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Al finalizar esta edición especial de Diario La R, en la que recogimos distintas voces de organizaciones vinculadas a temas femeninos y testimonios de mujeres, queremos recordar a una de las tantas damas que se consagraron mediante la escritura en el Uruguay del siglo pasado.

Juana de Ibarbourou: una personalidad del siglo XX

Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou es un personaje del siglo XX que marcó su nombre en la historia uruguaya debido a su proficua tarea como poetisa y escritora. Nació un 8 de marzo, aunque se desconoce si del año 1892 o 1895, en Melo, capital de Cerro Largo, fruto del amor entre Vicente Fernández -de origen gallego- y Valentina Morales -hija de un matrimonio de españoles-.

Durante su infancia y adolescencia vivió en suelo arachán, en el que se inspiró para escribir varios de sus textos. Realizó sus estudios primarios en una escuela pública que en la actualidad lleva su nombre (Escuela Nº 3) y los secundarios en un colegio religioso de la localidad.

Las escasas referencias que se tienen sobre su niñez y adolescencia se conocen a través de “Chico Carlo”, un libro compuesto por 17 cuentos -que recrean esa etapa de la vida de la autora- que fue publicado en 1944.

Contrajo matrimonio con el Cap. Lucas Ibarbourou, de quien tomaría su apellido y de donde surgiera el seudónimo con el que firmara sus primeras obras: Jeannette d’Ibar. Años más tarde abandonaría el mismo para rubricarlas con el nombre con el que se la conoció hasta el último de sus días. El 23 de agosto de 1914 nació el único descendiente de la pareja: Julio César Ibarbourou.

Al tiempo de unirse conyugalmente con el Cap. Ibarbourou se mudó a Montevideo, ciudad a la que le costó adaptarse, pero que con el transcurso de los años llegó a adoptar como propia. Su primera residencia capitalina se ubicaba en la calle Asilo entre Pernas y Comercio, para luego mudarse a Comercio (actual Solano López) esquina Mahoma, sitio al que denominó como “Mi casa de la felicidad”, en el que residió hasta la muerte de su esposo en 1942.

Entre su llegada a Montevideo y la mudanza al hogar de la calle Comercio publicó “Las Lenguas de Diamante” (1919), “El Cántaro Fresco” (1920) y “Raíz Salvaje” (1922), mientras que en la nueva residencia editó “Ejemplario” (1928), “La Rosa de los Vientos” (1930), “Loores de Nuestra Señora” y “Estampas de la Biblia” (1934), entre otros.

Producto de la popularidad de sus textos y de la importancia que cobraron en el mundo, dada su traducción a varios idiomas, fue distinguida en 1929 con el sobrenombre de “Juana de América” en un acto que contó con la participación del poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín en el Salón de los Pasos Perdidos del novel Palacio Legislativo.

Posteriormente, en el año 1947 fue seleccionada como miembro de la Academia Nacional de Letras de Uruguay y doce años más tarde fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura en su primera edición.

Tras el fallecimiento del Cap. Ibarbourou abandonó su domicilio y pasó a morar sola en una casa de Av. 8 de octubre y Mariano Moreno, lugar que le costaba abandonar y en donde falleció el 15 de julio de 1979. Fue velada en el mismo sitio donde fue consagrada hacía 50 años como “Juana de América” con honores de Estado y sus restos fueron sepultados en un panteón familiar situado en el Cementerio del Buceo. En la actualidad no se tiene certeza de que los restos de la escritora continúen en dicha necrópolis.

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