El gas como respuesta a la ineptitud

Una salida de espectadores del Campeón del Siglo se convirtió en un operativo policial descontrolado.

Cuando el Estado utiliza la fuerza en un espectáculo público, la primera obligación democrática es explicar por qué. Y cuando esa fuerza incluye gases lacrimógenos en un espacio masivo como el Campeón del Siglo, la pregunta deja de ser solamente policial: pasa a ser política, institucional y profundamente social.

Miles de personas asistieron a una actividad colectiva como lo es un espectáculo deportivo. No fueron a una zona de guerra ni a un operativo antidisturbios. Sin embargo, terminaron expuestas a una situación de tensión y miedo que, según múltiples testimonios, apareció sin una razón clara ni proporcional.

El Ministerio del Interior tiene la responsabilidad de garantizar la seguridad pública. Nadie discute eso. Pero la seguridad no puede convertirse en sinónimo de exceso, improvisación o demostración de poder. Cuando las autoridades actúan sin transparencia, la ciudadanía queda atrapada entre la incertidumbre y el abuso.

El Ministerio Del Interior ha demostrado ya en varias ocasiones la ineptitud de sus funcionarios que comandan estos operativos.

El uso de gases en lugres con gran concentración humana no es un hecho menor. Hay niños, adultos mayores y personas con problemas respiratorios que pueden sufrir consecuencias físicas inmediatas. También existe un impacto emocional colectivo: el mensaje de que cualquier reunión multitudinaria puede transformarse, de un momento a otro, en escenario de represión.

La democracia no se fortalece con uniformes imponiendo. Se fortalece con instituciones que rinden cuentas, protocolos claros y autoridades capaces de actuar con inteligencia antes que con violencia.

Lo ocurrido en el Campeón del Siglo merece una investigación seria y explicaciones públicas. Porque normalizar la desproporción policial es abrir la puerta a un modelo donde la fuerza reemplaza al diálogo y donde la ciudadanía termina acostumbrándose a lo inaceptable.

Un espectáculo público debe dejar recuerdos, no heridas ni miedo.

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5 Comentarios

  1. QUEDA CLARO UNA Y OTRA VEZ QUE ESE MINISTRO ES UN INUTIL….. NI SIQUIERA PUEDE ORGANIZAR LA SALIDA DE UN PARTIDO DE FOOTBALL……LA PROPIA FUERZA POLICIAL PIDE CAMBIOS…….

  2. QUEDA CLARO UNA Y OTRA VEZ QUE ESE EXMINISTRO BEBER ES UN INUTIL COMO EL GUAPO MELLADO….. NI SIQUIERA PUEDE ORGANIZAR LA SALIDA DE UN PARTIDO DE FOOTBALL (EN ENGLISH PORQUE SOY MAMADERA DE LAS RATAS INGLESAS)……LA PROPIA FUERZA POLICIAL PIDE CAMBIOS DE LA LUC…….

  3. La violencia en el fútbol se da en todo el mundo pero no es cuestión de que la Policía Nacional que pagamos todos para defender a la gente en la vía pública esté ocupada en vigilar espectáculos privados donde los responsables son los organizadores
    Debería haber policía Nacional en la calle y adyacencias No pagamos para cuidar particulares en espectáculos particulares ni en predios particulares

    • Hay alguno aspectos que poca gente sabe. O que no tiene en cuenta. En un partido entre dos cuadros chico, la seguridad pública es mínima. Si quieren más agentes, deben pagarlos. Para un partido clásicos, se movilizan alrededor de 1.000 efectivos que no son pagados por Nacional y Peñarol. En todas partes del mundo, al final del partido se retira siempre la parcialidad del equipo visitante o del que tenga visiblemente menos hinchas. En casi todos. En Uruguay no; las hinchadas de Nacional y Peñarol -sus barras en rigor- no quieren esperar y arrasan con la policía. si los hacen esperar. Y la policía lo permite. Fue un papelón, pero la hinchada de Platense estuvo hasta la madrugada a la intemperie porque no los dejaban salir antes. Y no se menciona que varios hinchas de Peñarol esperaban afuera la salida de sus jugadores para insultarlos recriminándoles la eliminación de la Libertadores. Con total impunidad.

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