Moya expone el poder y el control en contextos de agitación política y social en Centroamérica

Horacio Castellanos Moya y el oficio de la palabra

La trayectoria de este escritor y periodista salvadoreño ha estado marcada por su exploración en la identidad centroamericana, la violencia y la condición humana

Horacio Castellanos Moya
Horacio Castellanos Moya

“Lo que yo tenga que escribir, lo voy a escribir”, así sostiene Horacio Castellanos Moya en cada una de sus intervenciones. No cabe dudas que su camino literario está marcado por fronteras cruzadas, no siempre por elección, en ocasiones es necesidad.   

Moya nació en Tegucigalpa, Honduras (1957), sin embargo su identidad se forjó, en El Salvador, país al que emigró con apenas cuatro años. Esta condición de traslado inicial parece prefigurar la existencia nómada que caracterizaría su adultez, una vida compuesta por estancias en varios países del mundo.

Su obra, figura un corpus de novelas, relatos y ensayos que podemos encontrar traducidos a quince idiomas. Para varios autores, la obra de Horacio Castellanos Moya constituye un referente esencial, que contribuye no solo al imaginario del pasado y el presente en Centroamérica, sino para examinar las implicaciones políticas que derivan de la escritura literaria en español en la era neoliberal. 

Su obra la podemos encontrar traducidos en varios idiomas
Su obra la podemos encontrar traducidas en varios idiomas

Este reconocimiento se materializó en 2014 cuando el gobierno chileno le otorgó el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas por el conjunto de su trayectoria. Una trayectoria que comenzó con La diáspora (1989), novela que obtuvo el Premio Nacional otorgado por la Universidad Centroamericana de El Salvador, y que posteriormente se reeditó para Latinoamérica.

Pero si hablamos de un punto de inflexión, El asco. Thomas Bernhard en San Salvador (1997), es posiblemente, el libro más controvertido de la historia de ese país. Esta obra dio lugar a amenazas que conllevaron a su exilio en España. 

Sin lugar a dudas, para Castellanos Moya estos episodios confirman que la literatura para él se erigió como un acto que se ejerce frente a un fondo de conflicto. En este sentido, en más de una docena de libros de ficción, Moya llevó a cabo una investigación con detenimiento de la agitación política del contexto en el que se crió. Estas historias siempre ocuparon el eje de su escritura.

 

Para el artista, ha sido recurrente en sus reflexiones el cómo se forja un escritor en un contexto de violencia. Al respecto siempre se cuestiona hasta dónde la atmósfera cultural en la que un joven decide hacerse escritor influye para siempre en su visión del oficio y de la literatura. 

Moya nace como escritor en un ambiente donde San Salvador era una ciudad ajena a los circuitos culturales de las grandes urbes latinoamericanas. No había revistas culturales, ni suplementos literarios, ni editoriales dedicadas de forma seria a la literatura. Más de cuarenta y cinco años consecutivos de gobiernos militares habían creado una atmósfera asfixiante.

Emplazados frente a ese fondo, el mal y las debilidades se encarnan en sus páginas personajes que al día de hoy marcan una sociedad, recurrentes en distintas entregas de lo que constituye una obra irreductible. Tratar de convertirse en escritor en tales circunstancias era, un sinsentido, manifestación de una voluntad de rebeldía que conduciría a la acción política o una mala estrella a secas, como él mismo expresa.

Su formación académica fue el primer reflejo de esa represión. Cuando comenzó a estudiar Letras en la Universidad de El Salvador en 1976, refería que la facultad parecía más un campo de concentración que un campus universitario. Pues se conoce que pelotones de guardias armados con escopetas, custodiaban la entrada y recorrían los pasillos. 

Sin embargo, bajo el control militar bullía la resistencia cultural, ese período formativo, entre la represión militar y la descubierta subversión del arte, dejó una huella imborrable para el artista. Su narrativa es, en sí misma, esa búsqueda. Novelas como Moronga y El hombre amansado, sus últimas obras publicadas, siguen indagando en los pliegues de una realidad centroamericana marcada por el trauma y la diáspora, temas que han sido el motor de su escritura desde aquella primera novela premiada.

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