El estómago es un órgano esencial del sistema digestivo ubicado entre el esófago y el intestino delgado. Allí, los alimentos se mezclan con el ácido gástrico y las enzimas responsables de iniciar la digestión. Generalmente los alimentos permanecen entre 2 y 4 horas, dependiendo de su composición (las comidas grasas o muy fibrosas tardan más). El estado emocional también influye: puede acelerar o enlentecer el vaciamiento gástrico. Por otra parte, la mucosa gástrica está preparada para convivir en un ambiente ácido. Para protegerse, produce una capa de moco que actúa como barrera. Cuando esa protección disminuye, la mucosa puede irritarse y aparecer la inflamación característica de la gastritis. Si no se trata adecuadamente puede parecer úlcera.
Una úlcera gastroduodenal es una lesión de forma redondeada u oval que se forma cuando la mucosa del estómago o del duodeno se erosiona debido a la acción del ácido y los jugos digestivos. Este tipo de úlcera puede originarse por una infección con la bacteria Helicobacter pylori o por el consumo de ciertos medicamentos, como la aspirina (ácido acetilsalicílico) y otros antiinflamatorios no esteroideos (AINE), los cuales debilitan el revestimiento protector del estómago o del duodeno.

El dolor asociado a estas úlceras suele ser intermitente y, con frecuencia, se relaciona con la ingesta de alimentos (puede mejorar o empeorar después de comer). El diagnóstico se basa en los síntomas, especialmente el dolor abdominal, y en pruebas como la endoscopia alta y la detección de Helicobacter pylori. Aunque pueden aparecer a cualquier edad, son más comunes en adultos de mediana edad. La clasificación de las úlceras depende de su ubicación o de las condiciones en que se desarrollan.
Las úlceras duodenales, que son las más habituales, se localizan en la primera porción del intestino delgado. Las gástricas son menos frecuentes y suelen encontrarse en la parte inferior del estómago. También pueden presentarse úlceras en zonas donde el estómago ha sido intervenido quirúrgicamente, así como úlceras por estrés, asociadas a enfermedades graves, quemaduras o traumatismos, que afectan tanto al estómago como al duodeno.
Estas lesiones aparecen cuando los mecanismos de defensa y reparación de la mucosa se ven comprometidos, lo que facilita el daño por el ácido gástrico. Las causas principales son la infección por Helicobacter pylori y el uso de AINE como ibuprofeno o naproxeno. Esta infección está presente en más de la mitad de los casos de úlceras duodenales y en un porcentaje significativo de las gástricas.
El consumo de AINE es responsable de más del 50% de los casos, aunque no todas las personas que los utilizan desarrollan úlceras. El tabaquismo aumenta el riesgo y dificulta la cicatrización, además de favorecer recaídas. Por su parte, el consumo moderado de alcohol no suele causar úlceras ni interferir con su curación, aunque incrementa la producción de ácido. En raras ocasiones, estas úlceras se deben a tumores que producen gastrina, lo que provoca una secreción excesiva de ácido (como en el síndrome de Zollinger-Ellison). Las úlceras de origen canceroso presentan síntomas similares, pero responden peor al tratamiento.
Entre los niños con úlceras duodenales, es común encontrar antecedentes familiares. Los síntomas pueden variar según la edad y la localización de la lesión. En algunos casos, especialmente en niños, personas mayores o quienes consumen AINE, pueden no presentarse síntomas evidentes y la úlcera se detecta solo al aparecer complicaciones. El síntoma más frecuente es un dolor en la parte superior del abdomen, de intensidad leve a moderada, descrito como ardor, punzada o incluso sensación de hambre. Suele localizarse debajo del esternón y aliviarse con alimentos o antiácidos. Estas úlceras tienden a sanar y reaparecer, por lo que el dolor puede manifestarse durante días o semanas, desaparecer y luego regresar.

