El mundo del cine despide hoy a una de sus voces más audaces y espirituales: Sally Kirkland, la actriz, productora y activista que desafió las normas de Hollywood con una carrera de seis décadas falleció a los 84 años.
Nacida el 31 de octubre de 1941 en Nueva York, Sally Kirkland Jr. heredó de su madre –también llamada Sally y editora de moda en Vogue y Life– un gusto por el glamour y la experimentación artística.
Su filmografía, que supera los 250 créditos, es un tapiz de roles secundarios que destilaban intensidad: la astuta confidente en The Sting (1973) junto a Paul Newman y Robert Redford; la madre excéntrica en Edtv (1999) con Matthew McConaughey; o la enigmática Rose Cheramie en JFK (1991) de Oliver Stone. Pero fue Anna, dirigida por Yurek Bogayevicz, la que la catapultó al estrellato tardío. Interpretando a una actriz checa envejecida luchando por sobrevivir en Nueva York, Kirkland no solo ganó el Globo de Oro a la Mejor Actriz Dramática en 1988.

