Entrevista a Alexander Shchetinin, representante de Rusia para América Latina y el Caribe

Con las autoridades de la Cancillería abordamos temas de cooperación bilateral, cuestiones internacionales y el contexto regional latinoamericano.

A lo largo de más de una hora de conversación, el diplomático ruso abordó el presente regional, el papel de Uruguay en el escenario latinoamericano, la proyección del vínculo Rusia–América Latina y los desafíos de un mundo que, según su visión, avanza hacia una configuración multipolar.

Para comenzar, ¿cuál fue el objetivo de su misión en Uruguay y qué actividades desarrolló durante la jornada?

Esta visita tuvo como propósito principal dialogar con socios y amigos en la República Oriental del Uruguay. Mantuvimos reuniones en la Cancillería, en el Parlamento y también aprovechamos el estatus de Montevideo como ciudad sede de la Secretaría General de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

Con las autoridades de la Cancillería abordamos temas de cooperación bilateral, cuestiones internacionales y el contexto regional latinoamericano. Fue un intercambio abierto y constructivo. Con senadores uruguayos discutimos cómo, desde el Parlamento, se puede respaldar y complementar los esfuerzos de los poderes ejecutivos de nuestros gobiernos.

En el ámbito de ALADI mantuvimos una conversación particularmente interesante sobre las tendencias actuales de América Latina. Intercambiamos opiniones acerca de la posibilidad de activar un diálogo más estructurado entre su Secretaría General y la Cancillería de Rusia, así como explorar contactos entre ALADI y la Unión Económica Euroasiática. Creemos que existen oportunidades prácticas que pueden ser desarrolladas en beneficio mutuo.

América Latina vive un momento complejo, tanto en lo político como en lo económico. ¿Cómo observa usted estructuralmente al continente?

La situación regional ha cambiado de manera bastante dramática en los últimos años. Somos realistas: vivimos en un mundo con múltiples actores extrarregionales que inciden en América Latina, cada uno con sus propios intereses y agendas.

Para nosotros es fundamental promover vínculos con América Latina que fortalezcan su carácter autónomo, independiente y soberano. Consideramos que se trata de una región con enorme potencial, con recursos humanos y naturales significativos, y con capacidad para desarrollar un crecimiento económico dinámico si logra consolidar su estabilidad y su visión estratégica.

Las tendencias políticas son diversas. Existen gobiernos con orientaciones distintas, lo cual es natural en una región tan amplia que incluye no sólo América del Sur, sino también Centroamérica y el Caribe. Esa diversidad puede generar interrogantes sobre la unidad regional.

En ese sentido, organismos como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) han promovido el concepto de “unidad en la diversidad”. Consideramos que es un principio universal, impulsado por los propios latinoamericanos, y que puede servir como base para fortalecer la cooperación regional sin negar las diferencias.

Uruguay asumirá la presidencia pro témpore de la CELAC. ¿Qué expectativas tiene Rusia respecto a ese papel?

—Esa es, ante todo, una cuestión que corresponde definir a la propia presidencia pro témpore. Uruguay tiene su tradición diplomática, su visión multilateralista y su manera de actuar en el escenario internacional. Nosotros valoramos su enfoque pragmático y equilibrado.

Reiteramos nuestro sincero deseo de restablecer y profundizar el diálogo histórico entre Rusia y la CELAC. Estamos dispuestos a trabajar en una agenda renovada, adaptada a las realidades actuales, y a colaborar con Uruguay en el formato que resulte más conveniente para nuestros socios latinoamericanos.

Creemos que América Latina debe constituirse en un polo importante dentro del mundo multipolar que se está configurando. Sin la voz latinoamericana sería difícil construir un equilibrio verdaderamente representativo del mundo contemporáneo. Pero cuál será esa voz, cómo se articulará y cuáles serán sus prioridades, es algo que depende exclusivamente de los propios latinoamericanos.

Desde su experiencia, ¿cuáles son los tres ejes prioritarios para fortalecer la relación Rusia–América Latina?

En primer lugar, mantener un diálogo vivo y continuo. Escucharnos mutuamente, comprender las prioridades que están en proceso de cambio, pero también identificar las constantes y los intereses recíprocos que permanecen.

En segundo lugar, profundizar la cooperación económico-comercial. Sabemos que el contexto internacional presenta dificultades: restricciones financieras, desafíos logísticos, tensiones geopolíticas. Sin embargo, existe interés en sectores como el agrícola, el tecnológico, el energético y el transporte. La tarea es encontrar mecanismos eficaces que permitan desarrollar esos vínculos en las circunstancias actuales.

Y en tercer lugar, el componente cultural. A veces se subestima, pero es fundamental. Nuestras naciones son afines en muchos aspectos de su percepción del mundo y de su herencia cultural. Ha existido una interacción profunda entre las culturas latinoamericanas y la cultura rusa.

El tango es un ejemplo interesante. Tuvo influencias que llegaron al sur de Rusia y luego regresó en los años 30 como fenómeno propio, dando lugar al llamado “tango ruso”. Incluso piezas emblemáticas como “El Choclo” cuentan con versiones en ruso que forman parte de nuestra tradición musical.

Esa interacción demuestra que la relación va más allá de lo político o lo comercial. Existe un interés genuino por conocernos más: en la música, en la literatura, en el deporte —incluido el fútbol— y en múltiples ámbitos. Las relaciones son mucho más multifacéticas de lo que a veces se percibe.

 

En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas, ¿qué rol cree que puede desempeñar América Latina?

América Latina tiene la posibilidad de consolidarse como un actor con voz propia. No se trata de alineamientos automáticos ni de reproducir esquemas de confrontación. Se trata de fortalecer su capacidad de decisión autónoma, de defender sus intereses y de participar activamente en la construcción de un orden internacional más equilibrado.

Nosotros pensamos que sin América Latina sería imposible construir un mundo verdaderamente multipolar. Pero reitero: el camino que elija la región depende de sus propios pueblos y gobiernos.

Para finalizar, ¿qué mensaje desea transmitir al pueblo uruguayo?

Nuestro mensaje es sencillo y sincero: Rusia es un país amigo. Tenemos el corazón abierto y el firme deseo de continuar la cooperación, el diálogo y, sobre todo, la amistad.

En Rusia, todos los uruguayos encontrarán hospitalidad y respeto. Valoramos profundamente la relación con Uruguay y confiamos en que seguirá desarrollándose en múltiples dimensiones.

Muchas gracias por este espacio y por la calidez con la que siempre somos recibidos. Seguimos trabajando juntos.

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