Elegir un único producto como “mi pieza del año” no ha sido fácil. Probé dispositivos premium, periféricos de alta gama y accesorios que prometían experiencias espectaculares, pero en un contexto en el que cada dólar cuenta, muchos no lograron deslumbrarme. Y aunque los premios oficiales reconocen grandes innovaciones, mi selección personal va por otro camino.
Podría haber sido el Razer Kraken Kitty V3 Pro, unos auriculares que combinan estética llamativa con audio de gran nivel. O el Be Quiet! Light Mount, uno de los teclados más silenciosos y agradables que hemos probado. Pero no: mi elección terminó siendo algo mucho más modesto.
Se trata del 8BitDo Ultimate 2C, un mando inalámbrico que se puede conseguir por menos de 30 dólares o 25 libras. Y sí, confieso que hubo un detalle decisivo: viene en un tono de morado perfecto.
Alguien podría recordar que también analicé mandos “Pro” que cuestan seis o siete veces más —como el Scuf Valor Pro o el Razer Raiju V3 Pro—, ambos excelentes en lo técnico. Sin embargo, decidí no quedarme con ninguno y comprar por mi cuenta este modelo económico, alentada además por colegas fanáticos del hardware.
Y descubrí que el Ultimate 2C ofrece algo que aquellos controladores caros no: personalidad… y un precio increíblemente razonable.
Es cierto que el GameSir Nova Lite, nuestra recomendación como mejor mando económico del año, cuesta incluso cinco dólares menos y presume de un color llamado “Morado Oscuro”. Pero, siendo sinceros, se acerca más al azul marino. En cambio, el 8BitDo luce un lila brillante que combina perfecto con el resto de mis periféricos.
Más allá del aspecto, el mando tiene varios puntos fuertes. Por esos pocos dólares extra incluye dos botones adicionales programables (R4 y L4) en la parte superior, que amplían las opciones de control.
Además, tanto los gatillos como los joysticks y botones principales utilizan tecnología de efecto Hall, lo que ayuda a reducir el temido “drift” del joystick. Para un dispositivo de 30 dólares, no está nada mal.
Ahora bien, no todo es perfecto. Al apretar con fuerza, el plástico revela su naturaleza económica, algo que también ocurre con el GameSir. No es frágil, pero deja claro que estamos ante un producto pensado para ajustar costos.
Aun así, durante todo el año no tuve mayores problemas con él, incluso jugando títulos exigentes —quizá con la excepción de Labyrinth of the Demon King, cuya banda sonora hace que cueste soltar el mando.

