En Uruguay, hay una tendencia que se repite con obstinación cada vez que se anuncia una nueva obra pública: la ceremonia del exitismo.
“La globalización no ha traído la supuesta interdependencia, sino una acentuación de la dependencia. Lejos de globalizarse la riqueza, se ha extendido la pobreza. El desarrollo ni se ha generalizado ni se ha compartido. Por el contrario, el abismo entre el Norte
Montevideo arrastra un problema estructural con la basura que trasciende gobiernos, partidos y gestiones municipales.
Todos ya sabemos cómo actúa el picudo rojo: no se ve llegar, no hace ruido, y cuando uno empieza a notar que la palmera está enferma, ya es demasiado tarde.
Se acercan las fiestas y, mientras el país se llena de luces, mesas servidas y discursos oficiales de optimismo, la otra mitad de Uruguay sigue contando monedas para llegar a enero.
La disputa global se profundiza al interpelar el concepto mismo de productividad.
