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La proclama del Día Internacional de la Mujer Trabajadora se gestó en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague

Lo que marzo representa en Latinoamérica

En América Latina el Día Internacional de la Mujer marca más que una fecha en el calendario, condensa anhelos, batallas ganadas y las que aún quedan por librar.

La conmemoración, es un recordatorio anual de que la plena igualdad
La conmemoración, es un recordatorio anual de que la plena igualdad

Su historia, gestada a través de décadas, está ligada a la organización femenina frente a la industrialización, la Primera Guerra Mundial y procesos revolucionarios como el de Rusia, donde mujeres agrupadas en diferentes países comenzaron a luchar por la igualdad, la justicia y la paz.

Asimismo, con el auge del capitalismo, las obreras se organizaron en el ámbito sindical, político y social donde reclamaban mejoras laborales pues contaban con jornadas de 14 horas diarias. Ligado a esto, los salarios eran miserables y contaban con condiciones deplorables. También, pedían mayor libertad sexual, matrimonial, económica y el derecho al sufragio. Después de ello, se sumaron grandes huelgas protagonizadas por mujeres a lo largo de los siglos XIX y XX.

Cabe recordar que marzo siempre ha tenido gran significación en estas cronologías, pues en 1857 de este mismo mes, el sindicato de costureras de la Compañía Textil de Lower East Side, Nueva York, llevó a cabo una marcha abogando por la reducción de horas de trabajo. Este hecho, desató una represión policial que causó muertes y heridas. 

En los caminos hacia la independencia, las mujeres saltaron al espacio público.
En los caminos hacia la independencia, las mujeres saltaron al espacio público.

Una década más tarde, la huelga de “Las planchadoras de cuellos” de Troy, Nueva York, duró tres meses, sin embargo esta contó con un resultado adverso. De igual forma, en 1911, ocurrió el trágico incendio de la Compañía de Blusas Triangle, donde murieron 146 obreras. Este siniestro fue provocado por una patronal que cerraba con llave las puertas para evitar interrupciones. 

La proclama del Día Internacional de la Mujer Trabajadora se gestó en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague. La política alemana Clara Zetkin, figura clave interesada en la política sobre la mujer, la igualdad de derechos y el sufragio, propuso el 8 de marzo como fecha conmemorativa. No obstante, no fue hasta 1977 que la ONU proclamó oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

No obstante, no basta con una fecha para reflexionar sobre los logros alcanzados y los pendientes. Para las más de 300 millones de mujeres de Latinoamérica, el día tiene una connotación profunda. Según datos ofrecidos por la ONU, la región alberga 14 de los 25 países con las tasas más altas de feminicidios del mundo. De igual manera, indica que por cada 100 hombres, hay 124 mujeres viviendo en extrema pobreza en Latinoamérica y el Caribe.

En este caso, reconocer el valor de la mujer como agente activo es un primer paso para resolver la desigualdad. Sin dudas, la historia de América Latina no está completa sin si dejamos de mencionar el papel activo de mujeres que marcaron parte significativa del desarrollo de la región.

Desde el mismo «descubrimiento», mujeres europeas como Isabel Rodríguez (en la conquista de México) o Mencía Calderón e Isabel Barreto (líderes de expediciones) participaron de manera relevante. Según las Crónicas de Indias, los castellanos observaron en las sociedades indígenas, que las mujeres «gozaban de distinción social, de capacidad de acción, decisión y ejecución». Durante la colonización, matrimonios mestizos como el de la princesa inca Beatriz Clara Coya con el español Martín García de Loyola tuvieron gran repercusión política y cultural.

Pese a la imposición de un orden social que relegaba a la mujer al matrimonio o al convento, surgieron figuras que desafiaron las normas, como Sor Juana Inés de la Cruz, autora barroca que defendió con sus versos la intelectualidad femenina.

En los caminos hacia la independencia, las mujeres saltaron al espacio público. En Perú, Micaela Bastidas fue estratega de la rebelión de Túpac Amaru. En Argentina y Bolivia, Juana Azurduy fue reconocida como general. Batallas como la de Cochabamba en Bolivia fueron protagonizadas por centenares de mujeres anónimas, honradas hoy en el Día de la Madre en esa localidad.

La conmemoración, es un recordatorio anual de que la plena igualdad, aunque distante, es una meta por la que vale la pena seguir organizándose
La conmemoración, es un recordatorio anual de que la plena igualdad, aunque distante, es una meta por la que vale la pena seguir organizándose

La primera lucha feminista organizada fue el movimiento sufragista. En Latinoamérica, la mexicana Elena Arizmendi Mejía fundó la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas. El primer país de la región en aceptar el voto femenino fue Ecuador, gracias a la lucha de Matilde Hidalgo de Procel. Le siguieron el resto, abriendo paso a carreras políticas que han llevado a trece mujeres a la presidencia en la región, entre ellas Michelle Bachelet (Chile), Cristina Fernández (Argentina) y Xiomara Castro (Honduras).

Sin embargo, los avances legales no han cerrado las brechas. La participación laboral femenina en la región ronda el 53%, frente al 78% masculina. La representatividad disminuye en los puestos de mayor jerarquía y persisten las brechas salariales. La «economía reproductiva» (tareas domésticas y de cuidado), esencial para el funcionamiento del sistema, carece de valoración monetaria y sigue siendo mayoritariamente responsabilidad femenina.

El acceso a recursos financieros es clave para el empoderamiento económico. Un informe reciente señala que la mayoría de los países latinoamericanos están rezagados en educación financiera y acceso al crédito para mujeres, lo que limita su capacidad de ahorro y desarrollo productivo. Iniciativas como «Mujeres liderando el desarrollo inclusivo sostenible en la Provincia de Loja», en Ecuador, impulsada por ONU Mujeres y CAF, buscan revertir esta situación fortaleciendo conocimientos y capacidades para emprendimientos sustentables.

La reducción de la violencia de género sigue siendo un reto monumental, que requiere no solo acciones judiciales, sino el desarrollo de capacidades estatales para prevenir, atender y reparar. Organismos como CAF impulsan la igualdad de género mediante acción directa, transversalización y acción preventiva, además de generar conocimiento para políticas públicas. La conmemoración, es un recordatorio anual de que la plena igualdad, aunque distante, es una meta por la que vale la pena seguir organizándose, exigiendo y trabajando. 

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