Investigaciones sostienen que la interacción con animales activa respuestas neuroquímicas específicas como el aumento de liberación de oxitocina, más conocida como “hormona del amor”. Por otro lado, tiende a reducir los niveles de cortisol, que no es más que la “hormona del estrés”. Según datos arrojados por el Laboratorio de Investigación en Antrozoología de Buenos Aires sugieren que esta respuesta fisiológica puede lograr bienestar en el organismo. Esto esencialmente en personas que enfrentan trastornos emocionales como ansiedad y depresión.
Asimismo, especialistas señalan que los beneficios podrían extenderse a la salud física. En este caso se hace referencia a que los dueños de mascotas deben mantener a diario altos niveles de actividad física a través de las caminatas al sacar a pasear a su compañero. Esto contribuye a la mejora cardiovascular y establece hábitos saludables duraderos.

De igual forma, las mascotas podrían contribuir significativamente a estructurar la rutina diaria, especialmente en personas que enfrentan desafíos emocionales. Muchos investigadores mantienen la hipótesis que, al cuidar de un animal, se establecería un propósito diario que podría reducir la sensación de aislamiento y desamparo.
Por otro lado, se considera que los animales actuarían como facilitadores sociales, lo que ayuda de manera potencial la interacción entre personas. En este caso se hace énfasis en los niños que presentan dificultades de socialización. Como por ejemplo, los perros y gatos funcionan como puentes para conectar con otros compañeros de juego. También, al contar con una mascota habría un acercamiento a entornos naturales y a la vez ayudaría a reducir la presión social, lo que sugiere el fortalecimiento de la autoestima por medio de experiencias positivas en espacios públicos.
Los especialistas indican que este vínculo podría desarrollar habilidades fundamentales como la empatía y la responsabilidad. Las observaciones señalan que aprender a interpretar las emociones del animal y mantener un compromiso con su cuidado podría fortalecer la autoconfianza y desarrollar la sensibilidad emocional.

Estas capacidades podrían transferirse naturalmente a las relaciones humanas, mejorando la calidad de las interacciones sociales en diferentes contextos de la vida. Además, en el ámbito familiar, la convivencia con animales podría contribuir a crear un ambiente más estable y emocionalmente nutritivo. Esta dinámica tiende a beneficiar a todos los miembros del hogar, creando un entorno propicio para el desarrollo social.
Los avances en el estudio de la interacción humano-animal han abierto nuevos horizontes en el campo terapéutico. Mientras las mascotas ofrecen beneficios significativos en el ámbito doméstico, las terapias asistidas con animales representan un paso más allá en la aplicación sistemática de este vínculo.
Si bien existen muchas opciones para el cuidado emocional (terapia, medicación, atención plena), un aliado poderoso y a menudo subestimado en este ámbito es un animal de compañía. Ya sea un perro, un gato, un conejo o incluso un pájaro, las mascotas pueden desempeñar un papel crucial en el bienestar emocional. Hoy en día, las mascotas son compañeros, miembros de la familia. Uno de los mayores desafíos que enfrentan las personas durante períodos de mala salud mental es estar solos, y las mascotas ayudan a cerrar esa brecha.
Muchos dueños de mascotas informan que sus animales parecen percibir sus emociones. Si bien las mascotas pueden no comprender la tristeza o la ansiedad como los humanos, si suelen responder a señales en el lenguaje corporal. Se ha demostrado que acariciar a una mascota reduce la frecuencia cardíaca y la presión arterial. En entornos más formales, la Terapia Asistida por Animales (TAA) está ganando terreno. En este enfoque estructurado, se utilizan animales entrenados junto con profesionales de la salud mental para apoyar los objetivos del tratamiento.

