Esta inflamación se debe a varias condicionantes, como infecciones, consumo de aspirina u otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos, estrés, el consumo excesivo de alcohol o trastornos del sistema inmunitario. De igual forma, las causas menos comunes incluyen enfermedad de Crohn, radiación, infecciones por bacterias y virus o lesiones directas.
¿Cómo saber si estamos sufriendo de gastritis? Los síntomas más frecuentes incluyen dolor o malestar abdominal y, en ocasiones, náuseas o vómitos. En este caso, un diagnóstico puede partir de la sintomatología. Sin embargo el médico necesita explorar el estómago con una sonda flexible de visualización (endoscopia alta).
Atendiendo a su gravedad se divide en dos categorías, erosiva y no erosiva. La primera más grave que la segunda respectivamente, la gastritis erosiva produce tanto inflamación como desgaste de la mucosa gástrica. Asimismo, suele evolucionar de forma repentina, a esto se conoce como gastritis erosiva aguda, sin embargo también puede desarrollarse lentamente (gastritis erosiva crónica), esto aparece generalmente en personas que están sanas.

Sin embargo, la gastritis no erosiva se caracteriza por alteraciones en la mucosa gástrica que van desde el desgaste a la transformación del tejido gástrico en otro tipo de tejido intestinal lo que se conoce como metaplasia. En varias ocasiones, glóbulos blancos se acumulan en el estómago y provocan diversos grados de inflamación, la cual puede ocurrir en todo el estómago o solo en ciertas partes. Este tipo de gastritis generalmente está causada por infección por Helicobacter pylori.
También se encuentra la gastritis vírica o gastritis fúngica que puede desarrollarse en personas que portan o que en algún momento han sufrido una enfermedad prolongada o un sistema inmunológico deteriorado. Como por ejemplo infección por VIH avanzada, cáncer o las que toman medicamentos inmunosupresores.
La gastritis aguda por estrés, está causada por una enfermedad o una lesión repentina. Dicha lesión puede que no esté localizada en el estómago. Son causas típicas las quemaduras extensas de la piel, los traumatismos craneales y las lesiones que producen hemorragias graves. Esta puede derivar en hemorragia a los pocos días de una enfermedad o lesión, mientras que la hemorragia tiende a evolucionar más lentamente en el caso de la gastritis erosiva crónica o la gastritis por radiación. Si la hemorragia es leve y lenta, es posible que la persona no presente síntomas o que solo note un color negruzco en las heces que tiene su origen en el color oscuro de la sangre digerida.

La gastritis atrófica provoca adelgazamiento de la mucosa gástrica y la pérdida de muchas o todas las células productoras de ácido y enzimas. Esta enfermedad se produce cuando los anticuerpos atacan la mucosa gástrica. También puede darse en algunas personas que tienen una infección crónica debida a la bacteria H. pylori o en personas que se les ha extirpado parte del estómago.
Este padecimiento, puede derivar en la formación de úlceras estomacales y provocar un empeoramiento de los síntomas. Si una úlcera perfora la pared del estómago, el contenido gástrico se esparce en la cavidad abdominal, produciendo inflamación e infección del revestimiento de la cavidad abdominal (peritonitis) y enfermedad grave, con un empeoramiento del dolor.
Sea cual sea la causa, (siempre bajo prescripción médica) los síntomas se pueden aliviar con fármacos que neutralizan o reduzcan la producción de ácido gástrico e interrumpiendo el tratamiento con aquellos fármacos que causan los síntomas. Cuando los síntomas son leves, basta con tomar antiácidos, que neutralizan el ácido que ya ha sido producido y liberado en el estómago. Cuando la gastritis está causada por una infección por H. pylori, también se prescriben antibióticos.

