El actor iraní Homayoun Ershadi falleció a los 78 años en Teherán víctima de un cáncer contra el que luchó durante los últimos años. Arquitecto de profesión, licenciado por la Universidad de Teherán, llevaba una vida tranquila y exitosa diseñando edificios cuando, en 1997, su destino cambió para siempre. El director Abbas Kiarostami lo vio manejando por las calles de la capital iraní mientras buscaba al protagonista de su nueva película, «El sabor de las cerezas» (Ta’m e guilass). Kiarostami se acercó al auto, golpeó la ventanilla y le preguntó directamente: «¿Quieres hacer una película?». Ershadi, entonces de 50 años y sin ninguna experiencia delante de las cámaras, respondió con un simple «sí».
Lo que siguió fue una de las actuaciones más estremecedoras y contenidas de la historia del cine. Como Badii, el hombre que recorre Teherán en busca de alguien que lo ayude a quitarse la vida, Ershadi transmitió con apenas gestos y miradas una desesperación silenciosa que conmovió al mundo. La película ganó la Palma de Oro en Cannes 1997 (compartida con «La anguila» de Shohei Imamura) y convirtió a este arquitecto accidental en un símbolo del cine de autor iraní.
A partir de ahí, aunque nunca abandonó del todo su estudio de arquitectura, el cine lo reclamó. Volvió a trabajar con Kiarostami en «El viento nos llevará» (1999), participó en decenas de películas iraníes y cruzó fronteras con títulos como «Ágora» (2009) de Alejandro Amenábar —donde interpretó al esclavo Davus junto a Rachel Weisz—, «Cero oscuro treinta» (2012) de Kathryn Bigelow, «Cometas en el cielo» (2007), «Un héroe» (2021) de Asghar Farhadi y «El profesor de persa» (2020).

