El Jardín Histórico Quinta Capurro se encuentra ubicada en la llamada Calle ancha en Santa Lucía. Fue construida por Don Francisco Capurro en 1873 y declarada Monumento Histórico Nacional en setiembre de 1994.
Este lugar representa la etapa de mayor esplendor de la ciudad, cuando ésta era un lugar de veraneo frecuentado por las familias de más renombre y pudientes de la época.
Historia
El 20 de diciembre de 1873, Federico Capurro adquirió nueve hectáreas de terreno a orillas del Arroyo de los Hornos que pertenecían a Dolores Gil. En ese predio cultivó junto a su esposa un enorme jardín al que adornaron con fuentes y en el que levantaron tres edificaciones que son obra del ingeniero Alberto Capurro.
José Pedro Varela, amigo de la familia, visitó periódicamente el lugar y buscó recuperarse de la tuberculosis que lo aquejaba con descansos bajo sus árboles. En 1882 los Capurro dejan la casa para mudarse a Milán. En 1905 visitan la Quinta José Batlle y Ordóñez y Juan Zorrilla de San Martín con motivo de inaugurarse el puente sobre el río Santa Lucía.
Plantas a encontrar
La diversidad botánica que presenta su jardín en el que se conservan antiguos ejemplares de especies traídas de Europa y Asia, el trazado de sus líneas y el microclima que estos factores generan, hacen del jardín una valiosa reserva forestal.
La casona principal está tapizada en vastos sectores por Ficus repens, que exhibe en el momento de la visita sus estructuras reproductivas.
Los caminos sinuosos separan amplios canteros tapizados con lazos de amor, helechos, Tradescantia, pasto inglés, junquillos, los que brindan una inteligente solución para sectores donde, por condiciones de sombra, el césped ya no crece.
Además de las palmeras comunes, se puede observar un ejemplar de coco chileno y otro de palmera datilera, ambos muy escasos en nuestros parques. Un enorme filodendro sorprende por la forma de sus hojas y su brillo. Uno de los ejemplares que más llama la atención, es el árbol del papel, quizás el más robusto de los que se hallan cultivados en nuestro medio.
Las Araucariáceas están magníficamente representadas por ejemplares de pino Brasil y sobre todo por una imponente dammara cuyo porte se cree es superior a las que se encuentran en la ex quinta de Carlos de Castro, en Montevideo.
Cientos de metros de cañaveral formando una bóveda y dejando un sendero entre dos hileras, invitan a un recorrido inusual, sobre todo en días de viento, cuando el golpeteo de las cañas asombra y hasta estremece a los visitantes.
Por si todo esto fuera poco, entre las cañas hay una sorpresa. Esa es un robustísimo plátano, tal vez también uno de los más grandes de nuestro medio, que eleva sus “brazos” buscando la luz.
Si la visita al Jardín se realiza en verano, nada mejor para terminar la recorrida que visitar la costa del Santa Lucía, con sus vastos arenales, y tomarse un tiempo para admirar el fructificación de la congorosa o de la barba de viejo.

