Uruguay dio un paso decisivo en el desarrollo de tratamientos de vanguardia contra el cáncer con la firma de un convenio entre el Ministerio de Salud Pública (MSP) y el Hospital de Clínicas, que permitirá impulsar la producción de terapias celulares avanzadas en el país. El acuerdo, concretado este miércoles 8, habilita la puesta en marcha del Centro de Producción de Terapias Avanzadas (Ceprotea), una infraestructura estratégica que busca acercar a la población tecnologías médicas de última generación.
La ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, definió este avance como “un salto cualitativo para el país”, al tiempo que remarcó el objetivo de garantizar el acceso equitativo a tratamientos innovadores. “Este gobierno tiene como objetivo llegar con salud de calidad y oportuna a todos los que la necesiten”, subrayó durante la firma.
El acuerdo establece los criterios generales de funcionamiento del Ceprotea, un centro que se enfocará en el desarrollo de terapias celulares innovadoras, particularmente orientadas a tratar cánceres hematológicos como linfomas y leucemias. Estas terapias, que ya han mostrado resultados prometedores a nivel internacional, comienzan ahora a consolidarse como una alternativa concreta dentro del sistema de salud uruguayo.
El director del Hospital de Clínicas, Álvaro Villar, explicó que el convenio permite aprovechar un laboratorio de alta tecnología ya instalado dentro del hospital, equipado para desarrollar este tipo de tratamientos. Según detalló, se trata de una de las técnicas más avanzadas que tendrá el país.
La terapia celular consiste en extraer linfocitos T del propio paciente —células del sistema inmunológico— y modificarlos genéticamente en laboratorio para que sean capaces de reconocer y atacar células tumorales. Luego, esas células son reintroducidas en el organismo con el objetivo de combatir la enfermedad.
“En muchos casos permite controlar la enfermedad e incluso lograr curaciones”, afirmó Villar, quien destacó que esta tecnología ya ha mostrado resultados muy positivos en experiencias internacionales y en aplicaciones locales iniciales.

En Uruguay, uno de los antecedentes más relevantes ha sido el trabajo realizado en la Fundación Pérez Scremini, donde se aplicaron terapias similares en niños con ciertos tipos de leucemia, con evolución favorable.
Uno de los ejes centrales del acuerdo es garantizar que estas terapias no queden restringidas a unos pocos pacientes, sino que puedan integrarse al sistema de salud con criterios de equidad. En ese sentido, las autoridades remarcaron el rol del Estado en la producción y regulación de tratamientos de alto costo.
Lustemberg enfatizó que, a diferencia de otros países donde estas terapias son desarrolladas por el sector privado con fines comerciales, en Uruguay se apuesta a una estrategia pública que permita universalizar el acceso. “La gestión pública es la única forma de alcanzar la equidad en el acceso”, sostuvo.
El modelo uruguayo, basado en el Sistema Nacional Integrado de Salud, ofrece un marco favorable para la incorporación de tecnologías complejas, al combinar financiamiento solidario con regulación estatal. En este contexto, el rol del Instituto Nacional de Donación y Trasplante (INDT) resulta clave, tanto en la supervisión ética como en la garantía de calidad de los procesos.
Un desarrollo con años de historia
La creación del Ceprotea no es un hecho aislado, sino el resultado de un proceso que se remonta a más de una década. Según explicó la directora del INDT, Adriana Tiscornia, los antecedentes se ubican a comienzos de los años 2000, cuando comenzaron a gestarse proyectos vinculados a la ingeniería celular y la medicina regenerativa.
En 2017 se firmó un primer acuerdo marco entre las instituciones, y en 2023 se inauguró el laboratorio con los estándares necesarios para operar bajo normas de buenas prácticas de manufactura. Estas condiciones son imprescindibles para la producción de terapias avanzadas, que requieren ambientes altamente controlados en términos de temperatura, presión, limpieza y seguridad.
“El trabajo de estos años ha sido asegurar que se cumplan todos los estándares de calidad y formar los equipos humanos necesarios”, explicó Tiscornia. La firma del nuevo convenio marca, según indicó, el paso definitivo hacia la operatividad del centro.
Desde el Hospital de Clínicas se destacó el papel de la institución como motor de innovación dentro del sistema de salud. Villar subrayó que el carácter universitario del hospital implica una responsabilidad adicional en el desarrollo de nuevas tecnologías y en la formación de profesionales.
“El hospital universitario tiene que estar a la altura de promover la innovación”, afirmó, al tiempo que señaló que la concentración de recursos humanos y tecnológicos permite abordar procesos complejos como las terapias celulares.
Además, el desarrollo de estas terapias se articula con otras líneas de trabajo, como los trasplantes de médula ósea y la incorporación de tecnologías como la cirugía robótica o la radioterapia avanzada, en el marco de una transformación más amplia del hospital.
Desde el punto de vista clínico, la incorporación de terapias celulares representa una respuesta a situaciones donde los tratamientos convencionales no han sido suficientes. La profesora de Hematología de la Universidad de la República, Sofía Grille, destacó que estas terapias apuntan a pacientes con enfermedades que no responden adecuadamente a la quimioterapia o incluso a los trasplantes.
“Vienen a cubrir una necesidad médica insatisfecha”, señaló, y agregó que los resultados observados a nivel mundial muestran tasas de respuesta “muy prometedoras”. Las terapias CAR-T, en particular, han revolucionado el abordaje de ciertos cánceres hematológicos al introducir una estrategia basada en la inmunoterapia personalizada. Este enfoque no solo abre nuevas posibilidades de tratamiento, sino que también plantea desafíos en términos de formación médica, ya que requiere capacitación específica para manejar sus efectos y complicaciones.
Según estimaciones del Hospital de Clínicas, la implementación de estas terapias comenzará en un plazo de entre tres y cuatro meses, una vez que se completen los procesos de adquisición de equipamiento y capacitación del personal.

