El nuevo sistema de distribución de ayuda en Gaza, implementado por el gobierno israelí a partir de mayo, ha provocado un aumento dramático de la violencia y las víctimas entre la población civil. Según el Ministerio de Salud de Gaza, casi 1.100 palestinos han muerto por disparos cuando intentaban acceder a la distribución de alimentos, en su mayoría abatidos por soldados israelíes.
Los incidentes ocurrieron en puntos de reparto fuertemente vigilados por el ejército. Desde el lado israelí, oficiales militares aseguraron al New York Times que, en algunos casos, dispararon al aire para disuadir a multitudes hambrientas que consideraban una amenaza para sus tropas. Sin embargo, el resultado ha sido mortal y masivo.
Desplazamiento de la ONU y control privado
Durante la mayor parte del conflicto, la ONU fue la principal fuente de ayuda humanitaria que ingresó a Gaza, operando con su propia red logística y distribución. Según oficiales militares israelíes, esta estructura era menos vulnerable al control de Hamás, a diferencia de otras organizaciones más pequeñas.
A pesar de acusaciones públicas, tanto funcionarios israelíes como un informe interno del gobierno de Estados Unidos (divulgado por Reuters) concluyeron que no existe evidencia de que Hamás robara sistemáticamente ayuda de la ONU. El propio ejército israelí no desmintió esa conclusión en sus declaraciones.
Pese a ello, a fines de mayo, el gobierno israelí sustituyó a la ONU como principal operador de ayuda por la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por su sigla en inglés), una empresa privada estadounidense dirigida por un exagente de la CIA. Este cambio redujo drásticamente los centros de distribución disponibles, pasando de cientos bajo gestión de la ONU a solo unos pocos bajo la GHF.
Caos en la distribución y advertencias ignoradas
Tras el cambio de sistema, las escenas de violencia y desesperación se volvieron cotidianas cerca de los puntos de ayuda. Las multitudes caminan kilómetros para alcanzar los escasos centros, donde deben esperar horas bajo riesgo de ser atacadas o morir en avalanchas.
Oficiales del ejército israelí revelaron al New York Times que advirtieron al asesor militar de Netanyahu sobre los riesgos de otorgar a la GHF el control exclusivo de la ayuda. Incluso propusieron ampliar el papel de la ONU, especialmente en la distribución de medicinas, pero el gobierno desestimó inicialmente el plan. Solo tras la advertencia militar de una hambruna inminente, en mayo, se permitió a Naciones Unidas y otras ONG retomar parte de la distribución.
Relaciones tensas con la ONU
A lo largo del conflicto, las relaciones entre Israel y la ONU se han deteriorado profundamente. Israel acusa a la organización de parcialidad y de haber sido infiltrada por Hamás, e incluso de tener personal vinculado al ataque del 7 de octubre de 2023. También criticó a la ONU por no recoger camiones con ayuda, mientras la ONU respondió que Israel no ha garantizado rutas seguras para el transporte.
La semana pasada, Israel se negó a renovar el visado de Jonathan Whittall, alto funcionario humanitario de la ONU, alegando que “difundió mentiras sobre Israel”.
Georgios Petropoulos, excoordinador de ayuda de la ONU en Gaza, lamentó que el gobierno israelí no haya valorado antes la eficacia del sistema de Naciones Unidas. “Si se hubiera tomado en serio a la ONU hace meses, no habríamos perdido todo este tiempo y los gazatíes no estarían muriéndose de hambre y recibiendo disparos intentando alimentar a sus familias”, expresó.


El sistema de ayuda mata más gente que las acciones militares… ¿Quién lo diseñó, Netanyahu?
El sistema de ayuda GHF mata más gente porque justamente, ha sido diseñado para eso.