El río Yí continúa subiendo

La Intendencia de Durazno realiza un seguimiento de la situación.

El río ya había superado la cota de 8 metros.

La Intendencia de Durazno informó que ayer sobre las 17 horas el río Yí estaba en 8,08 metros (medida puente viejo), aumentando a razón de 7 centímetros por hora. Permanecen inundados el camping 33 Orientales y cerrado el puente Ing. Federico Capurro.

También se informó que en el Centro de Integración Barrial Las Higueras se encuentran alojadas seis personas, las que estaban en situación de calle acampando en la ribera del río Yí. En el campamento están recibiendo alimentación y la atención requerida para este tipo de episodios. Se exhortó a la población comprendida en la cota de 9 metros  estar atentos a la evolución de los acontecimientos y la información oficial.

La comuna señaló que el Centro Coordinador de Emergencias Departamental (Cecoed) permanece atento a la evolución de la situación con una guardia las 24 horas, recordando a la población que las oficinas se encuentran actualmente en calle Dr. Emilio Penza N° 943 casi Baltasar Brum. Teléfonos de contacto 43633693-43628461 y por WhatsApp 091315500.

En la zona de Santa Bernardina fue cortada la circulación en los puentes ubicados en calles Adolfo Pastor y Calleri,. Por esta razón la circulación está habilitada por calle Homero Andrade. Se exhortó a la población a no intentar cruzar pasos o caminos inundados, respetar la señalización existente y atender las indicaciones de las autoridades. En caso de tener que abandonar el hogar, no dejar animales atados, no dejar animales sobre los techos, ni encerrados.

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2 Comentarios

  1. Un seguimiento:
    El puente que se inundó fue el de La Charqueada – Cebollatí, inaugurado por el presidente Luis Lacalle Pou en julio de 2023. La obra, sobre el río Cebollatí, conecta Treinta y Tres con Rocha y había sido presentada como “insumergible”, pero en 2024 y 2025 se registraron episodios de anegamiento en sus accesos durante crecidas del río.

    • Tan vieja es la historia de desastres naturales cíclicos en el norte del país como lo es su geografía local.
      Estas historias de inundaciones, sequías, tornados han dejado su huella a través de las distintas generaciones de gente que vive de la producción agropecuaria en las zonas históricamente afectadas.
      Sin embargo las desastrosas experiencias sufridas por gente, animales, plantíos, infraestructura parecen no haberle movido un pelo a nadie en materia de prevención, aparte de un muy limitado grupo de damnificados que tomaron seguros para cubrir aunque fuese parcialmente sus pérdidas.
      Parece que a ningún gobierno, desde que tenemos memoria y es larga, se le ha ocurrido implementar una política de prevención material en la forma de estructuras sólidas y efectivas destinadas a contener los azotes naturales y prevenir de alguna manera o paliar las consecuencias.
      Encima de los seguros –que deberían ser obligatorios aunque los subsidios fuesen mayores– el gobierno debería implementar los estudios correspondientes en todas las zonas históricamente afectadas y gestionar la construcción de canales de desagüe lateral y murallas de contención en los cauces hídricos para prevenir las inundaciones. De la misma manera y en combinación con lo anterior debería implementar la construcción de tanques, de superficie o subterráneos, y con sistemas de regadío extendido, para la acumulación de agua a ser utilizada en épocas de sequía. También debería implementarse el uso de materiales apropiados en zonas de frecuente viento huracanado, así se evitaría que se «volaran las chapas» de los techos en las viviendas de esas zonas.
      Muchos dirán que eso supone una inversión «monstruosa». Y sí, lo es pero se podría ir realizando en etapas y parte de su costo podría salir de inversiones del mismo Banco de Seguros y aportes obligatorios de compañías de seguros que cubran protección de las actividades e industrias rurales, entidades todas que verían aumentados sus ingresos al hacerse obligatoria la toma de seguros, y cuyos capitales aumentarían al disminuir los reclamos, precisamente por las medidas preventivas implementadas en el campo. Es un círculo que cierra solo, el asunto es empezar a trazarlo.
      Las cosas, obviamente, no se hacen de la noche a la mañana ni nadie es un mago de galera proficua, pero en 100 años de inundaciones, sequías y huracanes históricos algo tendría que haberse hecho.
      Las consecuencias son rutinarias y están a la vista, no sólo con pérdidas enormes en lo material sino con casos trágicos en vidas humanas.
      Y la historia muestra también las soluciones dadas, siempre momentáneas y espontáneas que en verdad no solucionan los problemas de fondo y dejan ya entrever que no habrá nada en plaza para cuando «suceda de nuevo» y dejan ya también prescripta la misma receta de lo que viene después –gente sin seguro, pérdidas de cosechas, máquinas, animales, carreteras, viviendas, evacuaciones, tragedias. Las entidades de seguro no pagan al día siguiente, y cuando pagan no cubren todo, y cuando la plata llega más de uno estará más tentado en comparse un «4×4» y en vez de dos tractores que necesita pues comprar uno. Y los que lo han perdido todo dependerán como siempre del músculo siempre generoso de la solidaridad del pueblo uruguayo ¡bendito sea! que rascará los vintenes de su ya pobre bolsillo para ayudar al prójimo en desgracia.
      Ya es hora de que el gobierno de turno haga ALGO positivo y sólido, estructural y eficiente para cubrir una más que imperiosa necesidad de un país sin avanzada industrialización cuya vida, y a pesar de haber ya pasado un cuarto del siglo XXI, aún depende de la producción agropecuaria para su subsistencia y para vender un poco al exterior.
      Doscientos años de vida y seguimos con la trilogía histórica «carnes, lanas y cueros», y a Dios gracias que se inventó la refrigeración, sino algunos estaríamos tal vez tosavía trabajando en los saladeros.
      El país necesita modernizarse, y eso no se verá reflejado en el autito eléctrico que se compró el vecino en 800 mensualidades, sino en lo básico, lo primario de toda civilización, el construir infraestructura para asegurar que los elementos naturales no van a poner un freno al funcionamiento en la producción de lo mínimo que es lo que uno come, donde uno vive y por donde uno circula.
      Cuando eso esté asegurado podemos empezar a crecer para luego prosperar.
      Y tenemos la enorme suerte de no tener volcanes ni terremotos, ni inviernos con 30°C bajo cero, lo cual es una enorme ventaja y debería alentar a las autoridades a empezar a hacer lo que corresponde.
      Es una deuda pública y el pueblo merece que se la paguen.

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