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Laparoscopía: la tecnología que cambió la forma de operar

La laparoscopia permite intervenir a través de incisiones de milímetros, con menos sangrado, menos dolor y pacientes que vuelven antes a su casa.

Las pinzas laparoscópicas entran por incisiones de pocos milímetros y el cirujano las maneja desde afuera

Durante más de un siglo, operar el abdomen significó abrirlo. Desde que el alemán Carl Langenbuch extirpó la primera vesícula en Berlín, en 1882, el cirujano necesitaba ver con sus propios ojos y meter las manos, y para eso hacía falta un corte de varios centímetros.

Esa lógica empezó a cambiar el 17 de marzo de 1987 en Lyon, Francia, cuando Philippe Mouret sacó una vesícula guiándose por una pantalla: había conectado una cámara de video al laparoscopio, un tubo óptico que entra por una incisión mínima. Ese gesto, abrió la era de la cirugía de mínima invasión.

La operación no estaba pensada como un hito. Según un artículo histórico difundido por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM), la paciente, una mujer de unos 50 años, iba a una cirugía ginecológica y pidió que aprovecharan para sacarle la vesícula. Mouret, que llevaba 8.000 laparoscopias, lo resolvió sin abrir. Al día siguiente la encontró vestida y lista para irse, reprochándole que no le hubiera operado la vesícula como le había prometido.

El alemán Erich Mühe ya había hecho 94 operaciones de este tipo desde 1985, pero la comunidad médica de su país lo ignoró. En esa época regía en la cirugía general el dogma de “cuanto mayor sea el corte, mejor el cirujano”, recuerda la NLM. El quiebre llegó en 1989, cuando el francés Jacques Perissat proyectó un video de la técnica en un stand apartado de un congreso en Estados Unidos y reunió más público que el auditorio principal. En dos o tres años se volvió parte de la cirugía general, aunque los primeros críticos la habían tildado de cirugía de circo.

 

Un físico detrás del quirófano

Antes de la cámara hubo que resolver un problema de luz y de lentes. Los primeros endoscopios eran tubos rígidos, oscuros y de imagen pobre. El salto llegó con el físico británico Harold Hopkins, que en los años 50 ideó un sistema de varillas de vidrio para transmitir mejor la luz.

De acuerdo con el Real Colegio de Médicos de Londres, los fabricantes no mostraron interés, hasta que en 1963 Karl Storz combinó esas lentes con su sistema de luz fría. Con la fuente de luz fuera del cuerpo bajó el riesgo de quemaduras internas.

 

Pantallas que ven más

Hoy una torre de laparoscopia reúne cámara, fuente de luz, insuflador (que llena el abdomen de gas para crear espacio de trabajo) y monitores 4K, con cuatro veces la resolución del Full HD, o 3D, con anteojos parecidos a los del cine.

Un ensayo de la revista Facts, Views & Vision in ObGyn comparó ambos: ninguno fue más rápido, pero los cirujanos prefirieron el 4K por generar menos molestias visuales. Además, la minilaparoscopia usa instrumentos de 3 milímetros o menos que hacen menos sombra y dejan acercar más la cámara.

El equipo quirúrgico sigue la operación en pantallas de alta definición, sin necesidad de abrir el abdomen.

El cuerpo del cirujano

Con estos cambios, el cirujano dejó de inclinarse sobre la mesa y pasó a trabajar con la vista al frente, en un monitor a la altura de los ojos, mientras sus manos mueven pinzas largas.

Esa relación entre persona y máquina obligó a pensar la ergonomía: altura de pantallas, peso del instrumental, carga visual.

Un estudio difundido por Springer Medicine encontró que, en la operación más compleja analizada, el 3D también redujo la exigencia mental y física del cirujano.

 

Menos días de internación

Para el paciente, el resultado se mide en los días que pasa internado. Los especialistas, destacan una menor pérdida de sangre, menos dolor y menos días de hospital que con la cirugía abierta. También agregan que la internación suele ser de uno a tres días.

El cambio fue tan profundo que, según la NLM, hoy la mayoría de las cirugías abiertas de vesícula son casos que empezaron por laparoscopia y debieron convertirse.

La técnica, también permite realizar cirugías a distancia. En 2001, un cirujano que se encontraba en Nueva York operó a un paciente en Francia, a 6.500 kilómetros.

 

Últimos avances: lo que llega al quirófano

En marzo de 2024, la FDA de Estados Unidos autorizó el da Vinci 5, de Intuitive. Su novedad es un sistema que permite al cirujano percibir la fuerza que ejerce sobre el tejido: en ensayos preclínicos redujo esa presión hasta 43%. Su capacidad de cómputo supera en más de 10.000 veces la del modelo anterior, según la empresa.

En julio de 2025, investigadores de la Universidad Johns Hopkins presentaron un robot guiado por inteligencia artificial que extirpó vesículas en cerdos.

En setiembre de 2025, en la Clínica Las Condes de Santiago de Chile, el cirujano Ricardo Funke operó una vesícula sin ayudante: una cámara 4K guiada por IA siguió sus instrumentos magnéticos y ajustó los ángulos por su cuenta.

El mercado mundial de robots quirúrgicos rondó los 15.600 millones de dólares en 2024 y podría llegar a 64.400 millones en 2034.

 

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