El trabajo en plataformas llegó para quedarse, pero en Uruguay, según Favio Riveron, integrante del Secretariado y de la Dirección Nacional de FUECYS, todavía no se ha logrado garantizar el trabajo decente para quienes reparten pedidos, transportan personas o realizan tareas mediadas por aplicaciones. Riveron participó el año pasado en la delegación del PIT-CNT que asistió a la Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, donde se discutió el recién aprobado “convenio histórico” sobre trabajo decente en la economía de plataformas. En diálogo con Diario La R, Riveron analiza los alcances de ese documento, las falencias de la ley uruguaya y los desafíos que plantea la automatización y la inteligencia artificial en el trabajo.
El trabajo decente en plataformas
Riveron explica que el concepto de trabajo decente en plataformas, desde la perspectiva de la OIT, es mucho más abarcativo que el que se manejó en Uruguay. «No solamente referido al transporte de paquetes o traslado de personas como se refirió en nuestro país, va mucho más allá de eso», señala. La ley local enfatizó sectores, pero el convenio de la OIT no hace referencia a ningún sector específico, lo que abre la puerta a una regulación más amplia.

Bajo la perspectiva de la OIT lo que definió como trabajo decente hace ya varios años es que «independientemente de la forma en la que yo realice la tarea para la cual estoy contratado, el trabajo decente debe estar asegurado», afirma Riveron. Sin embargo, en Uruguay eso no ocurre. Según datos que maneja el sindicato, hay trabajadores que, por la cantidad de horas que terminan realizando, están por debajo del salario mínimo nacional. La desprotección es generalizada tanto en materia de seguridad social, accidentes laborales como en la jubilación.
Riveron saluda la adopción del convenio, pero advierte que abre un desafío para Uruguay y es cómo ratificarlo y cómo hacerlo compatible con la ley vigente. «El convenio es bastante más estricto en lo que tiene que ver con los controles, los alcances, en lo que tiene que ver con trabajo decente y sobre todo en la protección social», sostiene. Además, establece que las empresas deben hacerse cargo de una cuota parte de la seguridad social, mientras que la ley uruguaya deja esa responsabilidad casi exclusivamente al Estado.
El directivo de FUECYS plantea que el convenio obliga a Uruguay a repensar su enfoque, especialmente porque la ley actual solo cubre dos áreas y deja por fuera muchos otros tipos de trabajo en plataformas. «Uruguay ya tiene una ley pero solamente abarca dos áreas, cuando el convenio de la OIT es bastante amplio», explica. Eso, a su juicio, va a exigir un debate interno para adecuar la normativa local.

Transparencia algorítmica y el control de los trabajadores
Uno de los puntos centrales que Riveron destaca es la falta de transparencia algorítmica, en referencia exclusiva a la empresa de deliverys PedidoYa. A pesar de que la ley uruguaya la exige, no se está cumpliendo. «La empresa no ha arrojado hacia los trabajadores la transparencia algorítmica que la ley establece», denuncia. Los repartidores no saben en ocasiones por qué bajan en el ranking, ni por qué se les asignan ciertos pedidos o zonas. «No hay una situación donde se le ponga a los compañeros arriba de la mesa a qué atribuyen que yo aparezca en el primer lugar y de golpe aparezca en el tercero», explica.
Esa opacidad tiene grandes consecuencias que afectan directamente a los ingresos. «Termino trabajando en las peores zonas, en los peores horarios y con una situación en la adjudicación de pedidos bastante inferior, lo que hace que me reduzca mi ingreso sustancialmente», describe Riveron. El trabajador entra en un círculo vicioso y es que si reduce su carga horaria, baja en el ranking y pierde ingresos, lo que lo obliga a trabajar más horas. «Los compañeros terminan asumiendo que trabajan 16, 14 horas diarias para poder hacerse de un ingreso que medianamente les permite solventar su vida».

