La iniciativa abrió una discusión profunda dentro del sistema sanitario, en el ámbito universitario y también a nivel político. En ese escenario surgió Medicina con Libertad una agrupación integrada por estudiantes de Medicina, estudiantes, residentes, docentes y egresados vinculados a la salud que decidió manifestar públicamente su desacuerdo con la metodología planteada por el proyecto.
Lucía Aguilar y Martina Cambre —estudiantes de la Universidad de la República— explicaron las razones que llevaron a conformar el colectivo, los cuestionamientos que observan en la propuesta y las dificultades estructurales que, entienden, atraviesa hoy el sistema sanitario uruguayo.
El nacimiento de una agrupación
Martina Cambre relata que la agrupación surgió casi de forma espontánea, impulsada por la necesidad de generar un espacio propio de discusión entre quienes viven diariamente el proceso de formación médica.
“Sentimos que la postura que se estaba transmitiendo públicamente no representaba lo que muchos estudiantes pensábamos. Ahí apareció la necesidad de organizarnos y crear una agrupación que estuviera enfocada exclusivamente en analizar este proyecto y plantear otra visión”, explicó.
Lucía Aguilar, estudiante de primer año de Medicina, se integró prácticamente desde el inicio. “Conocí la agrupación apenas se había formado y enseguida sentí que era importante involucrarme. Esto afecta directamente nuestra formación, nuestras condiciones de estudio y también nuestro futuro profesional”, afirmó.
Con el correr de las semanas, el movimiento comenzó a crecer y a sumar integrantes de distintos perfiles vinculados al sistema sanitario.
“Se fue formando algo muy heterogéneo. Hay estudiantes de diferentes años, docentes, trabajadores de la salud, personas del interior y de Montevideo. Eso hace que la discusión sea mucho más rica porque aparecen distintas experiencias y distintas realidades”, sostuvo Cambre.
“El problema existe, pero no cualquier solución sirve”
Las estudiantes remarcaron en varios momentos de la entrevista que reconocen plenamente la problemática del acceso desigual a especialistas en el interior del país. Sin embargo, entienden que la respuesta no puede construirse únicamente desde la imposición legal.
“La falta de especialistas en el interior es una realidad y nadie la niega. El tema es que no cualquier solución necesariamente va a funcionar. Hay medidas que incluso pueden terminar agravando el problema”, advirtió Aguilar.
Según señalaron, muchos estudiantes provenientes del interior comparten esa preocupación. “La mayoría de los estudiantes de Medicina somos del interior. Nosotros conocemos perfectamente esa realidad porque la vivimos. Pero justamente por eso creemos que el sistema primero tiene que prepararse antes de obligar a las personas a ir a determinados lugares”, afirmó Cambre.
“La devolución social ya existe”
Uno de los ejes más sensibles del debate es la idea de que quienes estudian en la universidad pública deben “devolverle algo a la sociedad” luego de graduarse. Las estudiantes cuestionaron esa visión simplificada y sostuvieron que el aporte social ya ocurre durante todo el proceso de formación. “Nosotros ya sostenemos gran parte del funcionamiento del sistema de salud público. Muchas veces quien atiende primero a un paciente es un residente o un estudiante avanzado”, expresó Cambre.
Aguilar agregó que incluso durante los años iniciales de la carrera los estudiantes participan activamente en tareas vinculadas al sistema sanitario. “Hacemos entrevistas, historias clínicas, trabajo territorial, acompañamiento en policlínicas y hospitales. Hay una participación constante dentro del sistema de salud”, explicó.
También remarcaron que estudiar Medicina implica costos económicos y personales muy importantes que muchas veces quedan invisibilizados en el debate público. “Existe la idea de que estudiar en la universidad es gratis y eso no es real. Hay costos de transporte, materiales, alimentación, alquileres y muchísima gente tiene que trabajar mientras estudia”, señalaron. Además, recordaron que existen internados y residencias honorarias, es decir, espacios donde se trabaja sin remuneración.
“No es verdad que el estudiante solamente estudia y después empieza a trabajar. Hay muchísimas instancias donde ya existe un aporte concreto al sistema”, remarcaron.

