El presidente de los Estados Unidos Donald Trump acusa a Cuba de alinearse con naciones hostiles, albergar operaciones de inteligencia extranjera y proporcionar refugio a organizaciones terroristas como Hezbolá y Hamás. Una vez más procede a acusaciones sin pruebas. Lo cual no resulta novedoso pues por años sostienen este tipo de propagandas con el único objetivo de ejercer presión, recrudecer medidas impuestas e incrementar el aislamiento político de Cuba.
Hoy recordamos el Memorándum Mallory, (6 de abril de 1960), el mismo estipulaba negar a Cuba dinero y suministros para “provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. ¿Otra declaración de guerra económica?, no hay espacio para dudas. Las declaraciones actuales solo son el complento de una política de larga data destinada al genocidio económico del pueblo cubano.

¿Democracia?, ¿derechos humanos?, ¿seguridad? tras los hechos en Venezuela, son palabras que no incluye en su diccionario. Las actuales amenazas de Estados Unidos a Cuba no son más que castigo, coacción y control imperial. Desde Cuba, los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) condenaron este lunes la nueva escalada del gobierno de Estados Unidos y llamaron a los parlamentarios del mundo a denunciar la política de Washington. Dada la escalada, los legisladores cubanos rechazaron la reciente Orden Ejecutiva del presidente estadounidense, que calificaron como una muestra de la naturaleza criminal de la política de guerra económica con el propósito de “provocar la asfixia del pueblo cubano”.
Este documento fue presentado por la Comisión de Relaciones Internacionales de la Asamblea, el cual respaldó la Declaración del Gobierno Revolucionario del pasado 30 de enero y subrayó que “nuevamente el imperio emplea la mentira y la calumnia como armas para justificar sus pretensiones expansionistas. Pero no lo van a lograr con Cuba”. Asimismo, los parlamentarios afirmaron que Cuba “es un país de paz; jamás ha apoyado acciones terroristas, las cuales denuncia y condena con firmeza”.
Junto a esto, la comisión denunció el carácter extraterritorial de la orden ejecutiva, que establece un sistema arancelario contra países que suministren petróleo a Cuba. Una nueva acción que viola el Derecho Internacional y la soberanía de los Estados lo que atenta contra la estabilidad de la región. Sin dudas un “irrespeto por la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz”.

Por otro lado, el famoso diario mexicano La Jornada catalogó de “imaginaria» la idea de que Cuba representa una amenaza para Estados Unidos, sino simétricamente contraria a la realidad. Afirmando que a lo largo de 12 administraciones presidenciales, ha sido Washington el que ha agredido en forma sistemática al gobierno de la isla.
Por su parte, la mandataria Claudia Sheinbaum aseguró que su nación continuará buscando, mediante vías diplomáticas, el envío de crudo a la isla por razones humanitarias, y desmintió al republicano, quien dijo que pidió a la dignataria dejar de enviar petróleo al país antillano y ella accedió. Según informó la agencia de noticias Prensa Latina el gobierno cubano reiteró este lunes su rechazo absoluto a todas las formas de terrorismo y confirmó su voluntad de colaborar con Estados Unidos y otros países en materia de seguridad regional e internacional.
Mediante declaración oficial, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Mayor de las Antillas enfatizó que Cuba no da cabida, apoyo, financiamiento ni permisividad a grupos terroristas o extremistas. Asimismo, la Cancillería aclaró que eventuales vínculos anteriores con individuos posteriormente designados como terroristas ocurrieron exclusivamente en contextos humanitarios limitados, asociados a procesos de paz reconocidos y por solicitud de los gobiernos involucrados.

También, el texto rechazó toda caracterización de Cuba como amenaza para la seguridad de otras naciones. Además, negó la existencia de bases militares o de inteligencia extranjeras en su territorio. Junto a ello, desmintió cualquier apoyo a actividades hostiles contra terceros países. De igual forma, la declaración enfatizó la disposición cubana a reactivar y ampliar la cooperación bilateral para enfrentar amenazas transnacionales compartidas, sin comprometer en ningún momento la defensa de su soberanía e independencia nacional. Dentro de los asuntos propuestos para la colaboración técnica destacan la lucha antiterrorista, la prevención del lavado de dinero, el combate al narcotráfico. También la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros.
Este enunciado enfatizó en la ratificación de abrir un diálogo respetuoso y recíproco con otros gobiernos, fundamentado en el interés mutuo, el derecho internacional y la búsqueda de resultados concretos. Dejemos un espacio a la historia y recordemos cuando en 1961, Estados Unidos fracasó tras intentar devolver a Cuba el yugo de la dominación y el dominio neocolonial. Un Playa Girón que no debe comprarse. Han transcurrido 65 años y hoy, se pretende repetir una historia que reivindica el derecho imperial de pisotear la soberanía de una nación.
Cuba ha sabido construir su historia, una historia diferente. Cuenta resistencia, cuenta innovación, cuenta el saber sobreponerse a pesar de más de sesenta años impuesto por el gran imperio norteamericano. A pesar de ello, ese pequeño país se levanta como ejemplo de progreso en un contexto global hostil.
La reciente orden ejecutiva de Trump debe encontrar una firme oposición y un claro rechazo tanto en Estados Unidos como a nivel global. El fundamento presentado no es más que una serie de falsedades, que deben contrastarse con los hechos históricos de la Revolución Cubana: su vocación solidaria internacional y su constante dedicación a la dignidad de las personas y al bienestar colectivo.

