El presidente Yamandú Orsi convocará a reuniones individuales a las principales figuras de las colectividades políticas tras suspenderse la mesa de diálogo colectivo originalmente planificada en la Torre Ejecutiva. La modificación en el esquema de trabajo se produjo a raíz de la solicitud de postergación efectuada por el presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado, decisión motivada por las divergencias surgidas en torno a los informes parlamentarios y las declaraciones públicas referidas a las responsabilidades institucionales en el caso Cardama.
Pese a la cancelación del encuentro general, la agenda del mandatario contempla audiencias de carácter bilateral con el secretario general del Partido Colorado, Andrés Ojeda, el líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, y el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, al tiempo que se gestiona la coordinación del espacio de intercambio con el referente del Partido Independiente, Pablo Mieres. Por su parte, la representación del Partido Nacional declinó su participación en esta instancia de diálogo.
El propósito central de las audiencias consiste en recopilar las perspectivas de las diversas fuerzas del espectro político nacional en forma previa al viaje oficial del jefe de Estado para intervenir ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. La iniciativa gubernamental procura evaluar el posicionamiento del país frente a las tensiones comerciales y los conflictos geopolíticos internacionales, manteniendo los canales de consulta institucional con los actores parlamentarios antes de las exposiciones en los foros multilaterales.


El partido Blanco deja de lado el interés nacional poniendo encima actitudes personalistas que aparentemente son para ellos más importantes que cualquier otra cosa.
Podríamos aquí crear el concepto de «egoísmo político» que en vez de poner la política al servicio del país cuando debe dar cara al exterior, pues da prioridad a intereses sobre materias de administración interna como lo son conflictos y enfrentamientos políticos y partidarios. Porque en verdad ¿que tiene que ver la Asamblea General de las Naciones Unidas con los botes de Cardama?
Esto no hace más que reafirmar la falta de verdadero oficio y la inmadurez política de quienes están hoy al frente de un partido tradicional de trayectoria centenaria.
Ejemplos diarios hay a montones cuando vemos individuos de las más dispares ideologías y demostrada animosidad política reunidos al momento de considerar posiciones para la representación de su país en instancias de nivel internacional.
A veces son difíciles de entender las actitudes injustificables de esta clase de lacra social que dice representar a un sector de la población. Y uno puede estar seguro de que si se consulta a gente de ese sector estarían por cierto de acuerdo en comentar su posición y discutir los temas que el representante del país lleve al foro internacional.
Estos elementos que se niegan al diálogo arguyendo temas ajenos a la representación del país, deberían acuñarse más como patrioteros que viven en un mundo que no va más allá de su nariz en vez de verdaderos patriotas con un sentido claro de la nación multipolar en la que viven y del nivel de responsabilidad que conlleva el manifestar la posición del país en el foro más importante del planeta.
Al final uno se pregunta, pero ¿qué clase de uruguayos son…? ¿en qué mundo fantasioso viven cuando temas de nivel internacional son desplazados por una actitud de damisela ofendida?