Quintana comparte cómo sus experiencias profesionales y militantes la llevaron a comprometerse con la participación de las mujeres en espacios de decisión y con la construcción de políticas públicas con perspectiva de género y reflexiona sobre los desafíos históricos y actuales que enfrentan las mujeres en la política, los logros alcanzados en materia de paridad y violencia política, y la importancia de fortalecer la organización colectiva y la educación ciudadana para que más mujeres ocupen espacios de liderazgo y transformen la vida cotidiana de las uruguayas.
Para contextualizar tu mirada, queremos conocer tu recorrido en políticas de género y participación ciudadana.
¿Podrías contarnos sobre tu trayectoria profesional y cómo tu formación te ha llevado a involucrarte en la Comisión de Género del Frente Amplio? ¿Cuáles han sido los lugares que has ocupado en lo largo de tu trayectoria?
Soy Psicóloga Social y desde muy temprano me interesó el lugar de las mujeres en la política. Mi tesis abordó ese tema desde una mirada psicosocial, trabajando con mujeres que habían cumplido toda su vida los roles tradicionales asignados. Fue un punto de partida que me marcó mucho.
Fui Diputada actuante por Canelones y por Montevideo, en representación del Partido Socialista. Cuando ingresé al partido, una compañera, María Elena Laurnaga, dijo una frase que me acompañó siempre: “Si te ofrecen una oportunidad, decí que sí; para decir no, siempre hay tiempo.” Y así comenzó mi recorrido.
En 2005, cuando el Frente Amplio gana las elecciones y en su discurso Tabaré menciona la emergencia carcelaria, me pregunté qué ocurría con las mujeres privadas de libertad. Empecé a recorrer centros penitenciarios y ese trabajo derivó en un informe nacional construido con apoyos en distintos departamentos. A partir de esa investigación, el diario La República publicó una nota que ayudó a visibilizar la situación. Luego vinieron instancias de formación en derechos humanos, con becas en el Instituto Interamericano y en American University, en Washington. Fueron experiencias que reafirmaron mi convicción de que la política tiene que estar siempre conectada con las realidades humanas concretas.
El Partido Socialista y el Frente Amplio son mi vida. Con sus debilidades y fortalezas se construye en conjunto pensando siempre en la justicia social. Tal vez por mi formación cuando se ha pensado alguna responsabilidad se me adjudica la Comisión de Género. Y lo hago con compromiso siendo consciente que el Patriarcado atraviesa todas las clases sociales, los partidos políticos, y las viejas generaciones. Pero como algo positivo, las mujeres a lo largo de la historia y hasta hoy, han fisurado al mismo y siguen luchando.
Las mujeres enfrentan desafíos específicos en la política partidaria. Desde tu experiencia: ¿Cómo se vive ser mujer dentro del Frente Amplio y en los espacios de decisión política?
Como ya mencioné, el patriarcado sigue presente en la política, como en muchos otros ámbitos, aunque también es cierto que estamos atravesando cambios graduales y sostenidos. Dentro del Frente Amplio —y en la militancia en general— las mujeres hemos desarrollado una capacidad muy afinada para identificar situaciones de discriminación o de violencia simbólica o encubierta. Frente a eso, la respuesta ha sido construir espacios desde la lucha, pero también desde el respeto.
Desde mi experiencia, ser mujer en los espacios de decisión política implica sostener la propia voz sin necesidad de masculinizarse. Se puede ser firme sin perder identidad. La clave está en la solidez de los argumentos, la presencia, la preparación y la estrategia.
Creo mucho en actuar con inteligencia política: observar, analizar, pensar, sentir y decir lo que debe decirse en el momento adecuado. No se trata de chocar con la pared, sino de abrir caminos. Esa combinación de convicción y estrategia ha sido, para mí, una regla fundamental, que he roto infinidad de veces.
¿Qué mujeres referentes, tanto dentro como fuera del Frente Amplio, han marcado tu trayectoria y qué aprendizajes rescatarías de ellas para fortalecer la participación femenina en política?
Una referente que marcó profundamente mi mirada fue Olympe de Gouges, de quien aprendí durante un curso en España y siempre recomiendo leer. Fue una pionera en la defensa de los derechos de las mujeres durante la Revolución Francesa —autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana— y fue ejecutada por sostener esas ideas. Su historia muestra que reclamar derechos siendo mujer muchas veces implica poner el cuerpo y asumir costos personales. Sigue siendo absolutamente vigente.
Dentro del Frente Amplio he tenido muchas mujeres referentes. Prefiero no nombrarlas individualmente para no correr el riesgo de dejar a alguna afuera. De ellas aprendí, en mis primeros años, tanto qué hacer como qué no hacer en política: cómo abrir camino a otras, cómo sostener redes y cómo trabajar pensando en las nuevas generaciones. Ese aprendizaje colectivo ha sido fundamental para fortalecer la participación femenina.
La Comisión de Género ha trabajado en educación para la ciudadanía y transversalización de políticas de género. ¿Cuáles consideras que han sido los principales logros alcanzados hasta ahora y como impactan estos en la vida de las mujeres y en la estructura del Frente Amplio?
Los logros han sido muchos, aunque todavía existen desafíos pendientes. La paridad en las listas electorales es resultado de una lucha sostenida de las mujeres en la política y representa un avance estructural muy importante. También lo son la despenalización del aborto, el reconocimiento del feminicidio en la legislación sobre violencia de género, los avances en la Ley de Salud y la implementación de planes de igualdad.
