Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) ya no son solo un problema de adolescentes. Una guía del Ministerio de Salud Pública (MSP) y Unicef, publicada en octubre de 2024, advierte que “actualmente ha aumentado su frecuencia en menores de 12 años, incluso con cuadros con gravedad clínica que requieren ingreso hospitalario”.
El documento, dirigido a pediatras y equipos del primer nivel de atención, señala que los más frecuentes son el trastorno por atracón, la bulimia y la anorexia, y que todos “suelen asociar comorbilidad psiquiátrica”, es decir, que aparecen junto a otros problemas de salud mental.
Cuántas personas los padecen en Uruguay no se sabe, el MSP reconoce que se presentan y evolucionan de formas muy distintas, y eso hace difícil registrarlos. Lo que sí hay es una pista. En la Encuesta Mundial de Salud en Estudiantes de 2019, el 3,2% de los adolescentes de 13 a 17 años dijo que en el último mes había vomitado o tomado laxantes para bajar de peso o no subir.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2023 unos 18 millones de personas vivían con un trastorno alimentario, casi 4,7 millones de ellas niños, niñas y adolescentes. El organismo los describe como alteraciones en la forma de comer, con una preocupación constante por la comida y, sobre todo, por el peso y la figura.
Para el MSP, son trastornos psiquiátricos “en los cuales parte de la sintomatología visible son alteraciones de la conducta alimentaria”. Y advierte que son “entidades de muy difícil diagnóstico por su heterogeneidad, por la negación de la enfermedad que suelen presentar los pacientes y el ocultamiento que hacen de los síntomas”.
Quiénes corren más riesgo
Son más frecuentes en mujeres, aunque también afectan a hombres. La guía de 2024 menciona entre los factores de riesgo ser preadolescente o adolescente, ser mujer, tener antecedentes familiares de obesidad o de TCA, practicar actividades como ballet, atletismo, modelaje, danza o gimnasia, y haber vivido situaciones de mucho estrés en los últimos años.

La mortalidad más alta
La depresión, la ansiedad y el consumo de sustancias suelen acompañarlos, según la OMS. La anorexia nerviosa puede llevar a una muerte prematura, por complicaciones médicas o por suicidio, y su tasa de mortalidad supera a la de cualquier otro trastorno mental.
El MSP advierte que, sin un tratamiento adecuado, “los pacientes corren riesgo de vida” y el cuadro “puede cronificarse disminuyendo progresivamente la posibilidad de recuperación y la calidad de vida”.
Qué se puede hacer en casa
La guía da algunas pistas a las familias: comer al menos una comida juntos en casa, facilitar la comunicación, evitar que las conversaciones giren todo el tiempo en torno a la comida y la imagen, y no opinar sobre el cuerpo de niños, niñas y adolescentes. Nada de frases como “estás muy gordo” o “estás muy flaco”.
También enumera señales de alarma, como el adelgazamiento, la pérdida de la menstruación, las actividades para bajar de peso y el ejercicio obsesivo y excesivo.
A los pediatras les pide entrevistar a los chicos a solas, en un clima de confianza, porque “suelen negar la gravedad y minimizar lo que ocurre”. Sugiere preguntas simples como “¿Te gusta cómo eres físicamente?”, “¿Cómo van las cosas en casa?” o “¿Cómo estás de ánimo?”.
El tratamiento no es cosa de un solo médico: requiere un equipo con psiquiatra, psicólogo, nutricionista y pediatra o médico de familia, entre otros. La OMS asegura que “existen tratamientos eficaces”, como el tratamiento de base familiar y la terapia cognitiva.
Si algo llama la atención, el primer paso es pedir hora en la mutualista o en el centro de salud. En momentos de crisis, la Línea Vida (0800 0767 o *0767 desde celulares) atiende gratis, las 24 horas, todos los días del año.

