Nutrición veterinaria: Balance entre el calcio y el fósforo para las mascotas con edades avanzadas

El envejecimiento de los animales de compañía ha transformado por completo las dinámicas de alimentación

Las mascotas longevas requieren cambios en la alimentación

El envejecimiento de los animales de compañía ha transformado por completo las dinámicas en los hogares y en las clínicas veterinarias. Hoy en día, gracias a los avances en la medicina preventiva y a una mayor conciencia sobre el bienestar animal, los perros y gatos alcanzan edades biológicas impensables hace algunas décadas. Sin embargo, este aumento en la longevidad plantea nuevos desafíos metabólicos y nutricionales.

Uno de los mitos más arraigados entre los tutores, y que hoy enciende las alarmas de los expertos en nutrición animal, es la creencia de que las mascotas ancianas necesitan un aporte extra de calcio para proteger su estructura ósea.

La evidencia clínica actual sostiene una tesis radicalmente opuesta, una suplementación descuidada o una dieta desbalanceada, con niveles elevados de este mineral en la etapa senior, no solo es innecesaria, sino que puede acelerar patologías graves y comprometer la expectativa de vida del animal.

En la medicina humana, la suplementación con calcio es una recomendación frecuente para combatir la osteoporosis en la tercera edad. El error común radica en trasladar de forma lineal esa pauta a la biología de los carnívoros domésticos.

A diferencia de las personas, los perros y gatos ancianos no sufren de forma sistemática un proceso de desmineralización ósea que requiera un aumento en la ingesta de calcio, a menos que existan patologías específicas como el hiperparatiroidismo.

Especialistas recomiendan mantener el balance entre el calcio y el fósforo

Balance entre el calcio y fósforo

La clave de la nutrición en la vejez no reside en la abundancia, sino en la precisión exacta de una balanza entre la relación del calcio y el fósforo. En el organismo animal, ambos minerales operan en un equilibrio constante.

Los expertos señalan que la proporción ideal es que la comida tenga casi la misma cantidad de calcio que de fósforo, permitiendo como máximo un 30% más de calcio para mantener sus huesos sanos.

Romper esta equivalencia matemática desencadena un efecto dominó peligroso. Este escenario se observa con frecuencia en las dietas caseras crudas o cocidas que carecen de supervisión profesional. La carne es un alimento sumamente rico en fósforo y muy pobre en calcio.

Si un tutor alimenta a su mascota mayor con un exceso de carne sin el balance adecuado, el organismo, en un intento desesperado por equilibrar la sangre, se ve obligado a extraer calcio de los propios huesos del animal, debilitándose de forma paradojal.

Por otro lado, si la balanza se inclina hacia el otro extremo por un exceso de suplementos de calcio, se genera una interferencia directa en la absorción de otros oligoelementos vitales, como el zinc, el hierro y el magnesio, debilitando el sistema inmunitario del paciente geriátrico.

El principal argumento para mantener un estricto control sobre los niveles de estos minerales es la salud renal. La insuficiencia renal crónica es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en felinos y caninos gerontes. Los riñones envejecidos pierden la capacidad de excretar de manera eficiente el exceso de fósforo y calcio.

La retención de fósforo en la sangre activa hormonas que dañan aún más el tejido renal remanente, acelerando el deterioro del órgano. Por este motivo, los alimentos comerciales diseñados específicamente para la categoría senior o las dietas terapéuticas para la vejez se caracterizan por una reducción controlada y estratégica de estos minerales, garantizando el mínimo necesario para el mantenimiento celular pero evitando a toda costa la sobrecarga de la función renal.

La longevidad con calidad de vida requiere desaprender viejas costumbres analógicas en la alimentación de nuestras mascotas. Antes de modificar la dieta de un compañero de vida que transita su vejez, un análisis de sangre y orina en el consultorio veterinario sigue siendo la única herramienta capaz de dictar la receta exacta que sus órganos necesitan.

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