Xiè xiè, China: cuatro meses entre la tradición milenaria y la vida del futuro

Con la finalización del programa periodístico CIPCC, se cierra un ciclo de aprendizaje, descubrimiento y experiencia en el gigante asiático.

La historia de China se remonta a más de 5.000 años y esa profundidad se percibe en cada rincón del país. No se trata solo de libros, museos o templos: la tradición sigue viva y convive, de manera casi natural, con una de las sociedades más tecnológicamente avanzadas del planeta. Con más de 1.400 millones de habitantes y una superficie cercana a los 9,6 millones de kilómetros cuadrados, el país más poblado del mundo es también uno de los más diversos y complejos de comprender.

Gracias al programa de intercambio periodístico del Centro de Comunicación de Prensa Internacional de China (CIPCC), y junto a Diario La R, tuvimos la oportunidad de recorrer parte del gigante asiático durante cuatro meses. Fue una experiencia que permitió mirar a China desde adentro, más allá de los estereotipos, y comprender cómo la tradición, la innovación y la vida cotidiana se entrelazan en un mismo espacio.

Uno de los primeros impactos es visual: templos de antiguas dinastías conviven con rascacielos, trenes de alta velocidad y tiendas de tecnología de marcas globales como Apple o Xiaomi. Esa convivencia no es forzada; forma parte del ADN de un país que ha logrado proyectarse hacia el futuro sin renunciar a su pasado. En ese proceso, el trabajo colectivo aparece como una de las claves del modelo chino. La innovación no se concibe de manera individual, sino como un esfuerzo común que luego se traduce en desarrollo económico y tecnológico, hoy exportado a gran parte del mundo.

China ya no es solo una “fábrica global”, sino también un líder en productos de alta tecnología. El país avanza con inversiones estratégicas en inteligencia artificial, hidrógeno, fusión nuclear y computación cerebro-máquina, con la mira puesta en consolidarse como potencia científica y tecnológica hacia 2030. Ese futuro, sin embargo, ya se siente en el presente: en hoteles y fábricas de producción masiva es habitual ver robots asistentes trabajando codo a codo con el talento humano, así como taxis autónomos y un uso extendido de la inteligencia artificial en la vida cotidiana.

La vida diaria está profundamente atravesada por la tecnología. Aplicaciones como Alipay permiten pagar absolutamente todo, desde un café hasta el transporte público, mientras que WeChat funciona como una plataforma integral que combina mensajería, pagos, redes sociales y servicios. En pocas semanas, tareas que en otros países requieren múltiples trámites aquí se resuelven con el teléfono celular. La eficiencia es una constante, tanto en las grandes ciudades como en los centros urbanos más pequeños.

Otro aspecto que sorprende es la planificación urbana con enfoque sostenible. El sistema de bicicletas compartidas, disponible en prácticamente todas las ciudades, permite alquilar una en cualquier punto y circular por carriles exclusivos a muy bajo costo. Esto no solo reduce el tráfico, sino que también mejora la calidad de vida y el tiempo de traslado de millones de personas. En la misma línea, las políticas gubernamentales que impulsan el uso de vehículos eléctricos hacen que algunas de las ciudades más pobladas del mundo resulten, al mismo tiempo, notablemente silenciosas.

Más allá de Beijing, el CIPCC permitió recorrer lugares como Shanghái, Cantón, Xizang (Tíbet), Wuxi, Chongqing, Suzhou y Hainan. En todas ellas se percibe el contraste permanente entre historia y modernidad. En Suzhou y Wuxi, por ejemplo, se preservan lagos con más de dos mil años de historia, hoy integrados a proyectos de turismo sostenible. En Xizang, el Palacio Potala, las montañas nevadas y la fuerte impronta religiosa muestran una región que crece sin perder su identidad, incluso mientras el desarrollo avanza.

En el otro extremo, metrópolis como Shanghái o Chongqing deslumbran por su escala, sus rascacielos y su ritmo vertiginoso. Pero China no es solo grandes ciudades: provincias insulares como Hainan ofrecen un clima tropical durante todo el año, playas de calidad y se posicionan como nuevos destinos turísticos de Asia.

La experiencia también implica adaptación. El idioma, las costumbres, la forma de comunicarse y el ritmo de vida presentan desafíos, especialmente para quienes llegan desde América Latina. Sin embargo, la amabilidad de la gente, la curiosidad por los extranjeros y los gestos cotidianos de hospitalidad facilitan ese proceso. La barrera lingüística, aunque presente, se vuelve manejable gracias a la tecnología y al esfuerzo mutuo por entenderse.

Desde una mirada periodística, China invita a repensar narrativas. Contar el país desde la experiencia directa permite matizar prejuicios y complejizar el análisis. No es un territorio homogéneo ni fácil de explicar en blanco y negro: es un país de contrastes, de tensiones, de planificación a largo plazo y de una fuerte identidad cultural que atraviesa cada decisión.

Tras cuatro meses en China, la sensación es clara: no se trata solo de un destino para visitar, sino de un país que desafía ideas preconcebidas y obliga a mirar el mundo desde otra perspectiva. Entre la tradición milenaria y la vida del futuro, China se presenta como una experiencia profunda, intensa y transformadora, tanto a nivel personal como profesional. Por todo esto, China es una nación que vale la pena conocer si se tiene la oportunidad: una experiencia que, para muchos, se siente como “viajar a otro planeta”.

Cierre del CIPCC

Más de 100 periodistas provenientes de más de 90 países participaron en el acto de clausura del programa CIPCC, realizado en el salón principal del Hotel Crowne Plaza de Beijing. El emotivo cierre incluyó palabras de las autoridades del programa, quienes destacaron la producción de más de 7.000 piezas periodísticas realizadas por los participantes a lo largo de los cuatro meses.

Asimismo, un representante de cada región del mundo presente en el CIPCC expresó su agradecimiento y coincidió en que la experiencia no solo fortaleció el desarrollo profesional, sino que también generó un profundo crecimiento personal. “Sin duda regresa una persona diferente de la que llegó hace cuatro meses”, fue una de las frases que resumió el espíritu del programa.

Entre agosto y diciembre, el CIPCC permitió a los comunicadores vivir momentos históricos de China en primera persona, como el desfile conmemorativo por los 80 años de la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa en la Plaza Tiananmen. También incluyó la visita a las ferias comerciales más importantes del país, como la Exposición Internacional de Importaciones de Shanghái y la Feria Internacional de Comercio de Servicios (CIFTIS), realizada en Beijing, además de un acercamiento a aspectos de la vida cotidiana y al fuerte sentido de pertenencia con el que la población cuida su cultura local.

Durante el programa, los participantes recorrieron diversas regiones del país y mantuvieron encuentros con autoridades, académicos y especialistas a través de conversatorios y foros, además de conocer proyectos vinculados al desarrollo, la innovación y la preservación cultural. La experiencia permitió un acercamiento directo al modelo chino y fomentó el intercambio de miradas entre China y los medios internacionales.

El cierre del CIPCC marca así el final de una etapa de formación y cooperación periodística, y refuerza el valor del diálogo intercultural como herramienta clave para una cobertura informativa más amplia, equilibrada y contextualizada sobre China.

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