El indulto de Trump a JOH: La geopolítica de la hipocresía en la guerra contra las drogas

El expresidente hondureño Juan Orlando Hernández (JOH), estaba condenado a 45 años de prisión por narcotráfico,

El indulto concedido por Donald Trump trasciende con creces un gesto de clemencia.

El indulto concedido por Donald Trump trasciende con creces un gesto de clemencia. Es la confirmación más cruda de que la llamada «guerra contra las drogas» ha funcionado, predominantemente, como un instrumento de dominación geopolítica, control ideológico y protección a élites corruptas. El caso de JOH —un aliado clave de Washington durante años— expone la hipocresía de un sistema que criminaliza a los pobres y perdona a los poderosos, siempre que éstos sirvan a intereses estratégicos.

El anuncio, realizado este viernes, a solo dos días de las elecciones presidenciales en Honduras, no fue casual. Trump vinculó explícitamente el indulto con su apoyo al candidato conservador Nasry «Tito» Asfura, del Partido Nacional. «Voten por Tito Asfura para presidente, y felicidades a Juan Orlando Hernández por su próximo indulto», escribió Trump en Truth Social, su plataforma de redes sociales, dejando en evidencia que, en este caso, la justicia es un commodity negociable.

Honduras es el laboratorio del fracaso del prohibicionismo

Este indulto llega en un contexto donde Honduras sigue pagando el costo de décadas de políticas fallidas. Como documenté en mi libro «Prohibicionismo y crimen organizado en América Latina y el Caribe», el golpe de Estado de 2009 contra Manuel Zelaya marcó el inicio de una era de militarización y violencia institucionalizada. Bajo los gobiernos de Porfirio Lobo (2010-2014) y JOH (2014-2022), Honduras se convirtió en un narcoestado, donde políticos, militares y policías colaboraban con carteles como el de Sinaloa. JOH, extraditado y condenado en 2024 por conspirar para importar 400 toneladas de cocaína a EE.UU., es el símbolo de esta alianza perversa.

Pero el problema no es solo JOH. Es un sistema.

Organizaciones como la del pastor Marco Morazán recibieron millones de dólares de narcos para lavar dinero, mientras promovían agendas ultraconservadoras.

En prisiones como Támara, donde en 2023 murieron 46 reos en una masacre, las maras operan con impunidad y complicidad de las autoridades.

En regiones como Bajo Aguán, más de 160 líderes sociales fueron asesinados entre 2009 y 2023 por resistirse al despojo de tierras.

El indulto de Trump no es un error; es la confirmación de que este sistema está diseñado para funcionar así.

Juan Orlando Hernández cuando fue detenido en 2022.

Reacciones: Entre la indignación y la manipulación electoral

El anuncio generó una oleada de rechazo. Salvador Nasralla, candidato del Partido Liberal, apareció en una conferencia de prensa con una camiseta que decía «JOH nunca más», mientras funcionarios del oficialista Partido Libre denunciaron que el indulto es un «mensaje político calculado».

En contraste, la familia de JOH celebró el indulto como un «milagro de Dios», en una escena transmitida en vivo. La esposa de JOH, Ana García, agradeció a Trump por «corregir una injusticia».

Mientras tanto, el fiscal general hondureño, Johel Zelaya, advirtió que, si JOH regresa al país, el Ministerio Público tomará acciones para evitar que el indulto derive en impunidad, ya que sus delitos también son perseguibles en Honduras.

América Latina y el Caribe: Críticas y tensiones geopolíticas

El indulto no solo sacudió a Honduras. Reavivó el debate sobre la doble moral de EE.UU. en la región.

El presidente Gustavo Petro reaccionó con dureza, calificando el indulto como «desmoralizante» para quienes luchan contra el narcotráfico. En un tuit, invitó a Trump a Colombia para «destruir juntos fábricas de cocaína», ironizando sobre la contradicción de un gobierno que mata a sospechosos en el Caribe e indulta a un narcotraficante condenado.

Congresistas demócratas, como Joaquín Castro (Texas), recordaron que JOH fue responsable de la «muerte de innumerables ciudadanos estadounidenses» y cuestionaron la coherencia de Trump.

Más allá de la denuncia: Políticas alternativas que sí funcionan

La solución no está en más indultos selectivos ni en más represión. La evidencia muestra que América Latina necesita desmontar el paradigma prohibicionista y adoptar políticas basadas en evidencia, derechos humanos y reducción de daños. Existen experiencias exitosas que sirven para trazar nuevos rumbos:

  • Regulación Legal del Cannabis:

Uruguay (2013): Fue el primer país del mundo en regular legalmente el mercado de cannabis. El estado controla la producción, distribución y venta, arrebatándole el negocio al narcotráfico. Según un estudio de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República, el mercado ilegal se redujo significativamente, pasando de representar casi la totalidad del consumo a menos del 30% en 2022.

Canadá (2018) y varios estados de EE.UU han demostrado que la regulación genera miles de puestos de trabajo, recauda impuestos millonarios y no conlleva el aumento catastrófico del consumo que predecían los sectores más alarmistas.

  • Reducción de Daños:

Programas de Intercambio de Jeringas y Salas de Consumo Supervisado (Suiza, Portugal, España). En ciudades como Zúrich, luego de enfrentar una crisis de «escena abierta» de drogas en los años 90, implementaron estas medidas. El resultado fue una drástica reducción de las muertes por sobredosis, la transmisión de enfermedades como el VIH/hepatitis C, y la reinserción social de usuarios a través del programa «Heroína Assistida».

Portugal (2001): Al despenalizar la tenencia de todas las drogas para uso personal y redirigir los recursos hacia la salud pública, Portugal logró reducir las muertes por sobredosis en más de un 80% y tiene una de las tasas de consumo problemático más bajas de Europa, según reportes del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EMCDDA).

  • Justicia Restaurativa y Enfoques Comunitarios:

Colombia (Acuerdos de Paz): Aunque en proceso, el componente de justicia restaurativa de la JEP ofrece un camino para abordar la violencia sin recurrir únicamente al encarcelamiento masivo, priorizando la verdad y la reparación para las víctimas.

Programas locales en México y Centroamérica: Iniciativas como «Jóvenes Constructores» en El Salvador trabajan con jóvenes en riesgo de reclutamiento por pandillas, ofreciendo formación laboral y apoyo psicosocial, demostrando que las oportunidades económicas son más efectivas que la mano dura.

Un punto de inflexión necesario

El indulto de JOH es un espejo de la crisis del prohibicionismo y de la subordinación de la justicia a la geopolítica. El mensaje de Trump es claro: «Si eres leal a EE.UU., tus crímenes pueden ser perdonados». Pero este acto también debilita la credibilidad de agencias como la DEA y socava los esfuerzos anticorrupción.

Sin embargo, la respuesta no debe ser la resignación. Debe ser la aceleración de un cambio de rumbo. América Latina tiene en sus manos el conocimiento y las experiencias piloto para liderar una transición hacia políticas de drogas más sensatas y humanas. La tarea es monumental, pero el costo de mantener el status quo—encarnado en la obscena imagen de un narcopolítico indultado—es infinitamente mayor.

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1 Comentario

  1. Sería bueno que el periodista explicará qué podría pasar si se vendiera cocaína en locales abiertos al público El cannabis es una droga blanda pero hay otras que no
    Teorías son teorías pero tenemos que coincidir en qué sería peligroso

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