La historia de la Revolución cubana ha estado dotada de grandes figuras, casi en su totalidad masculinas. Sin embargo, el papel de las mujeres durante el proceso fue fundamental en diferentes ámbitos (militar, laboral, político, científico). Lo que labró un camino para continuar avanzando hacia la igualdad. Cabe destacar que las cubanas han estado presentes en todos los grandes momentos revolucionarios del país. En los que se destaca la incorporación a las Milicias Nacionales Revolucionarias, la participación masiva en los trabajos voluntarios.
Por otro lado, documentos históricos evidencian que el feminismo cubano ha tenido un desempeño revolucionario desde principios del siglo xx, al defender reivindicaciones fundamentales para la época como la Ley de la Patria Potestad, la Ley del Divorcio, la Ley del Sufragio Femenino, el Decreto-Ley de protección a la maternidad y el Decreto sobre el trabajo de la mujer.
Asimismo, se realiza en el año 1923 el Primer Congreso Nacional de Mujeres. Esta fue una iniciativa de la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba, la cual existió desde 1921. En este espacio las mujeres exigían el derecho al sufragio, a la igualdad de derechos, deberes en la sociedad, la política y la economía. Aquí también denunciaban el consumo de drogas y el fin de la prostitución. De igual modo trataban temas relacionados con la educación (como la modificación de la enseñanza) y las leyes para el cuidado de la infancia
En 1951-1958 se crearon alrededor de 39 asociaciones de mujeres con un carácter político-social y asistencial, entre las cuales se destaca el Frente Cívico de Mujeres Martianas (FCMM). Esta se realizó con el objetivo no solo de enfrentar a la tiranía sino funcionar como puente entre otras organizaciones en el apoyo a las luchas.

La historia de Cuba destaca a Haydée Santamaría Cuadrado como una de las personalidades más excepcionales, que supo aunar una firme valentía política con una profunda sensibilidad cultural. Su modesto apartamento en La Habana funcionó como punto central de reunión de la Generación del Centenario, y el 26 de julio de 1953 participó activamente en el asalto al cuartel Moncada, encargándose de la ocupación del Hospital Civil Saturnino Lora para asistir a los combatientes heridos.
En ese lugar, prestó auxilio tanto a sus compañeros como a soldados enemigos, demostrando un profundo sentido humanitario que iba más allá del conflicto. Sin embargo, la represión pronto la alcanzó: capturada después del ataque, fue sometida a crueles torturas psicológicas, entre ellas la visión de los restos de su hermano Abel y de su compañero Boris Luis Santa Coloma.
A pesar de ello, su fortaleza no se quebrantó; no dio información alguna y se transformó en un emblema de entereza y resistencia. Fidel Castro, en su alegato “La historia me absolverá”, enalteció su actitud, señalando que “nunca antes el nombre de la mujer cubana había sido colocado tan alto en heroísmo y dignidad”. Desde la clandestinidad, también colaboró en la reagrupación de las fuerzas revolucionarias y en la preparación del alzamiento del 30 de noviembre de 1956.

La conformación de la revolución cubana ha estado marcado por la figura de mujeres como Celia Sánchez Manduley quien organizó la red clandestina de campesinos que permitió la supervivencia de la guerrilla dirigida por Fidel Castro (líder de la revolución cubana) luego del desembarco del Yate Granma.
Celia se destacó en la creación del batallón femenino Mariana Grajales, que operaba en la zona de La Plata, Sierra Maestra, como apoyo a la retaguardia guerrillera. Este hecho demostró que las mujeres cubanas también podían ocupar posiciones de combatientes guerrilleras en los enfrentamientos contra las fuerzas militares de la tiranía batistiana.
Luego del triunfo de la Revolución fue secretaria del Consejo de Estado, diputada al Parlamento, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y miembro de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas. Conocida como la flor autóctona de la Revolución.

Vilma Espín Guillois es recordada como una “mujer para todos los tiempos”, cuyo legado perdura en la memoria histórica de Cuba. Heroína de excepcional talla, se erigió como guía, educadora y compañera leal, dejando una huella imborrable marcada por su alegría y talento en cada obra emprendida por el pueblo. Vilma comenzó su trayectoria política sumándose al movimiento “La Invasión Constitucional de Oriente a Mantua”, que exigía el restablecimiento de la Constitución de 1940. Tras el asalto al Cuartel Moncada, su hogar sirvió de refugio y apoyo a quienes se ocultaban tras la represión desatada por la tiranía.
Asumió como Coordinadora provincial del Movimiento 26 de Julio, donde se responsabilizó del abastecimiento de los frentes guerrilleros. Desde entonces, organizó, gestionó y dirigió numerosas acciones, estableciendo una red de mensajería con la participación decidida de otras mujeres y hombres de la región oriental. En junio de 1958 se incorporó al Ejército Rebelde en el II Frente Oriental Frank País, donde se convirtió en una legendaria combatiente y en la coordinadora eficaz entre la lucha clandestina en Oriente y las operaciones del Frente, función que desempeñó hasta el triunfo de 1959.
Tras la victoria revolucionaria, colaboró estrechamente con ministerios, instituciones y la comunidad científica en proyectos experimentales que, entre otros logros, propiciaron la creación de dos nuevas carreras universitarias, demostrando así su sensibilidad y compromiso con la formación del capital humano de la nación.
La Federación de Mujeres Cubanas ha desempeñado un papel fundamental como entidad rectora de las políticas dirigidas a las mujeres, impulsando iniciativas, propuestas y la materialización de leyes importantes para su beneficio y el de las familias, incorporando un enfoque de género incluso antes de que este fuera una categoría formalmente establecida.

