En los últimos años, la política educativa ha puesto un fuerte énfasis en los comedores. Nadie puede negar su importancia, un estudiante con hambre difícilmente pueda aprender.
Al Magisterio nadie le va a contar, tenemos comedores escolares hace más de 100 años. Pero OJO, siempre defendimos y defendemos que la alimentación básica debe estar en casa, en horario extraescolar y cuando no hay clases la comida debe estar en el hogar. Es responsabilidad y tarea de los padres.
En caso de vulnerabilidad el Estado debe actuar, tiene organismos encargados y debe garantizarlo, desde los órganos que fomentan el trabajo y los que se encargan del desarrollo social y la alimentación (MIDES, INDA, etc) . Es lo digno para todos los ciudadanos y se marca con claridad el verdadero cometido de cada institución estatal. Se entiende que por un tema circunstancial, de horarios, en este caso por la ampliación de tiempo, se contemple este factor en lo educativo. Ahora reducir la política educativa a una política alimentaria es resignar la misión más profunda de la escuela, los liceos y la UTU.
La educación no puede limitarse a asistir y contener; debe ENSEÑAR, debe transformar. Debe formar personas capaces de pensar críticamente, comprender el mundo para actuar sobre él y mejorarlo. Esa es la esencia de la educación, desde Varela, desde Jesualdo a Paulo Freire, no una escuela que domestique, sino una que realmente emancipe, brinde las herramientas para la libertad.
Para lograrlo, es imprescindible recuperar el valor de los contenidos. Sin conocimientos sólidos no hay pensamiento crítico posible. Leer con profundidad, escribir con claridad, comprender la historia, dominar las matemáticas y las ciencias, eso es poder ser en un mundo cada vez más tirano.
Porque el verdadero acto democrático no es solamente abrir las puertas de la escuela, sino garantizar que quien entra pueda aprender de verdad.
Al mismo tiempo, necesitamos docentes jerarquizados. Maestros y profesores con salarios dignos, con estabilidad laboral, con formación y con menos burocracia que los aleje de su tarea principal, enseñar. Hoy demasiadas horas se pierden en planificaciones, planillas, informes y trámites que poco aportan al aprendizaje.
Si queremos calidad educativa, debemos confiar más en el criterio profesional de quienes están frente al aula, debe haber una verdadera libertad de cátedra que resista a la mala supervisión.
También es fundamental contar con cargos suficientes para acompañar la diversidad real de las aulas. La inclusión no puede ser un discurso vacío, requiere equipos, recursos y tiempo.
Pienso que hoy el centro de la política educativa debe volver a ser el conocimiento, la enseñanza y la formación integral.
Porque un país que mire lejos no se puede quedar en la asistencia, debe educar y crear las condiciones para la independencia ciudadana y la libertad individual y colectiva.


Este artículo del maestro riverense Marcos E Correa nos devuelve la esperanza de que la calidad de la enseñanza pueda detener el retroceso en el cual va cayendo, al demostrarnos que hay educadores de alma con un compromiso auténtico hacia las nuevas generaciones, hacia el futuro mismo del país.
La lucha es doble, no sólo la de enseñar a quienes tienen que aprender, sino también luchar contra la ignorancia importada que en algunos campos parece haberse convertido en una realidad tan común como decepcionante.
Los medios de difusión parecen haberse embanderado en una transformación que lejos de ser educativa no hace sino promover la vulgaridad y la falta de respeto.
Varela debe estar agitándose en su tumba al ver la ortografía que se «enseña»(?) en las escuelas y las conjugaciones verbales transliteradas de un lunfardo que si bien ha existido desde siempre, nunca como hasta ahora ha inundado la escritura, inventando un «idioma» nuevo y contribuyendo a la babel de la confusión y la duda de quienes leen para aprender o informarse, desde publicaciones hasta avisos comerciales.
Lo de hablar diferente dentro de una misma lengua es cosa común en todos los países. Hay diferentes formas de expresarse y diferentes acentos, entonaciones y ritmos en el habla.
Un ejemplo común y claro es la lengua inglesa, que se habla de mil maneras no sólo en diferentes países, sino que hasta dentro mismo de ciudades, como Londres, donde la gente al sur del Támesis habla diferente de la del norte del río, y en el norte mismo quienes viven en el este tienen su acento «cockney» que difiere del resto…!
Sin embargo a la hora de escribir la manera es una sola, no sólo en Londres sino desde Edinburgh hasta Cardiff, y fuera de fronteras desde Ottawa hasta Sydney, desde Johannesburgh hasta Dublin.
Con el español era lo mismo hasta hace unos 30 o 40 años hasta que empezó una ósmosis con la corriente llegando desde la orilla oeste del Río de la Plata, la cual trajo una enfermedad cultural que a esta altura se ve como irreversible, y uno de cuyos síntomas es la escritura tal como la sufrimos aquí hoy en día. Parece que estamos asistiendo al nacimiento de un dialecto escrito local muy particular, ya que fuera de esta zona rioplatense pues no existe. Lo dicho, agregando ladrillos a la torre de Babel. Y así, graruitamente y sin necesidad alguna.
Un amigo alemán que es profesor de español en su país y aterrizó aquí hace unos meses, conociendo el acento y la forma de hablar que tenemos, sin embargo me preguntaba con asombro al ver carteles publicitarios y leer algunas publicaciones «pero ¿qué es lo que hacen, por qué todo está escrito con faltas de ortografía?» Sólo atiné a contestarle riendo que ahora escribíamos no en español sino en dialecto «argentino».
Tal vez algunos lectores tacharán mi comentario como un anacronismo o «una tos del pasado» como lo definió una maestra «moderna» al discutir el uso modificado de los verbos en la escritura.
—
Creemos con sinceridad que la lengua común de más de 350 millones de personas debe escribirse de una manera que sea familiar y única, lo cual estrecha lazos comunes y facilita la comunicación y el entendimiento entre los pueblos.
Y si nace un nuevo dialecto o idioma común en una región determinada, pues bienvenido sea pero su enseñanza debe estar separada de la lengua española común y universal la cual no debe dejar de enseñarse ni ser sustituida de manera alguna.
Ejemplos de esto sobran y los vemos en la cuna misma del idioma donde en forma paralela al español conviven y se utilizan el catalán, el vasco y el gallego.
—
No imaginamos a Rodó o a Varela mismo escribiendo de otra manera de la que lo hicieron, o a Batlle, Herrera o Frugoni. Sus obras en diferentes contextos perduran y quien las lee entiende lo escrito.
—
Cabe agregar, considerar y sobre todo destacar otro aspecto relacionado a la enseñanza, y este es la condición de gratuidad.
En otros lares, muy admirados por las mayorías y citados como ejemplo en muchos aspectos, pues la enseñanza NO es gratuita, en verdad cuesta una fortuna, lo cal la convierte en elitista y no igualitaria, pero eso es harina de otro costal. Lo que aquí queremos que llame la atención y se aprecie en forma debida es la gran suerte y el privilegio enorme que tenemos los habitantes de este país al no tener que pagar para recibir educación en todos los niveles. Eso debe apreciarse grandemente y agradecerse sobremanera.
Es entonces el deber del Estado, constitucionalmente responsable de la educación del pueblo, el brindar el nivel más alto que pueda costearse pues de esa educación, que compite con la frente alta con instituciones de países donde hay que pagar para estudiar, de esa educación que reciben nuestros niños y jóvenes depende el futuro y la prosperidad del país en las décadas por venir.
Y, como nota el maestro en su nota, con el estómago vacío nadie puede aprender…