Vulnerabilidad en hogares monovalentes: Factores sociales que inciden y brechas de género

Los hogares con jefatura femenina tienen una tasa de pobreza del 16%, frente al 10% de aquellos encabezados por varones. Más de uno de cada cuatro hogares donde una madre vive con su hijo se encuentra en situación de pobreza. El embarazo adolescente, la falta de formación educativa y la escasez de redes de cuidado configuran un círculo que se transmite de generación en generación.

Los hogares con jefatura femenina tienen una tasa de pobreza del 16%, frente al 10% de aquellos encabezados por varones

En Uruguay, ser mujer joven, madre y jefa de hogar sigue siendo una de las combinaciones más vulnerables desde el punto de vista socioeconómico. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2025 muestran que, aunque la pobreza total descendió levemente al 16,6% de la población, la infancia y los hogares monoparentales con jefatura femenina concentran los peores indicadores. La radiografía social del país revela dos realidades paralelas, una para los adultos mayores y los departamentos del sur, y otra mucho más dura para las mujeres jóvenes con hijos a cargo, los niños y los residentes de la periferia montevideana.

El vínculo entre maternidad temprana y pobreza es una de las aristas más visibles de esta desigualdad. Según datos del Ministerio de Salud Pública, en 2024 se registraron 2.390 nacimientos de madres adolescentes en Uruguay, lo que representa el 8% del total de nacimientos del país. De ese total, 37 corresponden a niñas de 14 años o menos. La ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, calificó esta situación como «grave» y señaló que la mayoría de los embarazos en menores de 15 años no son planificados.

El fenómeno está «fuertemente asociado» a contextos de pobreza, exclusión y violencia

Además, advirtió que en los casos de niñas menores de 14 años se identifican «situaciones de violencia sexual, de abuso, o de alguna red de trata». El fenómeno está «fuertemente asociado» a contextos de pobreza, exclusión y violencia, con mayor incidencia en departamentos como Artigas, Cerro Largo, Rivera, Rocha, Salto y Soriano, donde las cifras superan la media nacional.

La pobreza en Uruguay tiene un rostro infantil, pues uno de cada tres niños menores de seis años vive en situación de pobreza, una tasa que duplica la de los adultos y es más de cinco veces superior a la de los mayores de 65 años. En total, se estima que unos 207.000 niños y adolescentes estaban en condición de pobreza en 2025.

Especialistas y organizaciones sociales internacionales manifiestan que aquellas mujeres a las que su núcleo familiar no ha incentivado la educación, o a las que aún se les pide que se dediquen únicamente a cuidar, son las que figuran hoy en los datos de pobreza. Esta realidad se agrava en los hogares donde la madre no ha podido completar su formación educativa, lo que limita sus posibilidades de inserción laboral y perpetúa el ciclo de privaciones.

El nivel educativo de las madres adolescentes es, en su mayoría, muy bajo. Algo más de la mitad de ellas solo cursó la primaria, incompleta o completa. La maternidad temprana no siempre es la causa directa de la deserción escolar, pero sí constituye un factor que compromete la retención en el sistema educativo. La dificultad para continuar estudiando luego del embarazo afecta la inserción futura en el mercado laboral y profundiza la vulnerabilidad económica. 

El vínculo entre maternidad temprana y pobreza es una de las aristas más visibles de esta desigualdad

La maternidad en adolescentes se concentra en los sectores más pobres, una de cada cinco adolescentes con dos o más necesidades básicas insatisfechas es madre. Los hogares con jefatura femenina son los más expuestos a la pobreza. Según datos del INE, la pobreza en estos hogares alcanza al 16%, mientras que en aquellos encabezados por varones desciende al 10%.

El ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, señaló que «más de uno de cada cuatro hogares en donde está una madre viviendo con su hijo se encuentra en situación de pobreza». Esta realidad interpela directamente al mercado laboral y a las políticas de cuidados. Como afirmó el ministro, «no podemos permitirnos que una madre no acceda a un trabajo por razones de cuidado».

El gobierno ha puesto en marcha algunas respuestas, en noviembre de 2025 se presentó la Estrategia para la Eliminación del Embarazo en Niñas y Prevención del Embarazo en Adolescentes 2025-2030. La cartera de Salud Pública firmó un decreto que extiende a todo el sistema de salud la obligación de notificar embarazos en menores de 14 años. También se impulsa una mesa de trabajo intersectorial que integra a ASSE, ANEP, el Mides, el MEC y el Poder Judicial, entre otros organismos. Por su parte, el Ministerio de Trabajo analiza una ampliación del programa Yo Estudio y Trabajo para jóvenes, con el fin de fortalecer la inserción laboral sin abandonar la educación.

.La pobreza en Uruguay tiene un rostro infantil

Sin embargo, los especialistas advierten que la pobreza infantil y la vulnerabilidad de los hogares monoparentales no son problemas coyunturales, sino estructurales. El economista Matías Brum ha señalado que la «infantilización de la pobreza» es un rasgo persistente del país que se mantiene en el tiempo, independientemente de la metodología de medición utilizada. La tasa de pobreza infantil duplica consistentemente la de los adultos. La dimensión territorial agrava el panorama: en Montevideo, la pobreza alcanza al 18,7% de la población, concentrándose en los municipios del oeste y noreste de la capital.

El desafío es múltiple y requiere políticas que aborden la prevención del embarazo no intencional, el acceso a la educación y la formación para las jóvenes madres, la ampliación de los sistemas de cuidado infantil y la generación de empleo decente para las mujeres.

Como planteó la ministra Lustemberg, la prevención del embarazo no intencional involucra «a varones, familias, comunidades, instituciones educativas y de salud, no solo a niñas y mujeres adolescentes». Romper el círculo de la pobreza que comienza en la infancia y se perpetúa en la maternidad temprana exige una acción intersectorial sostenida. Las cifras están sobre la mesa donde el costo de no actuar, como advierten los especialistas, será irreversible.

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