“Malvinas hoy es una base militar”: la mirada crítica de Rodolfo Carrizo sobre la actualidad argentina

El presidente del CECIM, Rodolfo Carrizo, repasa el legado de Malvinas, el presente de los veteranos y las cuentas pendientes del Estado.

La cuestión Malvinas vuelve a instalarse en el centro del debate público argentino. 

En ese contexto,Diario la R accedió a Rodolfo Carrizo, referente de excombatientes y presidente del CECIM La Plata, ofrece una mirada crítica sobre el presente político, el rol del Estado y el lugar que ocupa la causa en la agenda nacional.

“Hoy Malvinas ya no es una isla con presencia militar: es directamente una base militar”, resume Carrizo, a partir de su reciente visita al archipiélago. Su afirmación no es menor: describe un territorio altamente militarizado, con desarrollo tecnológico, radarización y control estratégico del Atlántico Sur y la proyección hacia la Antártida.

Carrizo advierte que esta situación refuerza el carácter geopolítico de las islas. “No solo hay presencia militar visible, sino también un sistema de control que abarca recursos pesqueros, petróleo y comunicaciones. Es un dominio integral del territorio”, sostiene.

Pero su preocupación no se limita al plano internacional. También apunta con dureza a la política exterior del actual gobierno argentino, al que acusa de romper con una tradición histórica en relación a Malvinas. “Hay una posición claudicante. Se priorizan alianzas con Estados Unidos e Israel por sobre una política soberana que históricamente buscó apoyos globales”, afirma.

En ese sentido, menciona decisiones recientes en organismos internacionales que, según su visión, debilitan el reclamo argentino. “Se han tomado posturas que nos alejan de países que siempre acompañaron nuestra causa, como los de África. Eso rompe consensos históricos”, agrega.

Para Carrizo, el problema es más profundo: implica una redefinición del lugar de Malvinas en la política nacional. “No es solo una cuestión territorial, es una cuestión de identidad, de soberanía y de modelo de país”, señala.

En su análisis, también vincula la actualidad con la historia reciente. Retoma la figura de Rodolfo Walsh y su denuncia durante la última dictadura militar para reflexionar sobre la guerra de 1982. “Fue parte de una estrategia de un gobierno que buscaba sostenerse en el poder. Eso hoy está reconocido parcialmente, pero todavía falta una comprensión más profunda”, sostiene.

El dirigente identifica tres ejes preocupantes en la gestión actual: el debilitamiento del Congreso, la redistribución regresiva de recursos y el alineamiento internacional. “Se gobernó al margen del Parlamento, se transfirieron recursos de los sectores más vulnerables a los más concentrados y se establecieron alianzas que condicionan la soberanía”, enumera.

En ese marco, destaca el valor estratégico del territorio argentino, incluyendo su proyección marítima y antártica. “Argentina es mucho más que su territorio continental. Tiene una riqueza enorme en el Atlántico Sur, que podría ser clave para el desarrollo”, afirma.

Sin embargo, advierte una contradicción estructural: “Somos un país con enormes recursos naturales, pero con altos niveles de pobreza. Malvinas también interpela esa realidad”.

Sobre la percepción social, reconoce que existe un fuerte consenso simbólico en torno a la soberanía. “Todos los argentinos sienten que las Malvinas son argentinas. Eso es importante. Pero hay que profundizar ese sentimiento con conocimiento y conciencia”, plantea.

En relación a los excombatientes, Carrizo señala que hubo avances en materia de reconocimiento estatal, especialmente a partir de mediados de los 2000, con pensiones y cobertura social. No obstante, advierte que persisten dificultades. “Hoy la situación general es compleja para todos los trabajadores, y nosotros no estamos ajenos a eso”, indica.

También insiste en una distinción clave: “Nosotros no nos consideramos ‘veteranos’ en el sentido militar. Somos ex combatientes, soldados civiles que cumplíamos el servicio obligatorio. No fuimos en las mismas condiciones ni volvimos de la misma manera”.

En ese punto, denuncia hechos graves ocurridos durante la guerra, como torturas a soldados por parte de superiores. “Hay más de 100 denuncias y ninguna condena. Es una deuda enorme de la justicia argentina”, afirma.

Según explica, estas causas siguen abiertas, pero sin avances significativos. “Ni siquiera hay procesamientos. Eso habla de una resistencia dentro de las propias estructuras militares”, sostiene.

El testimonio también aborda la posguerra, marcada por el abandono estatal y la falta de contención. “Volvimos con 19 años, sin apoyo psicológico, sin reconocimiento, en un contexto muy difícil. Muchos compañeros quedaron en situaciones muy vulnerables”, recuerda.

En cuanto a la memoria, Carrizo plantea una posición activa: “No alcanza con homenajear un día. La memoria se construye discutiendo, hablando, diciendo la verdad”.

Esa mirada se expresa también en su rechazo a ciertos rituales tradicionales, como fue la vigilia del 2 de abril. “Tiene un perfil militar que no compartimos. Nuestra forma de recordar es desde la memoria, la verdad y la soberanía”, explica.

En cambio, promueven actividades abiertas a la comunidad, como la convocatoria a dejar una flor en homenaje a los caídos. “Cada nombre representa un proyecto de vida truncado. Jóvenes que querían ser médicos, trabajadores, padres. Eso es lo que se perdió”, reflexiona.

Finalmente, Carrizo insiste en la necesidad de sostener el debate. “Malvinas no puede ser solo una consigna o una canción. Tiene que ser una causa viva, que nos interpele como sociedad”, concluye.

A más de cuatro décadas de la guerra, su mensaje es claro: la memoria no es sólo recuerdo, sino también presente y futuro. Y en ese camino, la soberanía sigue siendo una discusión abierta.

 

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4 Comentarios

  1. Siempre se apoderaron de las islas estratégicas del mundo. Controlan el paso del Atlántico Sur adueñándose de las Malvinas. Controlan el paso por África controlando Santa Elena y Isla Ascensión al noroeste. Controlan el paso del mediterráneo con el robo a España de Gibraltar. Y así puedo seguir, son un montón de mierda de una isla de mierda que quieren controlarlo todo. Ojalá que se bajo el mar de una vez por el bien del mundo, por lo menos Inglaterra que tienen de esclavos a los demás en esa isla del tamaño de Uruguay.

  2. Siempre se apoderaron de las islas estratégicas del mundo. Controlan el paso del Atlántico Sur adueñándose de las Malvinas. Controlan el paso por África controlando Santa Elena y Isla Ascensión al noroeste. Controlan el paso del mediterráneo con el robo a España de Gibraltar. Y así puedo seguir, son un montón de mierda de una isla de mierda que quieren controlarlo todo. Ojalá quede bajo el mar de una vez por el bien del mundo, por lo menos Inglaterra que tienen de esclavos a los demás en esa isla del tamaño de Uruguay.

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