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Síndrome del intestino irritable y la dieta como aliada para aliviar síntomas

Hinchazón, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento son algunos de los síntomas del síndrome del intestino irritable, un trastorno funcional digestivo que afecta a un porcentaje significativo de la población. La dieta FODMAP, diseñada para reducir el consumo de ciertos carbohidratos fermentables, ha demostrado mejorar los síntomas en el 70 u 80 por ciento de los casos.

El síndrome del intestino irritable es un trastorno funcional digestivo que se caracteriza por hinchazón, dolor o molestias abdominales

El síndrome del intestino irritable es un trastorno funcional digestivo que se caracteriza por hinchazón, dolor o molestias abdominales y alteraciones en el hábito deposicional, que pueden manifestarse como estreñimiento, diarrea o una combinación de ambos. También se lo conoce como colitis mucosa, colon espástico o colon irritable.

El diagnóstico se basa en la presencia de dolor o molestias abdominales recurrentes, asociados a cambios en la frecuencia o consistencia de las deposiciones, durante al menos tres días al mes y con una duración mínima de tres meses. Se distinguen tres subtipos: predominio de estreñimiento, predominio de diarrea o alternancia de ambos.

Aunque no se conocen con exactitud las causas, se ha observado una relación con alteraciones en la microbiota intestinal, con un aumento de bacterias como Escherichia coli y una disminución de bifidobacterias y lactobacillus. El estrés, aunque no se considera una causa directa, puede agravar los síntomas al alterar la comunicación entre el sistema digestivo y el cerebro.

La dieta FODMAP ha demostrado mejorar los síntomas en el 70 u 80 por ciento de los casos.

La alimentación juega un papel clave en el manejo del síndrome. La intervención dietética con mayor respaldo científico es la dieta FODMAP, desarrollada por la Universidad de Monash en Australia. Esta sigla hace referencia a carbohidratos de cadena corta que se absorben mal en el intestino delgado y que, al fermentar en el colon, pueden generar gases, distensión y otros síntomas.

La dieta FODMAP no es un plan definitivo, sino un proceso estructurado. En una primera fase, se excluyen durante aproximadamente seis semanas los alimentos ricos en fructosa, lactosa, fructanos, galactanos y polioles. Luego, bajo supervisión profesional, se reintroducen progresivamente para identificar aquellos que cada persona tolera y en qué cantidades.

Entre los alimentos que suelen desencadenar síntomas se encuentran el alcohol, el café, los refrescos, el chocolate, las verduras crudas y flatulentas como la col, el brócoli o la coliflor, la cebolla, las legumbres, los lácteos con lactosa y los productos ultraprocesados. También se recomienda limitar el consumo de frutas como manzana, pera, melocotón, ciruela, uva y fruta desecada, así como edulcorantes como el sorbitol y el xilitol.

En cambio, se pueden incluir cereales como el arroz, el maíz, el trigo sarraceno, el mijo y la quinoa. También carnes no procesadas, pescado, huevos, lácteos sin lactosa y quesos curados. Y algunas hortalizas como zanahoria, judías verdes, endivias, tomate y pimiento. Frutas como el plátano, el melón cantaloupe, los arándanos y la mandarina suelen ser mejor toleradas.

Cada persona responde de manera diferente, por lo que el asesoramiento individualizado es clave. Un profesional de la nutrición puede guiar el proceso y evitar restricciones innecesarias que comprometan el aporte de nutrientes.

Mantener una buena hidratación es fundamental, especialmente en episodios de estreñimiento o diarrea. Se recomienda una ingesta de alrededor de dos litros de agua al día.

La actividad física moderada y regular puede mejorar la distensión abdominal, facilitar el tránsito intestinal. Y reducir el estrés y la ansiedad, factores que suelen acompañar al síndrome. En personas con predominio de diarrea, el ejercicio de alta intensidad puede requerir ajustes. El tabaco y el alcohol también pueden dañar la mucosa intestinal y agravar los síntomas, por lo que se aconseja evitar su consumo.

El síndrome del intestino irritable no tiene una solución única. La dieta FODMAP, bien aplicada y supervisada, ofrece una herramienta eficaz para muchas personas. Pero no se trata de eliminar alimentos de forma indiscriminada, sino de aprender a escuchar al cuerpo y a identificar los desencadenantes personales. Con el acompañamiento adecuado, es posible recuperar la calidad de vida y reducir la incertidumbre que genera esta condición.

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