La reciente situación vivida durante el clásico entre Peñarol y Nacional, marcada por la caída de una bengala náutica en el palco de prensa, ha dejado al descubierto una realidad inquietante que no podemos seguir ignorando. Es hora de hablar claro: el partido debería haberse suspendido ante tal acto de violencia. Sin embargo, no se hizo, y esto nos lleva a una profunda reflexión sobre nuestra complicidad en la violencia que ha escalado hasta convertir el entorno del fútbol en un verdadero caos de seguridad.
Es un secreto a voces que detrás de la pasión por el fútbol hay un entramado oscuro que involucra a personas que dirigen las barras bravas y organizan negocios ilícitos, como la venta de drogas dentro de los estadios. Estos individuos no solo manejan el negocio de los estacionamientos en los alrededores, sino que también están detrás de los viajes al exterior para seguir a los clubes en torneos internacionales. Es alarmante que muchas de estas personas, que no tienen empleo formal, sobrevivan gracias a las actividades delictivas vinculadas al fútbol, convirtiendo el aguante en un oficio.
La realidad es que, en muchos casos, los propios dirigentes de los clubes contribuyen al financiamiento de estas bandas, al parecer más preocupados por mantener el control y la lealtad de los hinchas que por proteger la integridad del espectáculo y de los asistentes. Se dice que los dirigentes temen a las barras bravas, pero si este es el caso, deberían renunciar a sus cargos, ya que su omisión los convierte en cómplices de los delincuentes que actúan bajo la fachada de la hinchada.
Desde el Ministerio del Interior, la retórica es siempre la misma, independientemente del partido político que esté en el poder. Se lavan las manos afirmando que se trata de un espectáculo público organizado por privados, como si la responsabilidad cayera únicamente en los clubes. Esta postura no solo es irresponsable, sino que perpetúa la situación en lugar de abordarla de manera efectiva.
Personalmente, creo que las reuniones que se llevan a cabo con el propósito de discutir estas problemáticas acaban siendo meras formalidades, sin un compromiso real para encontrar soluciones. Los dirigentes, en su mayoría, se convierten en los primeros delincuentes, ya que eligen ignorar la verdad y encubrir los problemas que enfrentamos.
Además, no podemos pasar por alto la implicación de ciertos abogados penalistas que representan a los dos grandes clubes del país. Es inquietante saber que sus carteras de clientes incluye desde barras bravas hasta narcotraficantes, lo que sugiere un conflicto de intereses que no debería ser aceptable en un sistema que se supone debe proteger a la sociedad.
Es momento de dejar de lado las palabras vacías y hablar en serio. Todos, incluidos los periodistas, tenemos una responsabilidad en esta situación. Nuestras manos están manchadas de sangre, y es imperativo que reconozcamos nuestra parte en este entramado. Solo así podremos empezar a construir un futuro en el que el fútbol vuelva a ser un espectáculo que una a las personas en lugar de dividirlas y poner en riesgo su seguridad. La lucha contra la violencia en el deporte debe ser una prioridad, y es hora de que todos asumamos nuestra parte en esta batalla.


Totalmente de acuerdo. Y las dirigencias de los equipos de fútbol son TODOS tan delincuentes como los delincuentes que apañan. Porque además están las redes llenas de energúmenos que después de lo sucedido continúan arengando a los fanáticos y la repartición policial responsable NO HACE NADA por identificarlos. Parece que por desidia, incapacidad u «órdenes» llegadas desde arriba, (léase desde el poder político), no pueden llevar ante la justicia a quienes realizan apología de la violencia en redes. Y parecen haber «olvidado» que la victima otra vez ha sido un compañero de trabajo.
La Policia hace lo que le ordenan, porque es una organización jerárquica por las dudas no lo sabemos. Asi como en Brasil los Barrasbravas fueron a la carcel en Uruguay se los protege desde las altas esferas de gobierno
TOTALMENTE DE ACUERDO CON EL PERIODISTA BLANCO SOMMARUGQA !!!!!!!
Los barras son una creación de los dirigentes. Ahora no saben -algunos que quieren hacer las cosas bien- cómo sacárselos de encima. La amenaza siempre presenta los invalidad. Los otros dirigentes los respaldan. Tiene «empleos» en los clubes, viajes gratuitos, impunidad, defensa legal de calidad , patente de corso para vender droga en estadio…Los días de partido entran a la hora que quieren, entran al estadio lo que quieran, se han ganado a pulmón el miedo que les tiene la policía…Ahora Nacional descarta responsabilidad en el atentado contra este policía. Dice que es obra de un «infiltrado». Por favor. Nacional no le dará ni un paquete de caramelos al agente herido,porque hacerlo sería reconocer la responsabilidad. Todo indica que no pasará nada y la sangre no llegara al río. Por lo menos la sangre de dirigentes y clubes. Quitarán un punto y suspenderá la cancha por una fecha. Y gracias. El que disparó la bengala seguirá yendo como si nada y la próxima vez puede probar suerte con una bazooka. Seguramente nadie lo verá ingresar al estadio con el arma a cuestas.
No sería extraño que en un futuro los barra bravas presenten algún delegado en las directivas que les tienen miedo.
Aporto además de lo planteado en el editorial, el hecho que FIFA ah impuesto que la Justicia no puede intervenir en los temas de de as Federaciones, tienen un Fuero que le cuestionamos a los politicos pero nada se dice de ese factor. FIFA hace cambiar leyes o hacer que un país las evada por organizar un campeonato de fútbol/
En Brasil la Policia Federal pone a los Barrabravas en la carcel por lo menos a los urugaayos
Y les da palitos
Parece ser la mejor manera de que, a través de sistemas empresariales apoyados por fanatismos delincuenciales, se eche a perder un lindo deporte como es el fútbol.