Los medicamentos GLP-1 (agonistas del receptor del péptido similar al glucagón-1), como Ozempic (semaglutida), Wegovy, Mounjaro (tirzepatida) y otros similares, han revolucionado el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad. Su capacidad para reducir el apetito, ralentizar el vaciamiento gástrico y mejorar el control glucémico ha llevado a una pérdida de peso significativa en muchos pacientes, con reducciones que pueden oscilar entre el 10% y el 20% del peso corporal. Sin embargo, los expertos en geriatría y endocrinología advierten que su uso en adultos mayores de 65 años requiere una evaluación cuidadosa, ya que el envejecimiento trae cambios fisiológicos que pueden amplificar los riesgos y efectos secundarios.
La pérdida muscular, conocida como sarcopenia, es uno de los principales preocupaciones. La reducción rápida de peso que provocan estos fármacos no solo elimina grasa, sino que también puede afectar la masa muscular, lo que aumenta el riesgo de caídas, fragilidad y dependencia funcional en personas mayores. Este deterioro muscular puede comprometer la movilidad y la calidad de vida, haciendo que actividades cotidianas como caminar o subir escaleras se vuelvan más difíciles y peligrosas.
Los problemas gastrointestinales son también frecuentes. Náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento aparecen en una proporción significativa de usuarios. En adultos mayores, estos síntomas pueden derivar rápidamente en deshidratación, desnutrición o desequilibrios electrolíticos, condiciones que ya son más comunes en esta población debido a una menor reserva fisiológica y posibles comorbilidades.
Otro riesgo importante es la hipoglucemia. Aunque estos medicamentos tienen un menor riesgo de bajar excesivamente el azúcar en sangre en comparación con la insulina, cuando se combinan con otros antidiabéticos el peligro aumenta, especialmente en pacientes con deterioro renal, que es común en personas de edad avanzada. Un episodio de hipoglucemia puede provocar confusión, caídas o incluso pérdida de conciencia.
Los efectos cardiovasculares y renales merecen atención especial. Algunos estudios muestran beneficios en la salud cardiovascular, pero en adultos mayores con múltiples comorbilidades es fundamental monitorear de cerca la función renal y cardíaca, ya que estos fármacos pueden influir en ambos sistemas. La pérdida ósea es otro aspecto relevante: la reducción rápida de peso puede acelerar la osteoporosis, aumentando el riesgo de fracturas, una de las principales causas de discapacidad en la tercera edad.
A pesar de estos riesgos, para pacientes mayores con obesidad severa o diabetes mal controlada, los GLP-1 pueden mejorar significativamente la calidad de vida, reducir complicaciones cardiovasculares y facilitar la movilidad. La clave está en la individualización del tratamiento. Los expertos recomiendan una evaluación geriátrica integral antes de iniciar la terapia, que incluya función cognitiva, estado nutricional, masa muscular y densidad ósea. Es aconsejable comenzar con dosis bajas y titular lentamente, realizar controles frecuentes de peso, hidratación y función renal, e incorporar ejercicio de fuerza para preservar músculo. Además, se debe asegurar una ingesta proteica adecuada y considerar suplementos si es necesario.

