Nacer en el quirófano: más del 51% de los partos terminan en cesárea y en el sector privado la cifra supera el 70%

En un país atravesado por el desplome histórico de la natalidad, la vía por la que los bebés llegan al mundo enciende severas alarmas sanitarias.

La OMS establece que las cesáreas epidemiológicamente justificadas no deberían superar el 10% o 15% del total de nacimientos.

Investigaciones de la Universidad de la República y reportes epidemiológicos del Ministerio de Salud Pública advierten sobre las consecuencias biológicas de la sobremedicalización de la gestación, mientras las profundas asimetrías entre la salud pública y el mutualismo privado exponen la urgencia de devolverle la centralidad fisiológica a la mujer.

La forma en que las nuevas generaciones llegan al mundo se transformó en un objeto de estudio crítico para la salud pública. Los registros oficiales consolidados a través del Certificado de Nacido Vivo Electrónico del Ministerio de Salud Pública (MSP) confirman una tendencia alarmante: más del 51% de los partos registrados en el territorio nacional se ejecutan mediante intervención quirúrgica.

Esta cifra no sólo coloca a Uruguay en el podio internacional de intervencionismo obstétrico, sino que lo distancia drásticamente de los parámetros internacionales fijados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece que las cesáreas epidemiológicamente justificadas no deberían superar el 10% o 15% del total de nacimientos. La pronunciada brecha entre la atención brindada por la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) y los prestadores privados del mutualismo —donde en diversas instituciones entre siete y ocho de cada diez nacimientos ocurren sobre una mesa de operaciones.

Uruguay atraviesa un fenómeno demográfico caracterizado por la caída acelerada de su tasa global de fecundidad, la cual se ubica marcadamente por debajo de la tasa de reemplazo generacional fijada en 2,1 hijos por mujer.

Sin embargo, a menor número absoluto de gestaciones en el país, mayor es el porcentaje de nacimientos que se resuelven mediante laparotomía abdominal.

Más del 51% de los partos registrados en el territorio nacional se ejecutan mediante intervención quirúrgica.

En la cultura popular, la consulta sobre la vía de nacimiento suele percibirse como un detalle organizativo o una preferencia logística sin mayores implicancias de fondo. Sin embargo, la cesárea no es una variante higiénica o rápida del parto, sino una intervención quirúrgica mayor que requiere anestesia local o general y la incisión metódica de siete capas de tejido abdominal y pélvico.

El problema de salud pública surge cuando el procedimiento se banaliza y se aplica de forma profiláctica, electiva o inducida por la comodidad de los cronogramas institucionales.

Reportes clínicos del sistema sanitario indican que una proporción relevante de los ingresos de mujeres jóvenes a Unidades de Cuidado Intensivo (CTI) durante el puerperio inmediato se vincula a complicaciones derivadas de cirugías abdominales obstétricas de urgencia o mal indicadas.

El bebé que nace mediante cesárea programada antes del inicio espontáneo del trabajo de parto no experimenta la descarga fisiológica de hormonas del estrés positivo (como las catecolaminas) ni el drenaje mecánico del líquido amniótico de sus pulmones que ocurre durante el pasaje por el canal vaginal.

En relación con la salud reproductiva futura, cada intervención quirúrgica sobre el miometrio genera una cicatriz permanente que condiciona las gestaciones posteriores. Las mujeres con antecedentes de cesáreas previas presentan un riesgo sustancialmente más elevado de sufrir placenta previa, acretismo placentario —condición donde la placenta se adhiere o invade la pared muscular del útero provocando hemorragias cataclísmicas en el alumbramiento— y rotura uterina durante futuros intentos de parto.

La probabilidad de que una mujer termine en una mesa de operaciones está condicionada en gran medida por la puerta de entrada al sistema de salud que utiliza.

En el sector público administrado por ASSE, la tasa media nacional de cesáreas se ubica significativamente por debajo del sector mutual.

En la cima del intervencionismo quirúrgico se posicionan las instituciones del mutualismo privado y los seguros de salud. En diversos centros de asistencia médica, el porcentaje global de cesáreas supera holgadamente el 60%, registrándose instituciones donde la cifra alcanza picos superiores al 70% o 75%.

Por el contrario, en el sector público administrado por ASSE, la tasa media nacional de cesáreas se ubica significativamente por debajo, rondando el 43%, con variaciones regionales.

Un trabajo de parto fisiológico en una mujer primigesta es un evento biológico dinámico e impredecible que puede extenderse entre 12 y 24 horas de evolución continua. Este proceso requiere la presencia de personal capacitado de forma ininterrumpida, disponibilidad de salas de nacer confortables y una alta dosis de paciencia clínica. En contraposición, una cesárea programada es un procedimiento altamente estructurado que se ejecuta en aproximadamente 45 a 60 minutos, permitiendo a las instituciones maximizar el uso del quirófano, prever con exactitud las altas médicas y organizar la agenda de guardia de los profesionales de la salud.

Frente a complicaciones eventuales durante un parto vaginal prolongado, muchos equipos de guardia optan por indicar una cesárea al menor indicio de enlentecimiento o duda, utilizando la cirugía como un escudo de protección legal más que como una necesidad clínica genuina.

Influye de forma determinante la falta de acceso garantizado y oportuno a métodos de alivio del dolor, en particular la analgesia epidural.

El Hospital de Clínicas implementó un sistema de auditoría continua sobre cada indicación quirúrgica obstétrica, complementado con la jerarquización del trabajo de las obstetras-parteras en la atención de guardia y la adopción de la clasificación de Robson —el estándar internacional promovido por la OMS para evaluar y comparar las tasas de cesárea de forma homogénea—.

La maternidad universitaria logró reducir de manera sostenida sus tasas de cesáreas sin registrar ningún incremento en las tasas de asfixia perinatal, trauma obstétrico o morbimortalidad materna. Este modelo confirma que la restitución del parto fisiológico es una meta realizable cuando existe voluntad médica e institucional.

La cesárea fue, es y seguirá siendo una bendición de la ciencia médica para preservar la vida cuando la naturaleza enfrenta un obstáculo insuperable. Sin embargo, su transformación en una herramienta de conveniencia corporativa, logística o financiera.

El desafío en materia de salud reproductiva consiste en transformar de raíz la arquitectura asistencial que mercantilizó y deshumanizó el parto. Devolverle a la mujer la confianza en su potencial biológico, garantizar condiciones dignas de atención y respetar los tiempos de la vida son tareas urgentes para construir una salud pública a la altura de las necesidades del siglo XXI.

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