Dentro del Frente Amplio, la incorporación de la paridad y la aprobación del Protocolo de Violencia Política son pasos relevantes para mejorar las condiciones de participación y protección de las mujeres en la vida interna de la fuerza política. Falta camino por recorrer, sin duda, pero el avance es real y sostenido.
Hoy somos muchas las mujeres que levantamos la voz y formamos parte de la estructura política, defendiendo nuestros espacios y generando cambios desde dentro. La política es disputa, es proceso, y cada día se construye.
Pero también creo fundamental señalar que los derechos humanos de las mujeres no se agotan en ocupar cargos de gobierno. Se juegan, sobre todo, en la vida cotidiana: en quienes enfrentan la vulnerabilidad, el abandono, la sobrecarga de cuidados, la crianza en soledad y las múltiples formas de violencia —física, verbal, psicológica y patrimonial—.
Es imprescindible reconocer a las mujeres que sostienen redes comunitarias, que están al frente de ollas populares y que son referentes barriales muchas veces invisibilizadas en los grandes relatos. Con ellas —y desde ellas— es que debe construirse cualquier política de igualdad real.
¿En qué áreas específicas estás enfocando tu labor para fortalecer la participación de las mujeres y la inclusión de la perspectiva de género en las decisiones partidarias y municipales?
Cuando hablamos de desarrollo social, lo primero es pensar en las condiciones para una vida digna y en la generación de oportunidades reales. Más que hablar de “empoderamiento” —porque las mujeres ya tenemos poder—, prefiero hablar de políticas y acciones que fortalezcan la autonomía y la capacidad de elegir nuestro propio camino.
En ese sentido, la educación ciudadana es central: conocer los derechos es condición para poder exigirlos y ejercerlos plenamente. Sin embargo, no alcanza solo con instancias formativas o talleres. La participación se construye también en la práctica colectiva: organizándonos, acompañándonos y ocupando espacios de decisión vinculados a los proyectos que impulsamos.
Trabajo para que la perspectiva de género esté presente de forma transversal en las políticas municipales y en la vida partidaria, no como un agregado, sino como un criterio de análisis y decisión. La participación de las mujeres se da en múltiples ámbitos: en los partidos políticos, en el territorio, en lo social, en el movimiento estudiantil y en los feminismos. Pero también implica construir sororidad —un concepto potente que todavía estamos aprendiendo a practicar plenamente.
Somos parte de una sociedad patriarcal y muchas veces reproducimos patrones culturales sin advertirlo. Por eso la educación —para visibilizar, cuestionar y transformar— sigue siendo una herramienta fundamental de cambio.
El camino hacia la igualdad y la paridad tiene desafíos constantes. ¿Cuáles son los principales desafíos que visualizás para la Comisión en los próximos años y qué estrategias consideran implementar para seguir ampliando la representación femenina en espacios de liderazgo?
El principal desafío es avanzar hacia una participación real y no meramente simbólica de las mujeres en los espacios de decisión. Eso implica fortalecer la organización entre mujeres diversas —con miradas y posiciones distintas— pero con capacidad de construir juntas.
Otro desafío central es animarnos a ejercer liderazgo. Muchas veces el obstáculo no es la falta de capacidad, sino el temor o la autoexigencia excesiva. Por eso hablamos de reconocer y activar ese poder que muchas mujeres todavía tienen subestimado o postergado.
Desde la Comisión de Género de Montevideo estamos planificando una fuerte presencia territorial para convocar a más mujeres y acompañar sus procesos de participación. Recibimos de forma constante la demanda de formación permanente —algo que curiosamente pocas veces escuchamos solicitar a los varones— y entendemos que debemos responder a esa necesidad, no desde la duda sobre nosotras mismas, sino desde el fortalecimiento colectivo.
La estrategia es combinar formación, organización y reconocimiento: valorar a las militantes que sostienen el trabajo cotidiano, en el territorio, con compromiso constante —con sol o bajo la lluvia— y generar condiciones para que más mujeres se vean a sí mismas como lideresas posibles dentro de la fuerza política.
Ampliar la representación femenina no es solo una meta numérica: es mejorar la calidad de la democracia interna y de las decisiones públicas.
Para finalizar: ¿Cuál es el mensaje que le brindas a aquellas mujeres que están iniciando su carrera política o aún no se animan a hacerlo?
Me gustaría dejar dos mensajes. El primero es para quienes ya tenemos trayectoria. No debemos olvidar que nuestra generación luchó día a día para abrir espacios y escribir parte de esta historia de participación política de las mujeres. Nuestro compromiso ahora es generar oportunidades reales para las nuevas generaciones: no solo formarlas, sino darles lugares concretos de desempeño. No como prueba, sino como aprendizaje. Ellas tomarán la bandera hacia el futuro, pero hoy nos toca compartir el mástil.
El segundo mensaje es para quienes están empezando —o aún no se animan— a dar el paso. Van a comenzar con curiosidad y con muchas ideas, y los espacios se ganan con presencia sostenida. Es importante apoyarse en otras mujeres y también en compañeros aliados, con una mirada serena y analítica.
Habrá frustraciones y procesos que no salgan como se espera, pero no hay que abandonar. Los espacios no se dejan: se ocupan. Cada paso que den continúa un camino que muchas mujeres recorrieron antes, y sobre esas bases se sigue construyendo, codo a codo
Sigo convencida de que la política con perspectiva de género no es un capítulo aparte: es una forma de construir democracia con más justicia, más territorio y más humanidad.

