Embajador de México

Vicente Muñiz héroe solidario

Uruguay acaba de rendir un justo homenaje al ex Embajador Vicente Muñiz de México. Era, y a lo mejor sigue siendo, una deuda pendiente. Hoy un monumento, cercano al castigado Mercosur, le recordara por siempre. Eso no emite, más bien nos obliga a contarles a los más jóvenes quién fue y cuántas vidas salvó era los toas difíciles.

Cuando la gente empezaba a dispersarse, logré confundirme en un abrazo con varios Urumex (uruguayos exiliados en México), con algunos representantes mexicanos en Uruguay, en especial con Sergio Sierra Bernal y el Presidente de la Comisión de nomenclator de la Junta Departamental de Montevideo, Diego Revetia, fueron mis granos de arena. Se empezaba a saldar la deuda contraída durante la vida.

Conocí al Embajador Muñiz a fines del 74 cuando tras posponer el festejo tradicional del 16 de setiembre, lo celebró más sobre fin de año en la hoy sede del Mercosur. Seregni, que había estado preso desde el julio del 73 y que volvería a estarlo de enero del 75 a 1984, estaba libre y fue invitado. Tuve el honor de estar presente.

En determinado momento el General Vadora, se aproxima y le dice a Muñiz que la presencia de Seregni no era de agrado de las autoridades. En perfecto mexicano, Don Vicente le responede: “Pos si que lo es de mi agrado, no sabe el gusto que me ha dado saber que aceptaba la invitación”. Cuando Vadora insiste descubre que un diplomático mexicano jamás va a ceder a una presión de ese tipo y desiste en que le “desinviten”.

Para sorpresa de muchos, de golpe, todas las autoridades civiles y militares (no me gusta el término cívico sino civil, para calificar la dictadura) se fueron. Al Embajador no se le movió un músculo. Pero resulta (tragicómico) que el “catering” había sido contratado al Club Naval cuyos empleados también se fueron, siguiendo órdenes superiores. Se fueron los mozos que servían…

Sin inmutarse el Embajador y su personal diplomático, empezó a tomar las bandejas con tragos y comida y servían a los invitados. Rápidamente se mezclaron los roles e invitados y anfitriones cumplan juntos la misión. Lo que pretendió ser un boicot de la dictadura terminó siendo un ejemplo de dignidad diplomática que nos hizo sentir muy gratificados a los presentes.

Le esperaban a Muñiz desafíos más importantes. Un par de días después de la recepción me recibió en las oficinas de la Embajada en el Edificio Ciudadela. Yo preparaba un viaje con mi padre, ya exiliado en Buenos Aires. No estaba en mi idea, que ello sería el inicio de mi propio exilio. Pero así fue. Yo fije mi regreso para el 17 de mayo del 76 y horas antes, poco después de verles, secuestraron a Zelmar y Toba. 

El viaje con papá sería Venezuela (con la ayuda del Embajador Julio Ramos), México, razón de mi visita y EEUU que quedaba en manos de amigos americanos, sin intervención, obviamente de la embajada. Toba había estado en el Parlamento Europeo, Zelmar en el Tribunal Russell y el viejo quería hacer lo suyo.

El Embajador Muñiz me dijo que formalizaría las solicitudes de entrevistas solicitadas, pero me recomendaba mucho al Secretario de Patrimonio Francisco Javier Alejo. Muy poco después, ya en México, el propio Lic. Alejo nos confirmaba que al día siguiente nos recibirá el Presidente Luis Echeverría Alvarez. La entrevista fue el 20 de noviembre del 75.

Yo le agradecí la ayuda del Embajador y nos dio dos noticias: una era que había muerto Franco (teníamos familiares Aldunate exiliados republicanos españoles en México) y la segunda: “ya que menciona al Embajador Muñiz, hoy han ingresado dos perseguidos a su casa, a quienes ya hemos otorgado asilo político: Carlos Puchet y Carlos Borches”. ¡Quién hubiera pensado que en pocos meses serían cientos y cientos de cientos!

