Al parecer, y más que parecer -ya que es por boca del propio Joaquín Sabina- éste declaró: «ya no soy tan de izquierda porque tengo ojos, oído y cabeza»; agregó también, «el fracaso del comunismo ha sido feroz. La deriva de la izquierda latinoamericana me rompe el corazón, justamente por haber sido tan de izquierdas. Ahora ya no lo soy tanto porque tengo ojos, oídos y cabeza para ver lo que está pasando. Y es muy triste»… como corolario remató: “celebró la aparición “de un héroe extraordinario llamado (Volodímir) Zelenski”…
En fin… digo yo, porque lo pienso y lo practico, que cada uno puede pensar lo que le dé la gana y así es como se debe ser; sin embargo, y parafraseando el nombre de una de sus canciones; que además paradojalmente relata la contradicción del amor y del desamor en un mismo acto, algunas cosas vienen a mi mente. No para responderle al Joaquinito, quién soy yo para hacerlo… porque de pronto basta con lo que le dijo Miguel Ríos, otro exponente de la canción española, de todas las épocas, de esas, donde no era fácil cantar, y menos que menos, expresarse a modo de rock and roll, en esa España cateta; pacata y franquista, que con «el post» de aún muerto el pequeño general, seguía siendo más cínica aún.
Pues entonces dice Miguel Ríos refiriendose a Joaquín Sabina: «Tú dile a un tío que lleva toda la vida poniendo ladrillos en una obra, de los 20 a los 60, que se vuelva burgués. ¿Cómo va a dejar de ser comunista?», en su opinión, «hay que ser comunista siempre, hasta la vejez, toda la vida» y agregó: «Comunista en sentido filosófico de reparto de cosas. O sea, es que yo… veo a la gente sufrir y me conmuevo. Me da un vuelco»… «(me da) un pudor enorme pensar en no sufrir por eso» y que «no puedes tener miles y miles de millones y no acordarte de la gente que duerme al raso una noche de invierno».
Pues bien, dicho esto podría dar por contestado y terminado el asunto. Pero es que por nuestras tierras los mismos diarios de siempre; El País y el Observador al menos; hicieron de las mencionadas declaraciones un título de resalte, puedo entenderlo y no es para menos; a ellos les resulta una maravilla declaraciones con tono de lamento, arrepentimiento y hasta de tufillo converso de algún destacado artista; poeta o figura relevante de la izquierda que diga que «ya no es tan de izquierda».
Yo digo que de izquierda se es siempre y siempre es siempre; a pesar de los traidores; los conversos; los arrepentidos; los resignados y todos los errores que se puedan hacer valer para justificarse. Porque uno es de izquierda aunque el mundo se nos venga a bajo y no por ser acrítico, servil o genuflexo.
Yo he conocido y para mi suerte a muchísimas mujeres y hombres que soportaron las mazmorras; las más inimaginables aberraciones por sus ideas de rebelión ante el estado de las cosas ahora, ayer, en este país en América Latina; en África en Asia en la Europa resistente al nazismo y al fascismo, y es por ellos y por sus ideas que soy de izquierdas porque ser de izquierda es una forma de analizar el mundo y de intentar modificarlo y construirlo a pesar de todos los pesares y de todos los errores.
Yo me imagino que aquella misionera en medio de la mayor orfandad de una selva o en un recóndito lugar del planeta es coherente con el verbo de Cristo a pasar del banco Ambrosiano, de los cardenales pedófilos o de los príncipes de la Iglesia; porque cree en el Reino de los Cielos y cree que es más fácil que un pobre vaya al cielo a que un camello pase por la ojo de una aguja…
De todas formas para mi tranquilidad la obra de Joaquín la tengo en mis mejores consideraciones, pero no quiero pensar que por razón de edad -no lo creo porque conozco muchos viejos revolucionarios que no los ha doblado la historia-, ni que el fisco del gobierno haya reclamado una millonada de euros a pagar, o porque la distancia del confort de chesterfield, el whisky y el puro lo hayan ablandado, o que nuestro amigo Don Joaquín se haya reblandecido en materia de ideas.
En lo que a mi se refiere le pido a Dios y a todos los santos que protegen a los buenos ateos, que cuando llegue a viejo, no me termine convirtiendo en un viejo choto de hablar ligero y apurado.

