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El convoy que llevó solidaridad al oriente cubano

Allá donde la isla se acaba, encontraron un país que resiste. Setenta brigadistas europeos llevaron su abrazo al oriente cubano.

Activistas de Italia, Francia, Suiza, México y Estados Unidos, fueron recibidos en Santiago de Cuba por representantes del Gobierno provincial y del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.

Hay un instante en que la carretera se estrecha, el asfalto desaparece y el verde de las montañas lo cubre todo. Fue justo ahí, camino a Songo-La Maya, donde los 70 integrantes del segundo convoy europeo de solidaridad con Cuba entendieron que no estaban de visita. Las curvas del oriente los llevaron durante una semana a lugares donde la ayuda no siempre llega, pero donde el recibimiento —aseguran— les devolvió mucho más de lo que fueron a entregar.

El grupo, integrado por activistas de Italia, Francia, Suiza, México y Estados Unidos, fue recibido en Santiago de Cuba por representantes del Gobierno provincial y del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). Odexa Fuentes Medina, coordinadora de programas del Gobierno en la provincia, les agradeció por demostrar, con su presencia, algo que para los brigadistas era ya una convicción: «Cuba no está sola».

Michele Curto, presidente de la Agencia para el Intercambio Cultural y Económico con Cuba (AICE) y coordinador del convoy, explicó así el motor del viaje: «Venimos para refrendar nuestro compromiso con el noble pueblo cubano, que ahora está bajo constantes amenazas». Sus palabras no eran solo las de un activista; Curto preside además la empresa mixta BioCubaCafé, y su vínculo con la isla tiene raíces profundas. «Defender a Cuba ante el asedio yanqui, inaceptable, criminal y genocida, es defendernos a nosotros mismos como seres humanos, como italianos, europeos y ciudadanos del mundo», afirmó ante quienes le daban la bienvenida.

En la primera jornada en tierra santiaguera ocurrió un momento que marcaría el tono de toda la visita. Los brigadistas llegaron a la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, donde los esperaba el rector Abel Tobías Suárez. Él no era un anfitrión cualquiera: durante los días más duros de la pandemia de COVID-19, el doctor Suárez había integrado la brigada médica cubana que atendió a pacientes en la zona roja de Turín, Italia. Allí, varios de los activistas que ahora recorrían el oriente cubano habían sido sus traductores.

El reencuentro fue descrito como un abrazo entre hermanos. Suárez revivió la intensidad de aquellas jornadas y dijo: «Su visita demuestra que no estamos solos en esta batalla y que la solidaridad siempre es capaz de romper el bloqueo»

En la localidad de Matahambre compartieron con estudiantes y profesores de la escuela primaria, a la que donaron materiales.

Lucila Chiesa, parte del comité organizador del convoy, explicó por qué la delegación había elegido alejarse de los circuitos habituales: «Esta delegación quiere acercarse a las comunidades intrincadas de la región, particularmente las cafetaleras, como una oportunidad para tocar con las manos las historias del ejemplo de dignidad y fuerza que dan al mundo también los cubanos de esos lugares» .

A bordo de un ómnibus Girón, los brigadistas enfilaron hacia los municipios de Songo-La Maya y Segundo Frente. La carretera se volvió paisaje, y el paisaje se volvió encuentro.

En la localidad de Matahambre, muy afectada por el huracán Melissa en octubre de 2025, entregaron paneles solares fotovoltaicos para mantener la vitalidad del consultorio médico. Allí mismo compartieron con estudiantes y profesores de la escuela primaria, a la que donaron materiales para el proceso docente, y dejaron medios deportivos para la secundaria básica cercana.

«La fuerza solidaria hacia Cuba en esta hora difícil es el resultado de lo que Cuba ha dado al mundo».

La agenda incluyó el hospital pediátrico Antonio María Veguez, donde entregaron un donativo al sistema de salud santiaguero, y una visita al cementerio patrimonial Santa Ifigenia para rendir tributo a los próceres cubanos

Curto, en su doble condición de coordinador del convoy y director de BioCubaCafé, dedicó tiempo a dialogar con caficultores de la zona, quienes cultivan el grano con prácticas agroecológicas y han sido beneficiados por los nuevos mecanismos aprobados para potenciar este rubro tradicional .

El 25 de abril el convoy llegó a Guantánamo. En la Plaza Mariana Grajales rindieron tributo a la madre de los Maceo. Luego enfilaron hacia Caimanera, municipio limítrofe con la base naval estadounidense. Allí, en el centro mixto de Cayamo, compartieron con niños y educadores. Una brigadista lo resumió así: «La fuerza solidaria hacia Cuba en esta hora difícil es el resultado de lo que Cuba ha dado al mundo». Visitaron también el policlínico local y, más tarde, la escuela primaria de Punta de Maisí, el punto más oriental de la isla. Allá donde Cuba se acaba y empieza el horizonte, los brigadistas guardaron silencio.

El 29 de abril tomaron el tren de regreso a La Habana. Los esperaba el desfile del Primero de Mayo. En el vagón, todavía con el polvo del oriente en la ropa, varios coincidieron en lo mismo: llegaron para dar y las comunidades les devolvieron el gesto con creces. Veintiocho días después del primer convoy, setenta personas de varios países volvieron a demostrar que la solidaridad no necesita grandes discursos. A veces basta con subirse a un ómnibus y dejarse llevar hasta donde termina la isla.

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