El uruguayo que devolvió la voz al órgano de Notre Dame

Desde Europa, el sanducero Mario D´Amico promueve que cada capital departamental de Uruguay cuente con un órgano.

Mario D’Amico, organero y armonizador nacido en Paysandú.

El incendio que devastó la catedral de Notre Dame de París el 15 de abril de 2019 conmocionó al mundo. Las imágenes de la aguja desplomándose entre llamas recorrieron el planeta como un símbolo de pérdida patrimonial irreparable. Sin embargo, en medio de la catástrofe, uno de los tesoros más valiosos del templo —el gran órgano construido en 1733— logró sobrevivir. En el complejo y prolongado proceso de recuperación de ese instrumento estuvo involucrado un uruguayo: Mario D’Amico, organero y armonizador nacido en Paysandú, con más de dos décadas de experiencia internacional. Semanas atrás, el gobierno de Francia le hizo entrega de la medalla de Chevalier de la Orden Nacional del Mérito por el trabajo realizado.

Casi un año después de la reapertura de Notre Dame, D’Amico relató al Diario La R cómo fue el trabajo para “despertar” nuevamente al órgano de más de 8.000 tubos y devolverle su sonoridad original, tras una restauración que combinó protocolos científicos estrictos, técnicas artesanales centenarias y una logística inédita por la magnitud del proyecto.

D’Amico se define como organero, término que engloba a todos los especialistas involucrados en la construcción y restauración de órganos: carpintería, metalurgia de tubos, trabajo en cuero, diseño y mecánica. Su especialidad es la armonización, es decir, el ajuste fino del sonido de cada tubo en relación con la acústica del edificio que lo alberga. “Un órgano no es un instrumento en serie, es una máquina única”, explica.

Su vínculo con este mundo comenzó temprano. A los 10 u 11 años, escuchando música de Johann Sebastian Bach interpretada en el órgano de la Basílica de Paysandú, descubrió una vocación que marcaría su vida. Aunque en el interior del país solo era posible estudiar piano, a los 16 años comenzó a colaborar en la restauración del órgano de esa basílica junto a técnicos alemanes. A los 19 emigró a Europa y se formó en Alemania, la cuna de la organería, integrando luego durante dos décadas el prestigioso taller de Gerhard Grenzing, con sede en Barcelona.

Desde allí participó en proyectos emblemáticos en la Catedral de Bruselas, el Palau de la Música Catalana, la Catedral de Sevilla, Toledo, Madrid, Bogotá, México y Japón, entre otros. En 2018 se trasladó a Francia para dirigir un taller especializado, apenas un año antes del incendio de Notre Dame.

Tras el siniestro, la prioridad fue rescatar el órgano ante el riesgo de derrumbe del edificio. El instrumento fue desmontado por completo y trasladado en contenedores a un lugar confidencial. Si bien no sufrió daños estructurales ni por el agua, quedó cubierto por polvo tóxico de plomo, consecuencia de las 400 toneladas de plomo del techo volatilizadas por el fuego, lo que obligó a una descontaminación total del instrumento. El proceso incluyó el desarme de los 8.000 tubos, la limpieza con técnicas electrostáticas, el recambio de cueros y la restauración integral de mecanismos.

La obra fue ejecutada por un consorcio de tres empresas francesas, con unos 40 técnicos especializados que dividieron el instrumento en tres partes y trasladaron a lugares secretos en una operación logística y de inteligencia que no se veía desde la 2ª Guerra Mundial. El armado final demandó seis meses y otros seis de armonización, ajustando uno por uno los tubos a la nueva acústica del templo, modificada tras la limpieza completa de bóvedas y muros. El órgano volvió a sonar públicamente en octubre de 2024, pocos días antes de la reapertura oficial de la catedral el 8 de diciembre. D´Amico destacó que la reconstrucción de la catedral hubiera insumido alrededor de dos décadas de trabajo pero el gobierno francés estableció un régimen intensivo que permitió cumplir con su cometido en un plazo de cinco años. La reconstrucción fue una operación masiva liderada por el General del Ejército Francés Jean-Louis Georgelin que contó con la colaboración público-privada, combinando técnicas ancestrales con tecnología moderna, involucrando a cientos de artesanos y empresas para cumplir el ambicioso plazo, logrando la reapertura en 2024. Se usaron más de 2,000 árboles de roble para el tejado, se restauraron vidrieras y órganos, y se integraron sistemas de seguridad, todo bajo estricta supervisión para devolver a la catedral su esplendor original. La restauración de la costó alrededor de 700 millones de euros (aproximadamente 770 millones de dólares), financiada casi en su totalidad por más de 340,000 donantes, con un total recaudado de 846 millones de euros. Estos fondos cubrieron la reconstrucción tras el incendio de 2019, incluyendo la aguja, el techo y el interior, y se resolvió que el excedente se usará para futuras fases de restauración.

