Del enunciado a la acción

El desafío de un Frente Amplio antirracista y antipatriarcal.

El VIII Congreso del Frente Amplio denominado Pepe Mujica, es, además de un compromiso por el nombre elegido colectivamente que nos apega a la defensa de las causas de la gente más desposeída. El desafío es convertir las definiciones políticas en voluntad, acuerdos, recursos y transformaciones concretas.

Bajo la consigna “El futuro se construye” una cita del ex presidente José Mujica Cordano, el Congreso del Frente Amplio con la presidencia del compañero Fernando Pereira, constituye una oportunidad para pensar no solamente el país que queremos, sino también la fuerza política que necesitamos para hacerlo posible.

En ese camino, hay un avance que merece destacarse: la incorporación de criterios antirracistas y antipatriarcales, recogiendo planteos que buscan que estas perspectivas no sean acotadas, sino que atraviesen el conjunto de la organización y sus postulados. El agregado propuesto por la Comisión Antirracista del Frente Amplio, expresa una definición política sustantiva. Allí se plantea la necesidad de adaptar las estructuras partidarias a los cambios sociales, promover la participación de los colectivos racializados y asumir la equidad de género como una responsabilidad del conjunto de la fuerza política. También se afirma que el Frente Amplio, habiéndose declarado antirracista, debe avanzar de la declaración a la acción, reconociendo las desigualdades estructurales y la deuda histórica con las comunidades afrodescendientes, indígenas, género y otros colectivos históricamente excluidos, camino a la reparación.

No son asuntos menores.

Hay mayor desigualdad cuando convergen diferentes causas de vulneración social.

Que estas definiciones formen parte del documento político de una fuerza de izquierda que gobierna el país, cuyas prioridades son los sectores de mayor vulnerabilidad, representa una oportunidad para fortalecer las políticas públicas, impulsar legislación, profundizar las acciones afirmativas y avanzar hacia una sociedad más justa.

Conviene decirlo con claridad: incorporar una definición en un documento es un paso importante; lograr que se traduzca al plano concreto y transforme la realidad; es una tarea mucho más compleja. A la hora de bajar a tierra los enunciados, aparecen las dificultades, y no por eso nos vamos a desalentar. Se necesita lograr otros acuerdos, voluntad política, recursos presupuestales, formación y capacitación, mecanismos de seguimiento, responsabilidades institucionales y, sobre todo, la decisión de sostener estos compromisos más allá de las declaraciones en todos sus procesos.

La realidad nos dice que aún la transversalización del antirracismo y el antipatriarcado no se resuelve con una mención en un documento, aunque llegar a esto sea un logro en sí mismo y resultado de mucho trabajo de muchas personas con enorme entrega y militancia. Exige que estas perspectivas están presentes en las decisiones orgánicas, en la planificación, en la formación, en la comunicación, en la elaboración de propuestas legislativas y en la evaluación de las políticas.

También exige preguntarnos quiénes participan de las decisiones, qué voces son escuchadas, qué desigualdades persisten dentro de nuestras propias estructuras y qué hacemos para remover los obstáculos que impiden una participación verdaderamente equitativa. Por eso resulta fundamental la tarea de las compañeras y los compañeros que, desde los distintos ámbitos de trabajo, representación y responsabilidad que la propia fuerza política les ha asignado, permanecen en actividad y siempre con relevos. Desde las bases hasta los espacios de dirección, desde el Legislativo hasta los organismos de gestión de gobierno, desde la formación política hasta la dinámica territorial; hay oportunidades para incidir.

Se trata de asumir que el compromiso antirracista y antipatriarcal debe orientar las decisiones de quienes tienen responsabilidades políticas, cualquiera sea el lugar de trabajo que se ocupe. Esto supone, además, fortalecer el diálogo con las organizaciones sociales, reconocer los aportes de quienes vienen sosteniendo estas luchas desde hace décadas y generar condiciones para que sus demandas no solamente sean escuchadas, sino que encuentren respuestas y continuidad.

En materia de políticas públicas, el desafío es concreto: evaluar a quiénes llegan las medidas de gobierno, qué sucede con las acciones afirmativas, cómo se enfrentan las desigualdades étnico raciales y de género en la educación, el empleo, la vivienda, la infancia y la cultura, y qué mecanismos existen para prevenir y reparar las vulneraciones de derechos humanos. También supone reconocer el racismo religioso y la invisibilización de las memorias afrodescendientes e indígenas como parte de una agenda democrática pendiente.

Nada de esto se alcanza de un día para otro.

Requiere construir acuerdos, formar cuadros políticos, asignar recursos, establecer prioridades y sostener una voluntad colectiva. Precisamente por eso es importante que estos criterios estén documentados: porque ofrecen un fundamento político desde el cual impulsar las transformaciones necesarias y exigir coherencia entre lo que proclamamos y lo que hacemos.

El Congreso no puede resolver por sí solo todas estas dificultades. Pero sí puede establecer orientaciones, compromisos y mandatos que permitan avanzar.

Concluyendo; el proceso no se agota en celebrar que el Frente Amplio se reconoce antirracista y antipatriarcal, sino en continuar con una pregunta decisiva: ¿Qué vamos a hacer desde cada lugar de responsabilidad para que esa definición se vuelva realidad?. La unidad de una fuerza política no consiste en silenciar las diferencias ni en postergar indefinidamente las demandas de quienes históricamente han quedado relegados entre la población relegada. Se construye reconociendo esas desigualdades, habilitando la participación y asumiendo que la justicia social debe alcanzar también a quienes han padecido el racismo, la discriminación y las exclusiones persistentes.

El aporte de la Comisión Antirracista y la incorporación de estos criterios al documento del VIII Congreso con el trabajo sumado de toda la fuerza política progresista, de izquierda y popular, constituye, por tanto, un punto de partida que debemos valorar y profundizar.

No porque la tarea esté cumplida, sino porque abre un gran desafío y una importante oportunidad para hacerla avanzar con nuevos bríos.

Comparte esta nota:

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Últimos artículos de Opinión