El silencio del doctor Leonel Briozzo, subsecretario de Salud, es uno de ellos. Su figura, antes activa, opinante, visible, parece haberse desvanecido de la escena política, y en su lugar queda una incómoda sensación de vacío. ¿Qué pasó con Briozzo? ¿Lo “secuestraron” del mapa político o simplemente eligió el silencio ante la marea ministerial?
Briozzo no es un funcionario más. Médico ginecólogo, exsubsecretario durante la administración del Frente Amplio , referente en temas de salud sexual y reproductiva, y promotor histórico de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, su voz siempre tuvo peso político y técnico. Su retorno al ministerio generó expectativas: se esperaba una gestión firme, progresista y con foco en derechos. Pero en los últimos meses, su nombre desapareció del radar mediático, y su presencia institucional se volvió casi invisible.
En un gobierno donde los equilibrios internos del Frente Amplio se negocian en cada despacho, el caso de Briozzo es un síntoma. El Ministerio de Salud se ha convertido en un territorio donde conviven agendas técnicas, tensiones partidarias y silencios estratégicos. La ministra le ha conferido bajo perfil, pero el bajo perfil de su número dos parece más bien una desaparición política.
¿Hubo diferencias internas? ¿Falta de alineación? ¿O simplemente un desplazamiento discreto, de esos que se resuelven con llamadas sin prensa ni comunicados? En política, las ausencias rara vez son casuales. Y cuando un subsecretario de la talla de Briozzo deja de aparecer, algo se mueve detrás del telón.
El silencio oficial, por ahora, es absoluto. Ninguna declaración, ninguna aclaración. Los rumores —siempre veloces en la salud pública— apuntan a discrepancias con el equipo ministerial y cierta incomodidad por el rumbo administrativo del MSP. No sería la primera vez que la gestión pública convierte a los técnicos en testigos mudos de decisiones que pasan por encima de la evidencia y del sentido común.
El “secuestro” político de Briozzo, si así puede llamarse, es una metáfora de un problema mayor: la pérdida de voces críticas y técnicas en un sistema que cada vez tolera menos la disidencia interna. Cuando la política se vuelve un ecosistema cerrado, la transparencia se convierte en un riesgo y la autonomía profesional en una rareza.
Uruguay necesita más debate en salud, no menos. Necesita funcionarios que discutan, que propongan, que incomoden si hace falta. La salud pública no se fortalece con uniformidad, sino con pluralidad. Y el silencio, cuando se institucionaliza, es una forma de enfermedad.
Hoy el país tiene preguntas sin respuesta: ¿por qué no se escucha a Briozzo? ¿Está marginado, cansado o silenciado? En cualquier caso, el resultado es el mismo: una ausencia que empobrece el debate y revela las grietas del sistema político-sanitario.
En tiempos en que el Ministerio enfrenta desafíos estructurales —falta de recursos, saturación del sistema, conflictos laborales, y una política sanitaria más reactiva que planificada—, perder una voz con experiencia no es una anécdota. Es una señal.


Estan desenterrando a los valores anteriores, y no razonan ,que,danza, es una version mas nueva,de grado 5 , ÿ tal vez no se compare con ustedes , que son los mismos rateros que integran los viejos directorios legendarios rateros y desonestos : el uruguay nececita gente como danza briozo , y. SALLE, y paren de incluir mlandros y fracasados.
El dogmatismo fundamentalista suele generar la necesidad de silencios internos o hipocresías que le dicen sí a cualquier cosa.
Lo sucedido en ASSE, genera una respuesta que a muchos no les agrada nada. Y más si es desde la interna.
Este gobierno, con la falta de liderazgo real que existe desde de la presidencia, ira dejando un tendal de inconsistencias que con el tiempo serán imposible de negar, pagando el justo precio en 2030… si es que la oposición construye una propuesta convincente y creible.