Además de su trabajo internacional, D’Amico impulsa un proyecto personal en Uruguay: lograr que cada capital departamental cuente al menos con un órgano y un clave al servicio de la enseñanza musical. “No es un proyecto religioso, es pedagógico y cultural”, subraya. En Salto, ese objetivo ya se concretó con la instalación del órgano más grande actualmente en funcionamiento en el país, donado por una iglesia suiza y destinado tanto a conciertos como a formación musical.

Otros departamentos como Rocha, Paysandú, San José y Colonia están incluidos en la iniciativa, aunque no sin dificultades. La falta de apoyo institucional y los obstáculos administrativos han demorado la llegada e instalación de varios instrumentos, pese a tratarse de donaciones exoneradas de impuestos.

Para D’Amico, la preservación y difusión de estos instrumentos es también una forma de recuperar una parte de la historia cultural del país. “Uruguay es el resultado de múltiples tradiciones. La música de teclado forma parte de ese legado, y poner estos instrumentos al servicio de la educación es una inversión cultural a largo plazo”, sostiene.

Un incendio que devastó la catedral de Notre Dame de París el 15 de abril de 2019.

Órganos en el puerto

Cinco órganos históricos destinados a proyectos educativos y culturales permanecen retenidos en el puerto de Montevideo, a la espera de autorizaciones administrativas para su ingreso definitivo al país. Los instrumentos, procedentes de Suiza, llegaron a Uruguay a fines de octubre de 2025 y están almacenados en contenedores y pallets en depósitos portuarios.

Según explicó Mario D’Amico, cuatro de los órganos fueron donados por él mismo al país para ser instalados en conservatorios y centros de formación musical de Salto, Paysandú y San José, mientras que el quinto está destinado a una iglesia de Rocha, en coordinación con el obispado de Maldonado. Todos los instrumentos están amparados por exoneraciones impositivas al tratarse de bienes culturales con fines pedagógicos.

Sin embargo, los trámites se encuentran demorados en el ámbito del Ministerio de Industria, que ha solicitado inspecciones técnicas sobre supuestos componentes electrónicos. D’Amico sostiene que se trata de instrumentos de viento, construidos principalmente con madera, metal y cuero, sin sistemas electrónicos complejos. Mientras tanto, los costos de estadía en puerto continúan acumulándose.

La Intendencia de Salto y autoridades departamentales han realizado gestiones para destrabar la situación, sin resultados concretos hasta el momento. A su vez, desde el Ministerio de Educación y Cultura no se habría asumido la gestión del ingreso, al considerar que los instrumentos tienen un vínculo religioso, pese a su destino educativo.

Además de estos cinco órganos, otro instrumento de relevancia histórica —gemelo del segundo órgano de coro de Notre Dame de París, construido hacia 1870— permanece desde hace tres años en Colonia, a la espera de un acuerdo, entre los propietarios y un sacerdote, para su instalación en una parroquia. Especialistas señalan que se trata de una oportunidad única para fortalecer la formación musical y el patrimonio cultural del país, actualmente detenida por trabas burocráticas.

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1 Comentario

  1. que todos esos òrganos estén retenidos en el puerto de Montevideo, después de tanto tiempo, muestran la absoluta mediocridad de los representantes de la cultura en Uruguay !!

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