un año luz. Y lo poco que vivimos. A eso sumas el límite absoluto de la velocidad de la luz, impasable con cualquier tecnología imaginable. Necesitarías «masa negativa» para lograrlo, y nadie sabe lo que eso significa en la realidad.
O sea: vas a ver, con ese telescopio, lo lejos e inalcanzable que está todo. Por eso es tan risible que «nos invadan aliens». No podrían. La magia no existe. Ni para ellos, ni para nosotros. De existir, están tan aislados de todo como nosotros.