Riveron pone el foco en la empresa PedidosYa, que pertenece a Delivery Hero, una de las mayores multinacionales del sector. Hace referencia al alquiler de cuentas en esta plataforma, lo que califica como «precarizar sobre la precarización». Además, señala que la empresa no ha cumplido con la transparencia algorítmica y que los organismos de control no están funcionando.
«Hay una situación casi monopólica en lo que tiene que ver con el reparto de comidas en Uruguay», afirma. PedidosYa y Rappi (en la que Delivery Hero también tiene acciones) dominan el mercado, lo que deja a los trabajadores y a los pequeños comerciantes sin margen de negociación. «Las comisiones se han ido achicando», dice Riveron, y quienes se salen de la plataforma ven caer drásticamente sus pedidos.
En cuanto a los avances en automatización e inteligencia artificial cabe preguntarse si habrá ¿mejora o precarización?. Aquí Riveron no se opone a la automatización, pero exige que sus beneficios se distribuyan equitativamente. «Si es posible a través de la robotización que las tareas de ejercicio repetitivo que nos ponían en mayor riesgo de la salud se hagan por máquinas, bienvenido sea», afirma. Pero se cuestiona «¿qué parte de esa productividad se distribuye a los trabajadores y no termina en un detrimento del ingreso?»
Teniendo en cuenta esto sostiene que la automatización en Uruguay se ha utilizado esencialmente para dar trabajo precario. «Ha aumentado el contrato a término, con cargas horarias difusas. Terminó llevando a un escenario donde se precarizó mucho más el empleo y el salario», sostiene. Ejemplifica con el sector supermercado, donde la automatización comenzó en 2011 con procesos internos de control de stock y abastecimiento, y luego se hizo visible con las cajas automáticas. En ese proceso, dice Riveron, «perdimos casi 4.000 puestos de trabajo». Y aclara que «no genera impacto porque las empresas no reponen a los trabajadores que se van, y la plantilla se disminuye sin despidos masivos».

El desafío de la tecnología
Riveron alerta que la inteligencia artificial es más disruptiva que la robotización anterior. «Ya no sustituye solo tareas primarias, sino que está sustituyendo puestos con capacidad de conocimiento de los trabajadores, mucho más importante que aquellos vinculados a la robotización», señala. Y advierte que en Uruguay hay una tendencia a pensar que «esto no va a pasar» o que «va a demorar». Pero, dice, «con la inteligencia artificial nada de eso va a pasar, ni va a demorar sino que ya está pasando».
En este sentido critica la falta de regulación y la idea de dejar que avance sin control. «La inteligencia artificial no es un ente autónomo, alguien la carga. Hay seres humanos que la cargan, y si los sesgos de esos seres humanos se repiten, claramente estamos en un escenario donde si se instalan va a ser mucho más difícil dar vuelta a la página», explica. Por eso, reclama que la regulación acompañe el proceso.
Evidentemente, hay límites y como se indica, no se puede intentar ir más allá de eso. Consultado sobre la línea roja que el sindicalismo uruguayo no debe permitir que se cruce, Riveron es claro al afirmar que «el empleo tiene que tener características donde prioricen la seguridad y la salud en el centro laboral, y sobre todo tiene que llevar a un escenario donde los niveles de acumulación de la riqueza no se sigan repitiendo en los segmentos que los tenemos hoy».
Para Riveron, el convenio de la OIT intenta contraponerse a la precarización y a la concentración de la riqueza. «A partir de que plantea el escenario de la protección social y de algún elemento más, claramente se mete con una situación de la distribución de la riqueza», dice. Uruguay, afirma, tiene que dar un debate más que esté dirigido más allá del que sí hay empleo o no. «La discusión debería ser un poco más compleja, que haya empleo, pero que ese empleo termine contemplando la situación del trabajo decente».

Un debate necesario
Riveron concluye que el país tiene un debate pendiente y que la ratificación del convenio de la OIT es una oportunidad para abrirlo. «Uruguay tiene un debate para dar acá, que se abre o se reabre a partir de la aprobación de este convenio en la OIT», afirma. La tecnología avanza más rápido que las leyes, y el sindicalismo no puede quedarse atrás. «Si esos límites no se cruzan, estamos en escenarios que nos permiten discutir de mejor forma lo disruptivo que pueda traer la inteligencia artificial o la robótica. Pero teniendo claro que el límite no puede estar pasando esas cosas», concluye.
El convenio, la ley local, la transparencia algorítmica, la precarización y la automatización son los ejes de un debate que, según Riveron, está lejos de cerrarse. Uruguay, dice, sigue entrampado en el número de desempleo y no en la calidad del empleo que se genera. Y eso, en el mundo de las plataformas y la inteligencia artificial, es un lujo que el país no puede darse.
La adopción de este Convenio de la OIT marca un hito en la era digital. Este tratado no solo saca de la sombra legal a millones de repartidores y conductores, sino que redefine las reglas del empleo moderno. Al exigir transparencia en los algoritmos y combatir la falsa independencia laboral, el documento establece un piso mínimo de dignidad humana frente a la tecnología. El desafío traslada ahora la responsabilidad a los Estados de cada país. En este caso Uruguay tiene esa responsabilidad, ya que de su firme aplicación dependerá que el trabajo en plataformas finalmente se transforme en un empleo verdaderamente decente.

