CASMU: Fueron por lana y pueden salir esquilados

El fideicomiso, las nuevas condiciones y una pregunta incómoda: ¿quién protege a quienes pusieron su dinero cuando la estructura financiera cambia?.

Hay una frase popular que resume situaciones en las que una operación que parecía atractiva termina teniendo un resultado completamente diferente: “fueron por la lana y salieron esquilados”.

El caso CASMU obliga a preguntarse si algunos de quienes aportaron financiamiento a la institución no están transitando precisamente por ese camino. El problema no es que existan prestamistas, financistas o inversores dispuestos a asumir riesgos. El problema aparece cuando las condiciones bajo las cuales se entregó el dinero dejan de ser las mismas y la estructura financiera diseñada para garantizar su recuperación es modificada.

Y aquí aparece el fideicomiso. Un fideicomiso no es una palabra mágica que garantiza que el dinero volverá a su propietario. Es una estructura jurídica y financiera que debe analizarse en función de sus activos, sus flujos, sus garantías, sus beneficiarios, sus obligaciones y, fundamentalmente, de las condiciones en que fue constituido y posteriormente modificado. Si quienes financiaron CASMU tomaron sus decisiones basándose en una determinada estructura, resulta legítimo preguntarse qué ocurre cuando esa arquitectura financiera cambia.

¿Qué pasa con quienes pusieron el dinero?

La discusión pública sobre el salvataje de CASMU se ha concentrado, comprensiblemente, en la continuidad de la institución, en sus trabajadores, sus médicos, sus usuarios y en el impacto que tendría una eventual crisis sobre el sistema de salud. Pero existe otra dimensión que no puede quedar escondida debajo de la alfombra: los acreedores y financistas que asumieron riesgos confiando en determinadas condiciones financieras.

Porque si el Estado interviene para preservar una institución considerada estratégica, también debería existir claridad sobre el tratamiento que reciben quienes aportaron recursos cuando CASMU necesitaba liquidez.

Quién presta dinero asume un riesgo. Eso es indiscutible. Pero también es indiscutible que quien recibe el dinero asume una obligación.

Si posteriormente la estructura financiera se modifica, corresponde explicar con precisión quién decidió el cambio, por qué se realizó, qué efectos produjo y quién terminó absorbiendo el costo de esa modificación.

No alcanza con decir que hubo una reestructura. Hay que mostrarla. Hay que conocer qué se modificó respecto de la estructura original, cuáles eran las condiciones iniciales, cuáles son las actuales y cómo quedaron posicionados los distintos acreedores. Porque detrás de cada número existen personas, empresas y capitales que confiaron en una determinada operación. Porque si cada crisis termina disolviéndose con una nueva ingeniería financiera, pero nadie explica claramente quién ganó, quién perdió y quién asumió el costo, el problema no desaparece.

Simplemente se traslada.CASMU necesita una solución que no es solo un fideicomiso. Porque al final de esta historia habrá que determinar si los financistas asumieron un riesgo calculado…o si fueron por la lana y terminaron esquilados.

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2 Comentarios

  1. Mas otra vez un excelente editorial de La R.
    Respetar lo pactado deberia ser «sagrado» y el sistema jurídico nacional y el Poder Judicial Nacional su garante bajo la posibilidad de ese poder perder su independencia y hasta su existencia….

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