El choque con la realidad sanitaria
Durante la entrevista, ambas estudiantes hicieron especial énfasis en las experiencias vividas durante las prácticas en territorio, donde toman contacto directo con realidades sanitarias muy diferentes a las de Montevideo. “Cuando empezás a recorrer policlínicas y distintos puntos del país te encontrás con carencias enormes. Faltan especialistas, equipamiento, estudios clínicos y a veces incluso infraestructura básica”, explicó Aguilar. Cambre relató su experiencia personal en una pequeña localidad del interior.
“En algunos lugares hay policlínicas con un solo consultorio, sin radiología, sin laboratorio, sin ecografías. Entonces surge la pregunta: ¿cómo pretendemos enviar especialistas si no existe la estructura mínima para que puedan trabajar?”, cuestionó. Las estudiantes entienden que el problema no puede analizarse únicamente desde la cantidad de médicos disponibles. “No es solo un problema de especialistas. Hay un problema estructural del sistema de salud. Incluso en Montevideo existen especialidades con demoras de meses o más de un año para conseguir consulta”, indicaron.
Regionalizar antes que descentralizar
Uno de los conceptos que más defendieron durante la entrevista fue la necesidad de avanzar hacia una regionalización sanitaria antes que hacia una descentralización improvisada. “La regionalización implica generar centros de referencia fuertes en distintos puntos del país, con tecnología, especialistas y capacidad real de atención, acompañados por redes de policlínicas y atención primaria”, explicó Cambre.
Según señalaron, este modelo permitiría evitar una dispersión ineficiente de recursos. “No se trata de poner un especialista aislado en cualquier lugar. Se trata de construir redes regionales sólidas que puedan funcionar realmente”, afirmaron. En ese sentido, también destacaron el potencial de la telemedicina como herramienta complementaria. “Muchas consultas iniciales podrían resolverse mediante telemedicina, reduciendo tiempos de espera y evitando traslados innecesarios”, explicó Aguilar.

“La obligatoriedad no soluciona el problema”
El aspecto más cuestionado del proyecto es la obligatoriedad asociada al ejercicio profesional una vez obtenido el título. “El título representa años de estudio, sacrificio y formación. No puede transformarse en una herramienta de coerción”, afirmó Cambre. Los estudiantes consideran que el proyecto modifica las reglas de juego una vez culminada la carrera. “Estamos hablando de trayectorias de siete, diez o incluso quince años de formación. Mucha gente trabaja, tiene hijos, forma familia y organiza su vida alrededor de esa carrera”, señalaron.
También cuestionaron que la medida se aplique únicamente a Medicina. “¿Por qué sólo los médicos? El Estado necesita profesionales en muchísimas áreas. Arquitectos, ingenieros, docentes, psicólogos. No entendemos por qué se plantea exclusivamente sobre nuestra profesión”, expresaron.
El problema del arraigo
Otro de los puntos planteados durante la entrevista refiere al arraigo territorial y al vínculo humano que se construye en el ejercicio de la Medicina. “El médico necesita generar confianza y conocer las problemáticas de la comunidad donde trabaja. Eso lleva años”, explicó Cambre. Según indicaron, imponer traslados obligatorios y temporales podría terminar debilitando precisamente ese vínculo que resulta fundamental en la atención sanitaria. “El médico de referencia es quien conoce la historia del paciente, su entorno y las problemáticas locales. Eso no se construye en dos años de obligación”, sostuvieron.
Salud mental y desgaste profesional
Las entrevistadas también pusieron sobre la mesa el impacto psicológico que atraviesan estudiantes y trabajadores de la salud. “La Medicina es una carrera extremadamente exigente. Hay guardias largas, estrés constante, multiempleo y una enorme carga emocional”, expresó Aguilar. Cambre agregó que existe una preocupación creciente respecto al desgaste mental dentro del sistema sanitario.
“Hay altos niveles de burnout, ansiedad y problemas de salud mental. Agregar más presión obligatoria sobre un sistema humano que ya funciona al límite puede empeorar todavía más la situación”, advirtió.
“Queremos participar de las soluciones”
Pese a las críticas, ambas insistieron en que la agrupación no busca bloquear la discusión sobre el acceso a la salud en el interior. “No queremos poner palos en la rueda. Queremos participar en la construcción de soluciones reales y sostenibles”, afirmaron. Actualmente el colectivo mantiene reuniones con legisladores, integrantes de la Comisión de Salud y distintos actores vinculados al sistema sanitario. Además, buscan concretar una instancia de diálogo con el diputado Federico Preve.
“Lo importante es que exista discusión y que todas las partes involucradas puedan ser escuchadas. Nadie conoce mejor las dificultades del sistema que quienes estudian y trabajan dentro de él todos los días”, concluyeron. Para las estudiantes, el centro del debate no debería limitarse a la obligatoriedad, sino a la construcción de un sistema sanitario más sólido, equilibrado y verdaderamente integrado. “La discusión no es si hay que mejorar la salud en el interior. La discusión es cómo hacerlo, con qué infraestructura y con qué planificación. Porque si el sistema no está preparado, una ley por sí sola no va a resolver el problema”, finalizaron.


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