TV Ciudad: información fragmentada, trabajadores en incertidumbre y una reestructura que abre más preguntas que respuestas

El silencio de Mario Bergara,es silencio institucional como ruido político,como el del MPP con M24. Aparecen gestos públicos que exponen la grieta humana del proceso.

Intendente de Montevideo, Mario Bergara.

La reestructura que enfrenta TV Ciudad ordenada por Mario Bergara intendente colocado en acuerdo por el MPP y avalado por los Montevideanos no solo es un movimiento administrativo: es un espejo de algo más profundo y más estructural. Mientras la nueva gestión de la Intendencia de Montevideo —con Mario Bergara como figura visible del cambio político— avanza hacia una reorganización del canal municipal, los trabajadores denuncian que el proceso se ha desarrollado con opacidad, con datos que se conocen fuera antes que dentro, y con un clima laboral que oscila entre la incertidumbre y la ansiedad.

La Asociación de Empleados y Obreros Municipales (Adeom) fue clara al manifestar su solidaridad: lo que atraviesa el canal es “delicado y triste”. Pero su comunicado va más allá de la empatía. Apunta directamente a la dirección del medio por negar información a quienes sostienen la operación diaria del canal, mientras los detalles que no llegaron a las reuniones internas circularon con naturalidad por la prensa.

Ese señalamiento no es menor. En tiempos en que lo público exige transparencia como valor fundante, que sean los trabajadores los últimos en enterarse de posibles recortes, programas discontinuados o nombres en listas de desvinculación resulta, como mínimo, contradictorio con el concepto de gestión democrática de la comunicación.

La reforma llega sin un relato claro. Y cuando no hay relato, crece el temor.

Adeom recuerda que desde hace dos meses los trabajadores preguntan por su futuro y que la fecha del 28 de noviembre se instaló como una frontera: allí se sabría qué programas continúan y qué empleos quedarían en el camino. Sin embargo, al filo de ese plazo, la información sigue incompleta y fragmentada. Se suceden reuniones, pero no hay certezas. Se mencionan cifras, pero sin confirmación oficial. Se habla de una reestructura “ordenadora”, pero sin explicar qué orden se busca construir.

El resultado está a la vista: alrededor de 30 trabajadores podrían quedar fuera, según estimaciones internas difundidas por Adeom. Treinta historias laborales, treinta fuentes de ingreso, treinta personas que hoy —sin claridad ni diálogo formal pleno— experimentan el temor más básico del mundo del trabajo: el de perderlo todo sin comprender por qué.

Si un canal municipal debe defender su sentido público, este debería ser justamente el lugar donde los procesos sean claros, donde la información no sea privilegio sino insumo común, donde los trabajadores sean socios del cambio y no espectadores tardíos de una decisión tomada en otro lado.

Nada sucede en el vacío. El cambio de administración en la IMM siempre implica ajustes, prioridades nuevas, miradas distintas sobre el gasto, la comunicación y el rol de los medios públicos. Pero la forma importa tanto como el fondo, y esta transición ha dejado más ruido que certezas.

Lo que Adeom denuncia —información reservada para la prensa antes que para la interna— erosiona la confianza y transforma lo que podría ser una discusión técnica en un conflicto social. La lógica comunicacional se invierte: aquello que debería ser diálogo se convierte en rumor; aquello que debería ser anuncio se filtra como versión; aquello que podría explicarse se vive como amenaza.

El canal , por definición, no debería gestionar cambios con lógica de empresa privada, donde la reserva y el hermetismo son herramientas habituales. TV Ciudad no solo comunica contenidos: comunica valores a través de sus formas de gestión.

La Asociación de Empleados y Obreros Municipales (Adeom) fue clara al manifestar su solidaridad: lo que atraviesa el canal es “delicado y triste”.

Aparecen gestos públicos que exponen la grieta humana del proceso

La despedida del último programa de La Aldea, a cargo de Diego González, fue una muestra de esa grieta. Frente a cámaras —el lugar donde la comunicación es inevitable y el silencio imposible— el periodista dedicó el cierre a sus compañeros que quedaron fuera del aire y expresó solidaridad con quienes atravesaron el proceso en carne viva. Sin hoja de ruta oficial, ese gesto fue editorial en sí mismo: una toma de posición frente al desconcierto colectivo.

¿Qué queda por discutir?

Más que el número de despidos o la continuidad de la grilla, lo que hoy se discute es el sentido.
¿Para qué quiere Montevideo un canal público?
¿Para ampliar voces o para ajustar presupuestos?
¿Para garantizar diversidad o para achicar el costo del vínculo laboral?
¿Para modernizar sin consultar o para transformar con la gente adentro?

La tarea de la nueva administración puede ser legítima, pero la legitimidad no sustituye al diálogo. Si TV Ciudad no logra explicar hacia dónde va, será difícil que quienes lo construyen día a día lo acompañen en el camino.

Porque un medio se defiende no solo por lo que emite.

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3 Comentarios

  1. BUENA SINTESIS ACERCA DEL CANAL… REALMENTE NO SE COMPRENDE (NI AHORA NI NUNCA) LA EXISTENCIA DE «TV CIUDAD» UN COSTO QUE PAGAMOS TODOS LOS MONTEVIDEANOS Y SOLO FUE UTIL COMO COMITE DE BASE POLITICO, ALIMENTADO POR LOS AFANES DE GRANDEZA DE LA ANTERIOR INTENDENTE A QUIEN LOS DINEROS PUBLICOS LA TUVIERON SIN CUIDADO, EN TODO LUGAR QUE ESTUVO, DILAPIDO MILLONES DE DOLARES SOLO AMPARADA POR SU AFAN DE «UN ACTO EGOISTA Y SUPERFLUO.. PERO ELLA NO FUE LA UNICA LAS ANTERIORES «HELADERAS» HICIERON SOCIALISMO CON LOS CAPITALINOS, ACOMODORANO GENTE SIRVIO COMO GENERACION DE AMIGUISMO Y NEPOTISMO……. EN SINTESIS UN CANAL «COMPA» SIMILAR AL MONUMENTO AL SANTO PEDO (ARENA)

  2. Mario, por favor olvidate un poco de la TV y mandá un camión con pintura para marcar la sendas de la rambla, principal vía de turismo, se viene la temporada, dale que no falta nada.

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