En un movimiento diplomático inesperado, el presidente chino Xi Jinping llamó por teléfono a su homólogo estadounidense Donald Trump para tratar varios asuntos estratégicos, entre ellos las declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sobre Taiwán, así como la guerra entre Rusia y Ucrania. Ambos gobiernos describieron la conversación como “positiva”.
Según fuentes oficiales chinas, Xi sostuvo que la reincorporación de Taiwán al territorio chino es “una parte importante del orden internacional de posguerra”, recordando además que China y Estados Unidos lucharon juntos contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Durante la llamada, pidió a Trump mantener el impulso diplomático después del reciente encuentro entre ambos en Corea del Sur.
Por su parte, Trump confirmó que hablaron “sobre muchos temas, incluyendo Ucrania/Rusia, el fentanilo, la soja y otros productos agrícolas”. Según la prensa estadounidense, parte de la conversación se centró también en el comercio y en la búsqueda de una eventual solución al conflicto entre Rusia y Ucrania.
Durante la llamada, Xi reiteró la invitación a Trump para visitar Beijing, y el estadounidense aceptó y podría ocurrir en abril de 2026. En respuesta, el magnate invitó a Xi a realizar una visita de Estado a Washington posteriormente ese mismo año. Desde la Casa Blanca, Trump describió la relación con China como “extremadamente fuerte” tras la conversación, aunque en su comunicado público no dio muchos detalles sobre Taiwán.
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, a través de su portavoz Mao Ning, dijo que la conversación duró aproximadamente una hora y fue “positiva, amistosa y constructiva”. Él remarcó que tanto Xi como Trump intercambiaron puntos de vista sobre asuntos de interés mutuo y que esta comunicación es “vital para el desarrollo estable” entre los dos países.
Además, los líderes discutieron la situación en Ucrania. China ha tratado de posicionarse como un actor neutral que apoya “esfuerzos de paz”, mientras que Trump busca impulsar un acuerdo que ponga fin al conflicto.

Tensiones entre Japón y China
La llamada entre Xi Jinping y Donald Trump se produjo en un momento de alta tensión diplomática entre China y Japón. En este contexto, el líder comunista aprovechó su conversación con su homólogo para solicitar respaldo internacional.
Desde hace varios días, Beijing ha exigido una retractación a la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, aliada política de Trump, quien el 7 de noviembre advirtió que Japón podría usar la fuerza militar en caso de una contingencia en el estrecho de Taiwán. Sus declaraciones surgieron durante una sesión del comité presupuestario de la Cámara de Representantes de la Dieta.

“Si hablamos de buques de guerra y del uso de la fuerza, no importa cómo se plantee, podría constituir una situación que amenace la supervivencia de Japón”, afirmó Takaichi. La reacción de Pekín fue inmediata: el Ministerio de Asuntos Exteriores calificó sus palabras de “erróneas y peligrosas”, una “grave violación del derecho internacional” y una injerencia directa en los asuntos internos chinos. Beijing exigió una retractación inmediata y advirtió que cualquier interferencia japonesa en Taiwán resultaría en una ‘derrota aplastante’.
La escalada diplomática también tuvo impacto práctico. Además de las críticas oficiales, China adoptó medidas de presión económica y diplomática, incluida la suspensión masiva de vuelos entre Beijing y Tokio tras emitir recomendaciones de viaje desfavorables para Japón, afectando rutas que operaban con regularidad.
El presidente estadounidense, que hasta el momento no había fijado una posición pública sobre las declaraciones de Takaichi, se convirtió en un interlocutor clave en medio del deterioro de la relación chino-japonesa.

