El 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Lejos de tratarse de una fecha festiva o simbólica, es una instancia de reivindicación de derechos. ¿Estamos garantizando efectivamente la igualdad de oportunidades para todas las personas?
Para la psicóloga e integrante de la Comisión de Amigos del Centro Tiburcio Cachón, Verónica Orrico, el eje central del debate pasa por comprender que “lo importante es entender que, tanto desde el gobierno como desde la sociedad, debemos intentar disminuir todas las barreras que impiden la participación plena de las personas con discapacidad”.
La discapacidad no es una cuestión individual ni privada. Es un fenómeno social, político y cultural, profundamente atravesado por las decisiones que se toman -o no se toman- en materia de políticas públicas, accesibilidad, educación, trabajo y derechos humanos.
Orrico señaló además que “hoy en día tenemos un 6,6% de la población con discapacidad, lo cual es bastante”. A partir de ese dato, planteó que el verdadero desafío no pasa por “integrar” a las personas a estructuras que históricamente han sido excluyentes, sino por transformar el propio sistema para que incorpore la diversidad desde su concepción y funcionamiento.
En ese sentido, explicó que la conmemoración de esta fecha busca visibilizar las diferencias existentes en la sociedad y reafirmar la necesidad de garantizar igualdad de oportunidades para todas las personas.
Educación: el eslabón más frágil
La educación inclusiva sigue siendo una de las grandes deudas estructurales del país. Y no por falta de voluntad, sino por falta de formación, recursos y planificación.
Según Orrico, «en Uruguay, a nivel universitario y terciario, hay escasa formación en discapacidad en las carreras. Los profesionales salen sin saber cómo manejarse con las distintas discapacidades». Esta carencia se traduce en aulas donde los docentes no cuentan con herramientas suficientes para acompañar a niños y niñas con discapacidad. Además, agregó que «por más que tengan buena voluntad, solo con la voluntad no alcanza, se necesita capacitación».

En esa misma línea, una encuesta realizada entre docentes que utilizan la plataforma CREA del Plan Ceibal reveló que el 70% declaró no tener conocimientos para hacerla accesible a estudiantes con discapacidad visual, motriz o intelectual.
A la falta de formación docente se suma la escasez de apoyos especializados. Orrico advirtió que “hay pocos maestros de apoyo” y que, desde el Sistema Nacional de Cuidados, las listas de espera son extensas, lo que limita el acceso oportuno a estos recursos. En consecuencia, explicó que muchos niños y niñas no logran contar con los apoyos necesarios en tiempo y forma, una situación que termina retrasando su inserción y permanencia en el sistema educativo.
Barreras que persisten
Las personas con discapacidad enfrentan, de manera cotidiana, múltiples obstáculos que limitan su autonomía y el ejercicio de sus derechos.
Para Orrico, las barreras físicas son las más visibles: veredas en mal estado, edificios sin rampas ni ascensores, transporte público inaccesible o baños que no permiten el ingreso de una silla de ruedas. Se trata de obstáculos que no solo afectan a las personas con discapacidad, sino también a personas mayores, familias con niños pequeños o quienes transitan situaciones temporales de movilidad reducida.
También identificó las barreras comunicacionales, que dificultan el acceso a la información y a la comunicación. Materiales educativos sin lectura fácil, videos sin audiodescripción o sitios web incompatibles con lectores de pantalla son ejemplos frecuentes.
En este plano, resulta relevante destacar la incorporación, en la legislación pasada, del artículo 88 de la Ley de Presupuesto Nº 19.924, que obliga a los organismos del Estado a cumplir con los estándares internacionales de accesibilidad digital, bajo la supervisión de la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (Agesic).
Finalmente, Orrico advirtió que las barreras actitudinales o culturales son las más difíciles de erradicar. Estas se expresan en estereotipos, prejuicios, sobreprotección e infantilización; «a veces se trata a la persona con discapacidad con mucha condescendencia, como si fuera un niño«, y subrayó la importancia de reconocer la autonomía y capacidad de decisión de cada persona.
En ese marco, Orrico indicó que la inclusión no puede pensarse únicamente como una responsabilidad del Estado. “Todos, desde nuestro lugar, podemos romper barreras y generar más inclusión”, afirmó, y remarcó que los cambios reales se alcanzan cuando la sociedad en su conjunto se involucra y asume un compromiso activo.
Desde esa perspectiva, el Mes de la Discapacidad no debería reducirse a una conmemoración anual, sino convertirse en una interpelación constante a revisar prácticas, políticas públicas y miradas, porque la garantía de derechos no es un acto de buena voluntad, es una obligación democrática.


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