El Embajador llegó a pernoctar en el Hotel Bristol por la cantidad de aislados que desbordaban las instalaciones de su casa. El dirigente blanco Horacio Polla vivía en Cartagena 1633, fondo con fondo con la Embajada, y taló el cerco para que muchos pudieran burlar la custodia. Futuros exiliados corrían por su jardín y saltaban al de la Embajada de México.

Como si todo ello fuera poco, un gran amigo mío quiso asilarse en la “Cancillería Mexicana”, como hemos dicho en Plaza Independencia. Cada vez se ponían más dificultades. Y este amigo terminó detenido por la custodia policial, en la puerta de la sede diplomática, violando normas internacionales y una hermosa tradición diplomática uruguaya. 

El Embajador salió a la puerta y tras breve discusión con los custodios uruguayos, abrió sus piernas y el potencial refugiado ingresó pasando entre su piernas. Así de jugado fue lo suyo.

Cuando se dificultó mucho el ingreso normal la sede diplomática, buscó otras vías. Así algunos lustres uruguayos comenzaron a colaborar con él identificando potenciales asilados y avisándole por códigos pre establecidos dónde debería ir a buscarles. 

Tal fue el caso de dos patriotas que pasaron a escribir de las mejores páginas de la dignidad ciudadanía. A uno de ellos le costó la vida: El Almirante Oscar Lebel (hoy una calle de Nueva Helvecia lleva su nombre) y el desparecido icónico Julio Castro.

Así México se fue transformando en la capital del exilio uruguayo. Con el tiempo (1980) se transformaría en la sede de la Convergencia democrática en Uruguay. Para ese entonces, el Galpón, Camerata de Punta del Este, Alfredo Zitarrosa etc. habían institucionalizado su presencia en Mexico.

Hablar del Embajador Muñiz, sin referirse a Luis “el Colo” Echave seria algo… incompleto. El Colo dedicó su vida a recibir los exiliados, sin quitarle tiempo por ello, a su permanente y obstinada lucha antidictatorial. Su relación directa con el Lic. Jesús Reyes Heroles, hacían muy eficaz su imborrable labor. ¡Otro con quien todavía estamos en deuda!

El miércoles 1º de diciembre del 82, la CDU le hizo un homenaje al Embajador Muñiz en un prestigioso y céntrico Hotel de México. Un desayuno, para ser más preciso. Tan importante era, que, apenas a días de las elecciones internas en Uruguay, Wilson viajo especialmente para participar del mismo y hacer uso de la palabra. Se sentó entre el y el coló en una mesa donde además estaban Diego Achard, Carlos Martínez Moreno, Marta Fábregas, José Luis Blasina, entre otros.

“Hoy le homenajeamos mirándole a los ojos con los nuestros humedecidos por la emoción. Pero tenga la seguridad querido Embajador, que usted ha escrito una página en la historia de nuestro país que este nunca olvidará”.

El monumento inaugurado en la Rambla el MIÉRCOLES 23 DE NOVIEMBRE del año pasado, es parte de aquella profecía, o el deber histórico contraído. Ahora nos toca a todos los que tenemos algo que recordar sobre él saber cómo, cuándo y de qué modo trasmitírselo a las generaciones más jóvenes. 

2 Comentarios

  1. Querido Juan Raúl, te sugiero que leas La embajada indoblegable… editado por Fin de siglo y el ICP y veas el documental Más allá del reglamento … editado por el Instituto Mora. Son pequeños homenajes a Don Vicente. Ya tienen algunos años. En México también promovimos homenajes, incluso en su propio pueblo, Churintzio. Abrazos grandes.

  2. que importante es rendir homenaje a estos luchadores de la libertadad y dignidad de los pueblos debemos difundir estos valores para conocimiento de las nuevas generaciones cuando la humanidad esta siendo atacada por los fascistas con actitudes malvadas como las de los ultimos dias de partidarios de bolsonaro pidiendo dictadura

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